http://es.youtube.com/watch?v=OzrUs08-SWs
En Lisboa llueve con desasosiego porque es la ciudad más triste del mundo.
Así andaba Pessoa. Serán los fados.
En la pared de una habitación de hotel lisboeta cuelga:
- ¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? –le preguntó.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
- Toda la vida –dijo.
Gabriel García Marquez. “El amor en los tiempos del cólera”.
Desde el balcón de esa misma habitación, se ve Saigón.
A saber porqué.
Porque las cosas son así y no se sabe porqué.
Porque la realidad engaña.
Está en otro idioma, sin subtitular.
Y siempre a uno le faltan datos.
Dan las 12, suena la canción del olvido y cae la guillotina.
Como si fuera el malvado asesino Otto Poto con su Machete.
Porque uno se confunde.
Confunde Pol Pot con Otto Poto, Yemen con Camboya,
besos con patos y Bikkembergs con Birkenau.
Porque Lisboa es la ciudad más triste del mundo.
Anda llorando a mares, con lluvia insistente y monzónica.
En sus esquinas, yacen mendigas abrazadas a niñas de seis años.
Y desdentadas yonquis destartaladas piden dinero en los bares.
Y locos solitarios con bigote cantan flamenco y roban tabaco.
¿Dije que Lisboa es la ciudad más triste del mundo?
- No quiero pasar otra Nochevieja viendo series -pedí una madrugada de ginebra, baile y boda.
Y me regalaron un fin de año en Lisboa.
Con juegos y pistas, como quien concursa en el un, dos, tres.
Para que luego creamos que los Reyes Magos no existen.
O el Hada madrina.
O el Diablo.
Que hay que tener cuidado con las plegarias atendidas.
Pregúntale a Santa Teresa.
Y el día año nuevo en Lisboa, que es Saigón, es un día mudo, blanco, cero.
Lógico tras el hongo atómico que siguió a las 12 campanadas.
Y uno se asoma al 2009 y busca el botón de rewind.
Volver al Madrid vacío de agosto con sus días largos.
Sentarse en las escaleras de la ampliación del Prado.
A esperar que alguien que pase por allí, te suba en brazos
En Lisboa llueve con desasosiego porque es la ciudad más triste del mundo.
Así andaba Pessoa. Serán los fados.
En la pared de una habitación de hotel lisboeta cuelga:
- ¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? –le preguntó.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
- Toda la vida –dijo.
Gabriel García Marquez. “El amor en los tiempos del cólera”.
Desde el balcón de esa misma habitación, se ve Saigón.
A saber porqué.
Porque las cosas son así y no se sabe porqué.
Porque la realidad engaña.
Está en otro idioma, sin subtitular.
Y siempre a uno le faltan datos.
Dan las 12, suena la canción del olvido y cae la guillotina.
Como si fuera el malvado asesino Otto Poto con su Machete.
Porque uno se confunde.
Confunde Pol Pot con Otto Poto, Yemen con Camboya,
besos con patos y Bikkembergs con Birkenau.
Porque Lisboa es la ciudad más triste del mundo.
Anda llorando a mares, con lluvia insistente y monzónica.
En sus esquinas, yacen mendigas abrazadas a niñas de seis años.
Y desdentadas yonquis destartaladas piden dinero en los bares.
Y locos solitarios con bigote cantan flamenco y roban tabaco.
¿Dije que Lisboa es la ciudad más triste del mundo?
- No quiero pasar otra Nochevieja viendo series -pedí una madrugada de ginebra, baile y boda.
Y me regalaron un fin de año en Lisboa.
Con juegos y pistas, como quien concursa en el un, dos, tres.
Para que luego creamos que los Reyes Magos no existen.
O el Hada madrina.
O el Diablo.
Que hay que tener cuidado con las plegarias atendidas.
Pregúntale a Santa Teresa.
Y el día año nuevo en Lisboa, que es Saigón, es un día mudo, blanco, cero.
Lógico tras el hongo atómico que siguió a las 12 campanadas.
Y uno se asoma al 2009 y busca el botón de rewind.
Volver al Madrid vacío de agosto con sus días largos.
Sentarse en las escaleras de la ampliación del Prado.
A esperar que alguien que pase por allí, te suba en brazos
y te haga pensar en besos que no son.
Y en que la realidad es del algodón ese que no engaña.
Pero no hay rewind y si nieve y frío siberiano.
Los fados siguen siendo tristes,
Y en que la realidad es del algodón ese que no engaña.
Pero no hay rewind y si nieve y frío siberiano.
Los fados siguen siendo tristes,
y continúan faltando verdades, amor y datos.
Habrá que conformarse con ser una Iguana imbécil bajo la lluvia.
Suerte que tengo paraguas.
Habrá que conformarse con ser una Iguana imbécil bajo la lluvia.
Suerte que tengo paraguas.


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