Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

domingo, junio 19, 2005

Fiesta, mutantes radioactivos y cuestión de entender.

Fiesta

Carmencarmen me lleva de fiesta en una nave espacial de color plátano soleado llamado Fiat Multipla.
A una casa a la que sólo le falta el elefante en la piscina para ser la del guateque.
En una zona en la que si te pierdes encuentras campos de golf.
Y que le da la razón a Judy Garland en eso de que existe un lugar más allá del arco iris.
En la terraza dan ganas de buscar el cadaver de la bruja del Este, quizá bajo los cojines sobre el suelo de madera, tal vez junto al jazmín transgénico.
Fauna
En la fiesta hay una mujer vestida de negro que es una bonita postal francesa de los anos 30.
No quiero preguntar quién es porque siempre es mejor el ciento volando.
Be Superstar es el ama del lugar.
Más jóven y con más poesía y nubes de cómo la recordaba.
Y es que todo el sol de la noche es para la mujer triste que sonríe.
Hada buena y el Turbulento forman una pareja perfecta aunque no sean verdad.
Tan antagónicos e inversos y tan bellos.
Deberían unirse y tener hadas y demonios.

Mutantes radioactivos
Regreso a mi bonita casa vieja en el más acá del arco iris, dónde no hay sitio para elefantes con piscina, y sí para seres mutantes radioactivos.
Como los peces con tres ojos de los Simpson.
Como Fraga tras sumergirse en Palomares en el 66.
Tienen aspecto de lenteja con patitas nerviosas.
Parecen dise?ados por Hayao Miyakazi para Chihiro.
Al primero le descubrí desayunando en la cocina.
Encontré otros dos hurgando en el cajón de mi ropa interior.
Y al cuarto le ví salir con prisas del cuarto de bano, juraría que con una toalla al hombro.
No se si son amigos a enemigos.
De momento parecen simpáticos.
Aunque fíate tú de las vainas de la invasión de los ultracuerpos.
Esta madrugada al volver de la fiesta, les he encontrado un tanto esquivos, como queriendo manifestar algún reproche.
No se que opinará el foro de la familia de este asunto.

Cuestión de entender
Madrid Blanco.
Carnaval callejero con Carlinhos Brown.
Madrid Negro.
Manifestación contra los derechos de los homosexuales a contraer matrimonio y adoptar.
Por parte del foro espanol de la familia.
A los que les deseo muchos hijos, inteligentes, sanos, guapos y alguno de ellos homosexual para que les ayude a comprender que el ser buen padre no depende del color del pijama de tú compa?ero de cama.
Y puestos a desear, que los itinerarios se confundan, que la voz de los segundos se silencie bajo los tambores de samba, que todos bailen y que al fin entiendan.

Aquí mis cuatro mutantes radioactivos hablando de sus cosas

domingo, junio 05, 2005

Cuentos de princesas.

En el tren.
Aumenta la velocidad.
Agárrate, dice la madre a un nino.
Y el nino se agarra a sí mismo.
La madre ríe, ignorante de la inteligente decisión fijar el centro de gravedad en uno mismo. Reduciendo el espacio para futuras traiciones, desenganos y abandonos.
Ya lo recomendó Humprey Bogart, abrázate tu sola que yo no tengo tiempo.

En la piscina.
Nado.
Tras el tercer largo dejo de nadar y es la piscina la que nada sobre mi cuerpo. Llevándose los pensamientos sólidos y el dolor de espalda.
Solo pensar en azul y en peces.
Me nada la piscina mientras yo voy contando largos fríos y azules, tranquila y en paz.
Porque sé que número corresponde cada minuto.
Porque no necesito querer hacer nada, ni no querer hacer nada.
Sólo dejarme nadar.

En el concierto de Antony y los Johnsons.
Una belleza desconcertante.
Algo de campesina medieval gorda y desdentada que se transforma en ángel tras sacar su voz procedente de algún lugar inexistente dentro de su cuerpo.
Como un don de esos que abundan en los cuentos de princesas.
Aferrada al bolso, como si en lugar de ir a sentarse al piano en su concierto fuera a sentarse en el metro en hora punta, camino de un casting en el que piden Bellas y ella/él es Bestia.
Canciones que ponen los pelos de punta como el visionado de una foto triste.
La foto de la agonía mortal de Candy Darling de su portada.
Tan agarrada a si misma a punto de volcar.

En los diarios de Kemplerer.
Comprender al fin lo incomprensible de esa más de una década de nazismo, de horror que tendía hacia infinito.
Una cuestión más de estupidez humana.
El hombre, ese ser relleno de masa cerebral desintegrada en la que aparecen de pronto trozos sólidos, en el mejor de los casos.
Se burla del limitado repertorio de insultos de la Gestapo.
Cita un juramento que su mujer le cuenta haber escuchado de una mujer judía, que te caigas muerta en la calle de tifus exantemático y que te cubran después de papel de periódico para que los pájaros no picoteen tu cadáver.
Como una maldición de esas que abundan en los cuentos de princesas.

En la jaula.
Todo es más zen.
La estupidez y el sinsentido continúan, pero al menos no hay miedo a ser deportado.
Basta con sujetarse bien a uno mismo cuando amenaza tormenta.

Quise mantener a Ele minúscula alejada de los cuentos de princesas con sus príncipes azules y no pude. Quizá sea mejor así.

Candy Darling cuán bella durmiente, agarrada a sí misma a la espera del último beso, en la portada del cd de Antony y los Johnsons.