Mujeres, pelos y abismoshttp://www.youtube.com/watch?v=Xsp3_a-PMTw
En el metro, una mujer perfectamente peinada se ha puesto a llorar a gritos.
Ha pasado la hora punta y el vagón va medio lleno.
Viaja sentada. Llora inmóvil. Tres gritos, cuatro.
Nadie dice nada.
Dos de los viajeros se acercan despacio.
Uno le da un Kleneex. Ella lo coge. Se suena.
Otro pregunta algo muy bajito. ¿Un estás bien?
Ella no contesta. Le mira.
Parece querer contestar, pero no saberse la respuesta.
Quizá se le ha muerto alguien, la han abandonado, la han despedido, no quedaba chocolate en la nevera o se le ha roto una uña.
Me clavo una uña en la palma de la mano, aprovechando que no está rota.
Cerca de mí, una mujer inteligente y perfecta espera.
Déjame un tiempo, necesito pensarlo, le dice el hombre que ella considera el hombre de su vida.
Y ella espera.
Trabaja y espera. Se peina y espera. Ríe y espera. Llora y espera. Se desespera y espera.
Ve películas extrañas mientras espera y a veces se lava el pelo.
De momento no deja de esperar.
En una sala de espera, una mujer saca del bolso una agenda cuidada de tapas grises, un boli y apunta escrupulosamente cosas que hacer para no se le olviden.
Pagar el IBI, comprar suavizante y pan Bimbo, poner lavadora.
Dentista. Pediatra. Cumpleaños Marta.
Viernes peluquería. Cortar el pelo y peinar.
La agenda de la que están hechos sus días. Su vida.
De tapas grises.
Una mujer que no sabe de informática se reinstala el disco duro, el sistema operativo, los drivers, el office 2007, el antivirus, el reproductor de vídeo, internet, el navegador y el emule en el portátil.
Antes hubiese esperado.
Hubiera pedido el favor, pagado a alguien que viniera.
Ahora ya no.
Ha decidido que ya no espera.
Todo es más real, más difícil, más justo y funciona.
Al mirarse en el espejo descubre que hoy no se ha peinado.
Otra mujer le pregunta sobre qué debe hacer.
¿Debo esperar o escapar? Cada vez tengo menos ganas de peinarme...
Te puedo reinstalar el disco duro, el sistema operativo, los drivers, el office 2007, el antivirus, el reproductor de vídeo, internet, el navegador y el emule en el portátil, le responde.
La mujer atrapada e indecisa la mira sin comprender.
Así puedes bajarte la serie True Blood y guardarla para verla en Nochevieja, dice la mujer real.
En un pueblo de las montañas del Nepal existe la poliandria. Las mujeres tienen varios maridos. Ellas tampoco parecen muy felices, añade la mujer real sin saber a santo de qué.
En una habitación una mujer tras hacer el amor hace el pino desnuda para que Él no la olvide. Boca abajo, del revés y despeinada.
Después espera.
Ya hace mucho que espera.
Parece querer contestar, pero no saberse la respuesta.
Quizá se le ha muerto alguien, la han abandonado, la han despedido, no quedaba chocolate en la nevera o se le ha roto una uña.
Me clavo una uña en la palma de la mano, aprovechando que no está rota.
Cerca de mí, una mujer inteligente y perfecta espera.
Déjame un tiempo, necesito pensarlo, le dice el hombre que ella considera el hombre de su vida.
Y ella espera.
Trabaja y espera. Se peina y espera. Ríe y espera. Llora y espera. Se desespera y espera.
Ve películas extrañas mientras espera y a veces se lava el pelo.
De momento no deja de esperar.
En una sala de espera, una mujer saca del bolso una agenda cuidada de tapas grises, un boli y apunta escrupulosamente cosas que hacer para no se le olviden.
Pagar el IBI, comprar suavizante y pan Bimbo, poner lavadora.
Dentista. Pediatra. Cumpleaños Marta.
Viernes peluquería. Cortar el pelo y peinar.
La agenda de la que están hechos sus días. Su vida.
De tapas grises.
Una mujer que no sabe de informática se reinstala el disco duro, el sistema operativo, los drivers, el office 2007, el antivirus, el reproductor de vídeo, internet, el navegador y el emule en el portátil.
Antes hubiese esperado.
Hubiera pedido el favor, pagado a alguien que viniera.
Ahora ya no.
Ha decidido que ya no espera.
Todo es más real, más difícil, más justo y funciona.
Al mirarse en el espejo descubre que hoy no se ha peinado.
Otra mujer le pregunta sobre qué debe hacer.
¿Debo esperar o escapar? Cada vez tengo menos ganas de peinarme...
Te puedo reinstalar el disco duro, el sistema operativo, los drivers, el office 2007, el antivirus, el reproductor de vídeo, internet, el navegador y el emule en el portátil, le responde.
La mujer atrapada e indecisa la mira sin comprender.
Así puedes bajarte la serie True Blood y guardarla para verla en Nochevieja, dice la mujer real.
En un pueblo de las montañas del Nepal existe la poliandria. Las mujeres tienen varios maridos. Ellas tampoco parecen muy felices, añade la mujer real sin saber a santo de qué.
En una habitación una mujer tras hacer el amor hace el pino desnuda para que Él no la olvide. Boca abajo, del revés y despeinada.
Después espera.
Ya hace mucho que espera.
Demasiado.
Espera a que Él regrese.
De Hong Kong o de Shangay. Qué más da.
Hace tanto tiempo que espera que se olvida de que Él en realidad nunca estuvo.
De vez en cuando la llama, eso sí, y dice que lo intenta.
Espera a que Él regrese.
De Hong Kong o de Shangay. Qué más da.
Hace tanto tiempo que espera que se olvida de que Él en realidad nunca estuvo.
De vez en cuando la llama, eso sí, y dice que lo intenta.
Quizá podemos vernos esta tarde, la dice.
Ella se lava el pelo y se peina.
Él finalmente avisa y dice que no viene.
Qué bien que avisa, piensa.
Y sigue esperando.
Un día más, una semana más.
Ella se lava el pelo y se peina.
Él finalmente avisa y dice que no viene.
Qué bien que avisa, piensa.
Y sigue esperando.
Un día más, una semana más.
Hasta marzo, hasta verano, cuando llegue el otoño.
Hasta Navidad.
Tengo frío, ya hace frío.
Los estantes de los supermercados andan llenos de Turrón.
La Navidad se acerca.
Y con ella los fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuras.
¿Qué hago? ¿Espero o escapo? Piensa una mujer.
Le resulta difícil decidir porque no logra recordar que demonios era lo que esperaba.
Algo grande, algo gordo, algo inmenso.
Algo que le ayuda a peinarse cada mañana.
Total ya lo dijo no recuerdo quién:
Lo que llamamos realidad no tiene más sustancia que la adquirida en nuestras mentes.
Y cada mañana uno se peina tozudo y terco.
Y se enfrenta a sus fantasmas como puede.
Tengo frío, ya hace frío.
Los estantes de los supermercados andan llenos de Turrón.
La Navidad se acerca.
Y con ella los fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuras.
¿Qué hago? ¿Espero o escapo? Piensa una mujer.
Le resulta difícil decidir porque no logra recordar que demonios era lo que esperaba.
Algo grande, algo gordo, algo inmenso.
Algo que le ayuda a peinarse cada mañana.
Total ya lo dijo no recuerdo quién:
Lo que llamamos realidad no tiene más sustancia que la adquirida en nuestras mentes.
Y cada mañana uno se peina tozudo y terco.
Y se enfrenta a sus fantasmas como puede.

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