Sin trombones ni violinesLos trombones y los violines sin sonar,
esos que anuncian la felicidad.
Un gran ventanal con vistas al océano.
Suena el mar y Dulce Pontes canta fados.
Ele minúscula dibuja.
Soy especialista en hacer ranas con corona y barcos piratas, dice.
Y piensa en amores de dibujos animados, en un rubio príncipe llamado Sky, en un hada pelirroja con suerte y el poder del fuego del dragón.
Y en mitad del océano se ven dos rocas si la marea está baja.
Hay Fonforrón, dice.
Hay Fonforrón, digo.
Y salimos camino de la playa desierta.
A extender nuestras toallas y los amores que no son.
Lo suyos que aun no han llegado.
Los míos que me han abandonado.
Y el tiempo se arrastra despacio.
Entre barcos y rocas, entre olas y algas.
Entre sumas y restas, entre adjetivos y nombres.
En la playa, inmóviles, sin apenas verbos.
Entre gaviotas locas y fanecas que pican pies al atardecer.
Entre puestas de sol insoportables por demasiado bellas.
Ver el sol violeta esconderse tras Monte Louro,
y las luces de Muro reflejarse en un mar rosa y plata.
Y miramos al horizonte esperando al Innombrable de visita.
Y oteamos el horizonte porque Zen habló de ver delfines.
En manadas siempre, excepto uno, que va por libre y le llaman Gaspar, dice.
Por el rey mago, por Llamazares, o por mi bisabuelo que era manco y zapatero.
Nosotras buscamos en el horizonte.
Entre mejillones y percebes que se aferran a las rocas.
Como nosotras nos aferramos a amores que no son, príncipe Sky.
Que no convienen, hombre de la luna.
Solas y libres como Gaspar.
Quizá felices sin saberlo, porque no suenan trombones ni violines.
Cada día en una playa, viviendo días de arena.
Tiempo que se estira como chicle, como cuellos de jirafas,
Que no convienen, hombre de la luna.
Solas y libres como Gaspar.
Quizá felices sin saberlo, porque no suenan trombones ni violines.
Cada día en una playa, viviendo días de arena.
Tiempo que se estira como chicle, como cuellos de jirafas,
como el maldito desamor que no acaba nunca.
Y lanzo el frisby o me lo pongo de sombrero.
Que uno sale de casa y de la rutina y se pierde.
Y como todo veraneante, piensa:
¿Y si nos quedamos a vivir aquí entre tanto azul?
No envejeceríamos nunca, que aquí el tiempo no pasa.
Entre meigas, castros, empanadas y pulpo a la gallega
Y gaitas,
que pese al desamor y las lentitudes,
quizá anuncien la felicidad.
Aunque uno no se de cuenta.
Y lanzo el frisby o me lo pongo de sombrero.
Que uno sale de casa y de la rutina y se pierde.
Y como todo veraneante, piensa:
¿Y si nos quedamos a vivir aquí entre tanto azul?
No envejeceríamos nunca, que aquí el tiempo no pasa.
Entre meigas, castros, empanadas y pulpo a la gallega
Y gaitas,
que pese al desamor y las lentitudes,
quizá anuncien la felicidad.
Aunque uno no se de cuenta.

<< Home