Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

lunes, agosto 30, 2004

Atrévete.
Me atrevo a entrar en el videoclub Atrévete.
El dependiente, con aspecto de ex-presidiario bajo libertad condicional, me saluda.
- Cari?o, tienes calor?
De fondo suena Always drunk de Sexy Sadie.
Nunca me gustaron los hombres con gabardina en los parques infantiles ni los desconocidos que me llaman cari?o.
De los nervios, cojo una de las películas de Austin Power y como he sido educada a no tirar nada la veo. La estética tiene su gracia, pero el humor tipo cacaculopedopis hadichoteta jajaja es bastante insoportable.
Nosferatu ya se ha ido del quicio de mi puerta.
Descubro que tengo luz, ventanas, mucho cielo, techos altos llenos de lunas, unas cortinas que suenan clinclinclinclin y otras que cuando hace viento salen a la calle a bailar sobre las copas de los árboles.
Aunque nunca todo es perfecto y mis las plantas atraviesan un mal momento.
Los cactus tienen unas terroríficas ramificaciones tan inquietantes como las vainas de la invasión de los ultracuerpos. Mientras que Yuca y las drácenas han intentado suicidarse al creer que las había abandonado.
Como Romeo al dar a Julieta por muerta.
Yo soy así, mujer de grandes pasiones.
Trato de explicar que ha sido un malentendido.
Pero las cosas nunca vuelven a ser como antes por mucho que se desee.
La hermana del innombrable que es un cuadro de Klimt me revela que Proust acaba encontrando el tiempo perdido, y como septiembre es el mes del regreso voy a volver a intentar empezar a leerlo para descubrirlo.
Un lugar en el mundo lleno del tiempo perdido dónde imitar animales y escribir palabras con rotulador verde es un buen lugar.
Ele minúscula no para de crecer.
Él no para de adorarla como a una peque?a diosa.
Yo a menudo desearía ser otra y sobrevolar el ca?ón del colorado.
Me voy de vacaciones la primera quincena de septiembre.
Al otro lado del mundo, a hacer la ruta 66 en una harley, agarrada al cuerpo de un hombre peligroso tatuado que calza botas de piel de serpiente.
A dormir en moteles de carretera y beber Jack Daniels a morro.
A sentir nostalgia de volver a casa.

Aquí el dependiente de mi videoclub.

lunes, agosto 16, 2004

La Octava Casa.
El Pa de mis chicas del ático tiene un camión con el que Loquillo sería feliz.
Le pregunto si me lleva de mudanza y allá vamos.
En la cabina. Como Silvestre Stallone, como el diablo sobre ruedas, como Manolito Gafotas.
Me mudo.
Y llega lo más difícil: pagar.
Que no, que sí, que es un favor, que lo cojas, que no , que sí, que te mato, por Dios, zorra, cógelo, no me da la gana, me chupas las lega?as, no vale morder...
Finalmente hago una pelotilla con el dinero y lo lanzo al interior del ascensor mientras se cierra la puerta.
100 Euros.
No se si equivale a pagar con cuarto kilo de aceitunas de Camporreal o si le acabo de donar un órgano vital.
Vergonzoso.
Me parece oír reírse a mi nueva casa. Mi octava casa.
La primera noche es como dormir en la casa de Los Otros.
No me explico como Amenabar se fue a Cantabria a buscarla.
Suenan tuberías, cimientos, voces infantiles muertas en la guerra civil, perros que ladran más allá del malecón...
Y el tráfico de la avenida insistiendo en subir.
Un autobús, un coche, una moto, una ambulancia, un helicóptero, un carro de combate, un F18, dos naves espaciales, un submarino nuclear...
Nadie puede oírme gritar.
Miedo.
Por eso la gente tiene hijos, perros, gatos, peces y cds de bosanova. Para amortiguar los terroríficos sonidos de las primeras noches en las nuevas casas.
Mi primera noche en la octava casa.
Tras coser los bajos de las cortinas con mis propias manos a lo Escarlata O'hara, doy por finalizada mi obsesión por construir la casa.
Me asomo al mundo exterior.
NADA.
Calles vacías iluminadas bajo un resplandor nuclear y un silencio sobrecogedor.
Madrid a 15 de Agosto.
NADA.
Como diría Escarlata, ma?ana será otro día.
En mi nueva casa.
Todo el mundo está invitado.
Si sois valientes, después de medianoche...

Aquí un vecino.

domingo, agosto 01, 2004

Discípulos de Darth Vader: Operarios.
Operario vacilón me vacila.
Soy un junco hueco el aire pasa a través de mí.
Y me vacila.
Soy un junco hueco el aire pasa a través de mí.
Y me vacila.
Soy un junco hueco el aire pasa a través de mí.
Y me sigue vacilando.
Operario vacilón nunca llama.
Tú le llamas. Él te miente.
Tú le esperas. Desesperas.
Y le llamas, de nuevo. Y te miente otra vez.
Sigues esperando. Desesperando.
Soy un junco hueco el aire pasa a través de mí.
Operario vacilón es vizco.
Al fin entiendo la expresión sobre la desgracia de ser mirada por un vizco.
Hoy pierdo los nervios y me meto con su defecto físico.
Hoy pierdo los nervios y le hago veinte llamadas.
Si tiene móvil con melodía polifónica ha podido bailar mucho rato seguido.
Por eso no ha podido responderme.
Porque los vizcos también bailan.
Algunos operarios pertenecen al lado claro de la fuerza, como operarios ventanas y suelo. Les amas. Es lo que tienen las obras, provocan una especie de síndrome de Estocolmo hacia los que no te maltratan.
También tengo operarios de difícil clasificación. Parecen luminosos, pero en cualquier momento pueden ser atrapados por el lado oscuro.
Tengo miedo.
Pa casi muere electrocutado por las fuerzas del mal.
Pintor dice que es imposible sumar dos más dos.
Los interruptores de la luz vienen desde el lejano e intransitable Annapurna, allá dónde el hombre no puede llegar tan fácilmente.
Y les das dinero y rezas para que no se enfaden y les das más dinero y suplicas una vez más y más dinero y te dicen que está difícil y más dinero y chasquean la lengua mientras te preguntan ycuandodicesquequieresmudarte y respondes que amediadosdeagosto y sonríen mientras te dicen puesnovapoderser y nerviosa preguntas queporqueno y contigo en sus manos explican con tonito paternal quesquenestadécadandanmuliaosmuliaos y mientras lloras te preguntas porque demonios no hiciste FP.
Operarios, discípulos de Darth Vader.

Aquí mi carpintero.