Les Cols y otros lugares extraterrestresÉrase una vez una tal Alicia que persiguió un conejo en sueños, se coló en una madriguera, apareció en un paisaje volcánico entre hayas, montó un hotel de cristal y le llamó Les Cols.
Un lugar pura Potagia, más allá de la Magia.
Si entras te transformas en reflejos o en agua.
Te sumas y te multiplicas.
O te divides si caes en ángulos muertos.
Eres dos, cuatro, ocho, cero, un brazo, una pierna, una mitad.
Eres lo que no eres, bilingüe, catalana, suegra.
Estás donde no estás, en el techo, en un quirófano, en Montevideo.
En una poza con piedras, en un bosque con cama.
En un lugar donde meter el cuerpo.
Y le da a uno por pensar.
Pensar en planes potagia para estar juntos.
Que el planeta vuele por los aires.
Coincidir en la nave de evacuación que nos llevará a una estación espacial.
La misma estación espacial.
Que suerte.
Siempre supe que tendría suerte si no la gastaba en aparcar a la primera.
Lo de la destrucción del planeta es una pena, a que negarlo.
Aunque como todo, tiene sus ventajas.
No más jaulas, ni crisis, ni trabajo inútil.
- No nos sirve para nada, es contradictorio -nos dicen tras haber estado terminándolo por la noches.
- Puedo hacerme un sombrero, un avioncito, un barco –digo por aprovechar, ya que nos robó el tiempo que era nuestro y que no vuelve.
- Para nada -me dicen- que no te enteras.
Y pienso en Contreras, en literas y en donde demonios estará el barrio de Manoteras.
En la poza. En atravesar las piedras y sumergirme.
En el agua, en el cristal, en el árbol, en el cielo, en las estrellas.
En dejar de ser.
En no ser, ni seria, ni sola, ni vieja, ni jefa.
En jugar, lo mejor para no crecer.
Hacer el pino, la sirena, el tiburón.
En cantar, que la poza suena bien.
Ser Auseron, Gabinete, Raphael.
Y en contar.
Contar historias que suceden más allá de la atmósfera terrestre.
Así ensayamos para cuando subamos a la nave de evacuación.
Ya tienes listo el equipaje para la nueva vida en el espacio.
Un gorro de cocinero, un bisturí, la Nespresso y paquetitos con decenas de cápsulas.
Me pregunto si son paquetitos con cápsulas azules, las que me gustan.
- Son las azules, las que te gustan –me susurras al oido.
Y yo también tengo listo mi equipaje para subir a la nave.
Un puñado de piedras mágicas de la poza, libretas y bolis.
Para escribirte cuentos y dibujarte mujeres de esas que están en tú lista.
En la lista de las mujeres que si te dicen ven lo dejas todo.
Leonor Watling. Una ex otorrinolaringologa.
Pensar en planes potagia para estar juntos.
Que el planeta vuele por los aires.
Coincidir en la nave de evacuación que nos llevará a una estación espacial.
La misma estación espacial.
Que suerte.
Siempre supe que tendría suerte si no la gastaba en aparcar a la primera.
Lo de la destrucción del planeta es una pena, a que negarlo.
Aunque como todo, tiene sus ventajas.
No más jaulas, ni crisis, ni trabajo inútil.
- No nos sirve para nada, es contradictorio -nos dicen tras haber estado terminándolo por la noches.
- Puedo hacerme un sombrero, un avioncito, un barco –digo por aprovechar, ya que nos robó el tiempo que era nuestro y que no vuelve.
- Para nada -me dicen- que no te enteras.
Y pienso en Contreras, en literas y en donde demonios estará el barrio de Manoteras.
En la poza. En atravesar las piedras y sumergirme.
En el agua, en el cristal, en el árbol, en el cielo, en las estrellas.
En dejar de ser.
En no ser, ni seria, ni sola, ni vieja, ni jefa.
En jugar, lo mejor para no crecer.
Hacer el pino, la sirena, el tiburón.
En cantar, que la poza suena bien.
Ser Auseron, Gabinete, Raphael.
Y en contar.
Contar historias que suceden más allá de la atmósfera terrestre.
Así ensayamos para cuando subamos a la nave de evacuación.
Ya tienes listo el equipaje para la nueva vida en el espacio.
Un gorro de cocinero, un bisturí, la Nespresso y paquetitos con decenas de cápsulas.
Me pregunto si son paquetitos con cápsulas azules, las que me gustan.
- Son las azules, las que te gustan –me susurras al oido.
Y yo también tengo listo mi equipaje para subir a la nave.
Un puñado de piedras mágicas de la poza, libretas y bolis.
Para escribirte cuentos y dibujarte mujeres de esas que están en tú lista.
En la lista de las mujeres que si te dicen ven lo dejas todo.
Leonor Watling. Una ex otorrinolaringologa.
Scarlett Johansson. Una vilonchelista noruega.
Soñar estar en una lista.
En tu lista.

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