Atrévete.
Me atrevo a entrar en el videoclub Atrévete.
El dependiente, con aspecto de ex-presidiario bajo libertad condicional, me saluda.
- Cari?o, tienes calor?
De fondo suena Always drunk de Sexy Sadie.
Nunca me gustaron los hombres con gabardina en los parques infantiles ni los desconocidos que me llaman cari?o.
De los nervios, cojo una de las películas de Austin Power y como he sido educada a no tirar nada la veo. La estética tiene su gracia, pero el humor tipo cacaculopedopis hadichoteta jajaja es bastante insoportable.
Nosferatu ya se ha ido del quicio de mi puerta.
Descubro que tengo luz, ventanas, mucho cielo, techos altos llenos de lunas, unas cortinas que suenan clinclinclinclin y otras que cuando hace viento salen a la calle a bailar sobre las copas de los árboles.
Aunque nunca todo es perfecto y mis las plantas atraviesan un mal momento.
Los cactus tienen unas terroríficas ramificaciones tan inquietantes como las vainas de la invasión de los ultracuerpos. Mientras que Yuca y las drácenas han intentado suicidarse al creer que las había abandonado.
Como Romeo al dar a Julieta por muerta.
Yo soy así, mujer de grandes pasiones.
Trato de explicar que ha sido un malentendido.
Pero las cosas nunca vuelven a ser como antes por mucho que se desee.
La hermana del innombrable que es un cuadro de Klimt me revela que Proust acaba encontrando el tiempo perdido, y como septiembre es el mes del regreso voy a volver a intentar empezar a leerlo para descubrirlo.
Un lugar en el mundo lleno del tiempo perdido dónde imitar animales y escribir palabras con rotulador verde es un buen lugar.
Ele minúscula no para de crecer.
Él no para de adorarla como a una peque?a diosa.
Yo a menudo desearía ser otra y sobrevolar el ca?ón del colorado.
Me voy de vacaciones la primera quincena de septiembre.
Al otro lado del mundo, a hacer la ruta 66 en una harley, agarrada al cuerpo de un hombre peligroso tatuado que calza botas de piel de serpiente.
A dormir en moteles de carretera y beber Jack Daniels a morro.
A sentir nostalgia de volver a casa.
Aquí el dependiente de mi videoclub.

Me atrevo a entrar en el videoclub Atrévete.
El dependiente, con aspecto de ex-presidiario bajo libertad condicional, me saluda.
- Cari?o, tienes calor?
De fondo suena Always drunk de Sexy Sadie.
Nunca me gustaron los hombres con gabardina en los parques infantiles ni los desconocidos que me llaman cari?o.
De los nervios, cojo una de las películas de Austin Power y como he sido educada a no tirar nada la veo. La estética tiene su gracia, pero el humor tipo cacaculopedopis hadichoteta jajaja es bastante insoportable.
Nosferatu ya se ha ido del quicio de mi puerta.
Descubro que tengo luz, ventanas, mucho cielo, techos altos llenos de lunas, unas cortinas que suenan clinclinclinclin y otras que cuando hace viento salen a la calle a bailar sobre las copas de los árboles.
Aunque nunca todo es perfecto y mis las plantas atraviesan un mal momento.
Los cactus tienen unas terroríficas ramificaciones tan inquietantes como las vainas de la invasión de los ultracuerpos. Mientras que Yuca y las drácenas han intentado suicidarse al creer que las había abandonado.
Como Romeo al dar a Julieta por muerta.
Yo soy así, mujer de grandes pasiones.
Trato de explicar que ha sido un malentendido.
Pero las cosas nunca vuelven a ser como antes por mucho que se desee.
La hermana del innombrable que es un cuadro de Klimt me revela que Proust acaba encontrando el tiempo perdido, y como septiembre es el mes del regreso voy a volver a intentar empezar a leerlo para descubrirlo.
Un lugar en el mundo lleno del tiempo perdido dónde imitar animales y escribir palabras con rotulador verde es un buen lugar.
Ele minúscula no para de crecer.
Él no para de adorarla como a una peque?a diosa.
Yo a menudo desearía ser otra y sobrevolar el ca?ón del colorado.
Me voy de vacaciones la primera quincena de septiembre.
Al otro lado del mundo, a hacer la ruta 66 en una harley, agarrada al cuerpo de un hombre peligroso tatuado que calza botas de piel de serpiente.
A dormir en moteles de carretera y beber Jack Daniels a morro.
A sentir nostalgia de volver a casa.
Aquí el dependiente de mi videoclub.



