Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, febrero 27, 2010

La vida d. g. ch (después del gato chino)
http://www.youtube.com/watch?v=MVGgGW1ZalY

Cuídate que un anciano chino te venda un Gremlin.
O un gato de porcelana que mueve el puñito.
Nunca abras la caja y saques al gato.
Es destapar la caja de Pandora.
Es desvalijar la tumba de Tutankamon.
Es dejar escapar los demonios del Arca de Indiana Jones.

Lo liberas de la caja por tontería y desamor.
Y te encuentras buscando otro trabajo y otra vida.
“Gato dinelo, dinelo, dinelo”, te dijo el anciano Chino.
Y recibes dinero en torrente.
Miras al gato con sospecha.
Te asusta echarle la culpa del gato.
Ahora NO puedes deshacerte de él.
Tienes miedo.
Contra el miedo, superstición.
Contra el papel, tijera.
Contra la tijera, piedra.
Y el gato te mira oscilante con su mirada pétrea.
Parece querer decirte:
"Tú y yo vamos a estar juntos toda la vida".
Como esas parejas rotas que no rompen.
Y tú lo ves posible, porque eres supersticioso.

En una tira cómica de Mafalda, Felipe se queja:
“¡Mecacho, qué calor hace!”
“Ez pod el gobierno ¿veddad?”,
opina Guille.
“No Guille, es por el verano”, responde Mafalda.
“El pobre todavía no sabe repartir muy bien las culpas”, le explica Mafalda a Felipe.
Y es que es difícil repartir bien las culpas.
Puede que el gato no sea culpable.
Pero eres demasiado supersticioso para hacer la prueba.

Cada día, al marcharte te despide y al regresar te saluda con su movimiento de bracito.
Cuando lloras dirías que su mirada se torna más dulce.
El domingo le sorprendiste leyendo el dominical.
Suele aparecer en el balcón, no sabes como, contemplando los tejados.
Le gusta el café de Brasil y las canciones de Cat Power.
Y por las noches le lees "El gato con botas" antes de dormir.
La verdad es que dinero no os falta y compañía hace un rato.
Es algo silencioso, eso sí, pero a ti nunca te gustó la cháchara.
Y como las parejas esas rotas que no rompen, y como todos los demás, uno se acaba acostumbrando a todo.
Incluso a vivir en el limbo con un gato de porcelana.
Y es que la vida es como una perra insolente.
Tú sólo lanzas un deseo:
“Que alguien al querer decir efedrina diga mi nombre”.
Y ella te trae un anciano chino que te vende un gato.
Un gato de purpurina dorada que mueve el puñito.