Cigüeñas desahuciadas en el ático
Voy de fiesta, moderna, a un ático sin ascensor a Lavapiés.
La invitación, moderna, es una postal pop con Barbie y Kent.
Seguro que la gente, moderna, formará una mezcla imposible. Rara. Quizá vea pasar un unicornio.
Me vestiré, moderna, y llevaré un regalo, moderno, al anfitrión.
No nos entenderemos. Hablamos diferente idioma.
Ensayaré en casa antes de ir. Me moveré por las habitaciones con un vaso en la mano y cara de ser un animal nocturno.
Tal vez fume. ¿Qué se puede hacer en una fiesta? Llevarme el cubo de Rubick no es plan.
Beberé.
Desearé estar en la cama escuchando a Jobim, con Borges, Onetti, Monterroso, El País, y el catálogo de Toysrus. En pijama, y con coloretes de la calefacción en las mejillas. En casa.
Hoy, una grúa ha quitado un gigantesco nido de cigüeña de la torre de una iglesia porque amenazaba derrumbar el tejado. ¿Cómo ha llegado a pesar tanto? Seguro que tenía libros de Borges, Onetti, Monterroso, El País, y el catálogo de Toysrus. Si pudiera encontrarla me la llevaría a la fiesta. Al fin y al cabo, las dos andamos fuera de casa con nostalgia de nido y de cielo.
Dos cigüeñas desahuciadas.
Seguro que nos sentimos bien allá arriba.
En metro por la tierra.
El metro vuelve a ser mundano.
Una pareja de funcionarios ¿de correos? habla con pasión de sacas, candados, sedes, y llaves maestras. Si uno va a veinte sedes tendría que llevar veinte llaves, por eso tienen que ser maestras. Estos candados valen una pasta. Sí una pasta...
Una pareja guapísima y jovencísima de pijos hablan de amor y miembros amputados.
¿Saldrías conmigo si me faltara un dedo? Yo sí, ¿y tú? Yo no ¿Cómo que no? Me daría repelús.
Me quedo con el cruel que se cree sincero y que el mundo es perfecto.
Tengo ganas de llegar a casa. Me espera el nacimiento de los clics de famobil, y para mí, que fui niña de pepón y cocinita, los clics son un estupendo descubrimiento.
