Y llorar y bailar y beber y que vivan los novios.La Perfecta es adicta a las salidas de emergencia.
Me lo demuestra en el avión.
Se lo confirma laputalaniña.
Pretty working se casa y se le escapan las risas y las lágrimas.
Que es mucha emoción para tan poco cuerpo.
Y ella tan pequeña, tan bella y tan llorona.
Es la boda más sentida que he visto jamás.
Llora la novia, llora el padre, llora la abuela.
¿Que tendrá esta boda que a todo el mundo emociona?
Cantaría Alaska, sino fuera por el pesadilla de Bisbal que no calla.
Llora el hermano, llora la madre y llora la amiga.
Quizá por lo inexplicable de que alguien quiera aguantar a uno,
cuando uno no se aguanta ni a sí mismo.
Llora la prima, llora el padrastro y llora la otra amiga.
Quizá por verles tan felices, tan completos, que parecen Ken y Barbie.
Llora de nuevo el padre, el hijo y el Espíritu Santo.
Y la Perfecta piensa en salidas de emergencia, y yo en un búnker donde esconderme.
Mientras bailamos y bebemos como si nos obligara Satanás.
Encontramos a otra pareja poseída por la danza y el alcohol.
Y rendimos culto la bola Chill Out que flota en el estanque cuando se pone roja.
Roja, roja, roja, roja, roja…
Y que mala es la bebida y que a uno no le quieran bien.
Si uno se acerca al Buda de piedra del Jardín, puede comprobar que también llora.
Al anochecer parece que empieza a llover, pero no, que es el cielo llorando.
Por la boda.
La Perfecta, para descansar de tanto baile y taconazo, se tumba en una cama balinesa con Laputalaniña. Y esta en momento confidencia le pregunta:
¿Cuántos años tienes? ¿Y no estás casada ni tienes novio? ¿Y por qué? ¿Y entonces que haces aquí conmigo?
Y La Perfecta se deslabaza ante el gancho directo por sorpresa.
Piensa que vaya con Laputalaniña y se aturulla.
No confiesa su adicción a las salidas de emergencia.
No confiesa su búsqueda de lo Perfecto que no existe.
Esa noche La Perfecta, desde la cama de al lado, me murmura a cada rato: Laputalaniña.
A mí me entra llorera de pensar en Nochevieja viendo maratón de series.
Y en sueños se me aparece el búnker.
Pero la puerta sólo se abre diósabecuando.
Lo intento. Escribo un millón de combinaciones.
Ábrete Sésamo, ábrete Cadabra Cabra.
La Perfecta insiste: Laputalaniña.
Si uno se acerca al Buda de piedra del Jardín, puede comprobar que también llora.
Al anochecer parece que empieza a llover, pero no, que es el cielo llorando.
Por la boda.
La Perfecta, para descansar de tanto baile y taconazo, se tumba en una cama balinesa con Laputalaniña. Y esta en momento confidencia le pregunta:
¿Cuántos años tienes? ¿Y no estás casada ni tienes novio? ¿Y por qué? ¿Y entonces que haces aquí conmigo?
Y La Perfecta se deslabaza ante el gancho directo por sorpresa.
Piensa que vaya con Laputalaniña y se aturulla.
No confiesa su adicción a las salidas de emergencia.
No confiesa su búsqueda de lo Perfecto que no existe.
Esa noche La Perfecta, desde la cama de al lado, me murmura a cada rato: Laputalaniña.
A mí me entra llorera de pensar en Nochevieja viendo maratón de series.
Y en sueños se me aparece el búnker.
Pero la puerta sólo se abre diósabecuando.
Lo intento. Escribo un millón de combinaciones.
Ábrete Sésamo, ábrete Cadabra Cabra.
La Perfecta insiste: Laputalaniña.
Añade, que lo perfecto si que existe, pero no te das cuenta y lo pierdes.
Y en mis sueños, si pego el oído a la puerta el búnker, oigo canciones turcas.
Si asomo el ojo por la cerradura veo mi deseo inmenso en bata blanca.
Fantaseo con entrar una vez más, sólo una, en el búnker.
Laputalaniña, suelta de nuevo.
Y en mis sueños, si pego el oído a la puerta el búnker, oigo canciones turcas.
Si asomo el ojo por la cerradura veo mi deseo inmenso en bata blanca.
Fantaseo con entrar una vez más, sólo una, en el búnker.
Laputalaniña, suelta de nuevo.
Y recordamos dos frases estelares de la boda.
1."Yo sí que llevo bragas" (Amiga de la novia, tras recibir el ramo).
2."¿Por qué te dije que yo no me casaba?" (Un invitado a su novia).
Y para que no ande triste, y porque mañana es su santo, le hago un baile.
Luego me desmorono en la cama del hotel, que en sueños se convierte en la pequeña banqueta rosa de Ele minúscula, donde me siento a esperar que se abra la puerta del búnker.
Y para que no ande triste, y porque mañana es su santo, le hago un baile.
Luego me desmorono en la cama del hotel, que en sueños se convierte en la pequeña banqueta rosa de Ele minúscula, donde me siento a esperar que se abra la puerta del búnker.
Pero la banqueta es ridícula, pequeña, incómoda y desespero.
Además, esa noche he quedado en sueños con Ele minúscula en bata, rosa, en la muralla China.
Recojo la banqueta, me trago el deseo y me voy.
Que para historias virtuales soñadas, me quedo con las de Ele.
Mañana quedaremos en el zoo de Tokio, disfrazadas de osos panda.
Además, esa noche he quedado en sueños con Ele minúscula en bata, rosa, en la muralla China.
Recojo la banqueta, me trago el deseo y me voy.
Que para historias virtuales soñadas, me quedo con las de Ele.
Mañana quedaremos en el zoo de Tokio, disfrazadas de osos panda.
Ele que está en todo, se pintará la barriga de rojo para que la reconozca.
Yo saltaré para intentar besar a las jirafas.
Dije que me quedaba con Ele, no que dejara de soñar cosas inconvenientes.
Resulta que La Perfecta busca salidas de emergencia y yo puertas que no abren.
Quizá por eso nos entendemos.
Resulta que los novios tras mucho tiempo buscándose se acabaron encontrando.
Y por eso todo el mundo llora.
No es para menos.
Yo saltaré para intentar besar a las jirafas.
Dije que me quedaba con Ele, no que dejara de soñar cosas inconvenientes.
Resulta que La Perfecta busca salidas de emergencia y yo puertas que no abren.
Quizá por eso nos entendemos.
Resulta que los novios tras mucho tiempo buscándose se acabaron encontrando.
Y por eso todo el mundo llora.
No es para menos.

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