Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

jueves, noviembre 26, 2009

Nada para mí
http://www.youtube.com/watch?v=tbPA58xJI24

Él se fue a la China y al regresar la dijo que naranjas.
Naranjas de la China, pensó Ella.
Se compró un gato chino de escayola de esos que mueven el puñito.
Y lo puso en la mesilla.
Cada noche antes de dormir mira el gato.
Como la dice que no con el puñito.

Matt Bellamy canta.
Esto no significa nada para mí.
Porque no eres nada para mí.
Y no significa nada para mí.
Ya que lo echaste a perder.
Porque podrías haber sido el número uno.
Si sólo hubieses encontrado la ocasión.
Y podrías haber gobernado el mundo entero.
Sólo con que hubieras encontrado tiempo.

Ele minúscula se hyperemociona cuando en la película sale una escena de amor.
El chico y la chica van a besarse.
Ele se pone nerviosa, muy nerviosa.
Se revuelve, se atiza un rodillazo en la nariz.
Sangra. No para de sangrar.
¡Páralo, páralo, que me lo pierdo!, grita mientras se desangra.

Y una niña de inglesa de dos años de edad, padece una extraña enfermedad.
Cada vez que se llora se le para el corazón.

Bellamy insiste.
Aún no eres nada para mí.
Y esto no es nada para mí.
No sabes lo que has hecho.

Ele minúscula se sienta a mi lado.
Voy a escribir poemas para producir alegría, dice.
Poemas para producir alegría, escribe.
Pero le salen palabras como oscuridad, aullido, terror y lágrimas.
Borra el título.
Poemas para producir escalofríos, pone.

Y un Belga, mal diagnosticado en coma, pasa 23 años consciente todo el tiempo pero sin poder responder.
“Grité pero no se escuchó nada”.

Y el Bellamy también grita.
Podrías haber sido el número uno.
Podrías haber gobernado el mundo entero.
Y podríamos haberlo pasado muy bien.
Pero tú lo echaste a perder.

Y Ele minúscula estudia los vertebrados.
Le pregunto.
Se pone muy nerviosa.
No escucha, no piensa.
Dispara respuestas al azar:
¡Vivíparos!
Le digo que no.
Vuelve a responder.
¡Ovíparos!
Ahora cuando nos entra el nervio exclamámos:
¡Vivíparos! ¡Ovíparos!

Y tras 487 días atrapada en un ascensor, el ascensor se mueve.
Aún no se si hacia arriba o hacia abajo.

Quién pudiera cruzar los brazos como sólo esas mujeres con abrigos azul marino saben hacerlo.

martes, noviembre 10, 2009

Mujeres, pelos y abismos
http://www.youtube.com/watch?v=Xsp3_a-PMTw

En el metro, una mujer perfectamente peinada se ha puesto a llorar a gritos.
Ha pasado la hora punta y el vagón va medio lleno.
Viaja sentada. Llora inmóvil. Tres gritos, cuatro.
Nadie dice nada.
Dos de los viajeros se acercan despacio.
Uno le da un Kleneex. Ella lo coge. Se suena.
Otro pregunta algo muy bajito. ¿Un estás bien?
Ella no contesta. Le mira.
Parece querer contestar, pero no saberse la respuesta.
Quizá se le ha muerto alguien, la han abandonado, la han despedido, no quedaba chocolate en la nevera o se le ha roto una uña.
Me clavo una uña en la palma de la mano, aprovechando que no está rota.

Cerca de mí, una mujer inteligente y perfecta espera.
Déjame un tiempo, necesito pensarlo, le dice el hombre que ella considera el hombre de su vida.
Y ella espera.
Trabaja y espera. Se peina y espera. Ríe y espera. Llora y espera. Se desespera y espera.
Ve películas extrañas mientras espera y a veces se lava el pelo.
De momento no deja de esperar.

En una sala de espera, una mujer saca del bolso una agenda cuidada de tapas grises, un boli y apunta escrupulosamente cosas que hacer para no se le olviden.
Pagar el IBI, comprar suavizante y pan Bimbo, poner lavadora.
Dentista. Pediatra. Cumpleaños Marta.
Viernes peluquería. Cortar el pelo y peinar
.
La agenda de la que están hechos sus días. Su vida.
De tapas grises.

Una mujer que no sabe de informática se reinstala el disco duro, el sistema operativo, los drivers, el office 2007, el antivirus, el reproductor de vídeo, internet, el navegador y el emule en el portátil.
Antes hubiese esperado.
Hubiera pedido el favor, pagado a alguien que viniera.
Ahora ya no.
Ha decidido que ya no espera.
Todo es más real, más difícil, más justo y funciona.
Al mirarse en el espejo descubre que hoy no se ha peinado.

Otra mujer le pregunta sobre qué debe hacer.
¿Debo esperar o escapar? Cada vez tengo menos ganas de peinarme...

Te puedo reinstalar el disco duro, el sistema operativo, los drivers, el office 2007, el antivirus, el reproductor de vídeo, internet, el navegador y el emule en el portátil
, le responde.

La mujer atrapada e indecisa la mira sin comprender.

Así puedes bajarte la serie True Blood y guardarla para verla en Nochevieja, dice la mujer real.

En un pueblo de las montañas del Nepal existe la poliandria. Las mujeres tienen varios maridos. Ellas tampoco parecen muy felices, añade la mujer real sin saber a santo de qué.

En una habitación una mujer tras hacer el amor hace el pino desnuda para que Él no la olvide. Boca abajo, del revés y despeinada.
Después espera.
Ya hace mucho que espera.
Demasiado.
Espera a que Él regrese.
De Hong Kong o de Shangay. Qué más da.
Hace tanto tiempo que espera que se olvida de que Él en realidad nunca estuvo.
De vez en cuando la llama, eso sí, y dice que lo intenta.
Quizá podemos vernos esta tarde, la dice.
Ella se lava el pelo y se peina.
Él finalmente avisa y dice que no viene.
Qué bien que avisa, piensa.
Y sigue esperando.
Un día más, una semana más.
Hasta marzo, hasta verano, cuando llegue el otoño.
Hasta Navidad.

Tengo frío, ya hace frío.
Los estantes de los supermercados andan llenos de Turrón.
La Navidad se acerca.
Y con ella los fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuras.

¿Qué hago? ¿Espero o escapo? Piensa una mujer.
Le resulta difícil decidir porque no logra recordar que demonios era lo que esperaba.
Algo grande, algo gordo, algo inmenso.
Algo que le ayuda a peinarse cada mañana.
Total ya lo dijo no recuerdo quién:
Lo que llamamos realidad no tiene más sustancia que la adquirida en nuestras mentes.

Y cada mañana uno se peina tozudo y terco.
Y se enfrenta a sus fantasmas como puede.