Ashes to asheshttp://www.youtube.com/watch?v=HyMm4rJemtI
- Salta.
- ¿Que salte?
Tras la valla un mini acantilado rocoso.
Salto.
Con vértigo y chanclas.
Si hay que saltar se salta.
Hace calor y demasiada luz.
Como en una película quemada y sobre expuesta.
La frente arrugada, los ojos de china.
El mar es de acero inoxidable.
Y el horizonte el filo de un cuchillo.
Mi hermano me da un guante de latex.
Pienso en cirujanos y preservativos.
En la zona prohibida del planeta de los simios.
En rocas, en la luna, el universo y tu ombligo.
En religiones con dioses que son asas para no caer.
En una mujer frustrada que arroja una copa a la Mona Lisa.
En una niña que sobrevive en el bosque agarrada a su perro.
En el telescopio Spitzer captando los restos de un choque de planetas.
En lavadoras rotas, discos duros defectuosos y platos en el fregadero.
En Beirut, en Birmania, en Borneo y en Bulgaria.
En todo.
En nadas.
- Ahora tú. Coge un puñado y lánzalas al mar.
Y cojo un puñado y las lanzo al mar.
A ese horizonte que es el filo de un cuchillo.
Al viento.
Y como en el Gran Lebowsky de los Coen, el viento nos las devuelve.
Un polvo gris, pegajoso y triste.
- Mira que eres torpe, imbécil.
- Idiota.
- Anormal.
Lanzo otro puñado. Más bajo y desviado.
Por un momento el gris ceniza se vuelve plata.
- Estrellitas, hemos visto estrellitas, grita Ele minúscula a lo lejos.
Desde la mitad de expedición que no anda en edad de saltar vallas.
Efecto de la luz del mediodía sobre el mar de acero inoxidable, pienso.
Los días se vuelven lentos, de cine y de comilona.
De siesta y de buceo en bonitas y escondidas playas nudistas.
- Estoy rodeada, hija que vergüenza, dice mi madre.
Desde su tumbona y bajo una sombrilla de paja.
Con un tono de carromato en el oeste a punto de ser atacado por los indios.
Días de familia pequeña y coja.
Y cada noche, Johnny el camaleón nos mira desde su jaula con el punto negro de su ojo frío.
Desde su jaula.
Con impasibilidad divina o de francotirador.
- Yo también tengo jaula, le digo.
- Una jaula que es una fiesta de disfraces. Cada vez con más dobleces y más trampas.
- Y sigo sin saber ponerme la careta...
Al fin acaba el fin de semana largo, gris, pegajoso y triste…
Mañana madrugaré y me peinaré.
Montaré en tren para ir a la jaula.
Y un día más me revelaré dócil y muda.
Avanzaré dentro del tren en sentido contrario al de la marcha.
Con tacones, prisas y desequilibrio.
En sentido contrario.
“Todos nos volvemos locos alguna vez”, dice Anthony Perkins en Psicosis.

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