(Foto portada "Despeinadas" Carmen Jiménez Atienza)
http://www.youtube.com/watch?v=xYso_4BPlJU
Planto un libro de cuentos, no tengo un árbol, escribo un hijo.
Cada día escribo en Ele minúscula, al igual que ella escribe en mí.
Mamá, ¿yo soy tu única hija o tienes más hijos?, ¿de dónde te ha salido esa tripa?, ¿si vienes a buscarme al salir del cole te echan del trabajo?, ¿a papá cuánto le quisiste?, ¿si echo mucha sangre por la nariz me muero?, ¿tú eres famosa, verdad mamá?
Porque escribes y sales en las revistas. Y mira este libro que pone tu nombre.
Y miro el libro que pone mi nombre.
Gema Fernández Esteban, “Despeinadas”.
Que quedó bonito, y va de risa y de pena,
como la vida misma si no disimulas.
Que más quisiera yo que disimular, pero no me sale.
Ni el disimulo, ni la voltereta lateral, ni hablar inglés y que se entienda.
Allá cada uno con lo que nace, con lo que tiene.
Tengo, tengo, tengo.
Una nostalgia de aquí a China,
a la China de los cómics de Guy Delisle,
con los que me acuesto cada noche.
En lugar de hacerlo con nadie.
No tengo, no tengo, no tengo.
No tengo amor.
Ni un millón de euros en el banco.
Ni ningún premio planeta de escritora admirada.
¿A qué preferirías un millón de euros al amor?, me preguntó.
No. Respondí.
¿A que preferirías el premio planeta al amor?, me volvió a preguntar.
No. Insistí.
Quizá por el nobel sí, pensé.
No me creyó.
Porque así son los tipos serios que hacen restas y hacen sumas.
Porque no sabe quién es Ana Karenina.
Porque nunca dejará que lancen cuchillos en torno a su silueta.
Tú te lo pierdes.
Yo me lo pierdo.
A saber quien se lo pierde.
¿Qué has dibujado Julia?, preguntamos a la hija de Princesa.
Un humano, nos responde.
Le ha quedado gracioso el humano.
Con los pelos despeinados y cara de mono loco.
Cara de tomarse muy en serio a sí mismo.
Intimida.
Quizá sea un escritor de renombre.
Un cirujano prostático eminente.
Un alicatador experimentado.
Un nacionalista catalán.
Que graciosos los humanos.
Si nos miras desde fuera damos risa.
De eso creo que van mis cuentos.
De humanos despeinados.
http://www.youtube.com/watch?v=xYso_4BPlJU
Planto un libro de cuentos, no tengo un árbol, escribo un hijo.
Cada día escribo en Ele minúscula, al igual que ella escribe en mí.
Mamá, ¿yo soy tu única hija o tienes más hijos?, ¿de dónde te ha salido esa tripa?, ¿si vienes a buscarme al salir del cole te echan del trabajo?, ¿a papá cuánto le quisiste?, ¿si echo mucha sangre por la nariz me muero?, ¿tú eres famosa, verdad mamá?
Porque escribes y sales en las revistas. Y mira este libro que pone tu nombre.
Y miro el libro que pone mi nombre.
Gema Fernández Esteban, “Despeinadas”.
Que quedó bonito, y va de risa y de pena,
como la vida misma si no disimulas.
Que más quisiera yo que disimular, pero no me sale.
Ni el disimulo, ni la voltereta lateral, ni hablar inglés y que se entienda.
Allá cada uno con lo que nace, con lo que tiene.
Tengo, tengo, tengo.
Una nostalgia de aquí a China,
a la China de los cómics de Guy Delisle,
con los que me acuesto cada noche.
En lugar de hacerlo con nadie.
No tengo, no tengo, no tengo.
No tengo amor.
Ni un millón de euros en el banco.
Ni ningún premio planeta de escritora admirada.
¿A qué preferirías un millón de euros al amor?, me preguntó.
No. Respondí.
¿A que preferirías el premio planeta al amor?, me volvió a preguntar.
No. Insistí.
Quizá por el nobel sí, pensé.
No me creyó.
Porque así son los tipos serios que hacen restas y hacen sumas.
Porque no sabe quién es Ana Karenina.
Porque nunca dejará que lancen cuchillos en torno a su silueta.
Tú te lo pierdes.
Yo me lo pierdo.
A saber quien se lo pierde.
¿Qué has dibujado Julia?, preguntamos a la hija de Princesa.
Un humano, nos responde.
Le ha quedado gracioso el humano.
Con los pelos despeinados y cara de mono loco.
Cara de tomarse muy en serio a sí mismo.
Intimida.
Quizá sea un escritor de renombre.
Un cirujano prostático eminente.
Un alicatador experimentado.
Un nacionalista catalán.
Que graciosos los humanos.
Si nos miras desde fuera damos risa.
De eso creo que van mis cuentos.
De humanos despeinados.


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