Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, noviembre 29, 2003

Cigüeñas desahuciadas en el ático

Voy de fiesta, moderna, a un ático sin ascensor a Lavapiés.
La invitación, moderna, es una postal pop con Barbie y Kent.
Seguro que la gente, moderna, formará una mezcla imposible. Rara. Quizá vea pasar un unicornio.
Me vestiré, moderna, y llevaré un regalo, moderno, al anfitrión.
No nos entenderemos. Hablamos diferente idioma.
Ensayaré en casa antes de ir. Me moveré por las habitaciones con un vaso en la mano y cara de ser un animal nocturno.
Tal vez fume. ¿Qué se puede hacer en una fiesta? Llevarme el cubo de Rubick no es plan.
Beberé.
Desearé estar en la cama escuchando a Jobim, con Borges, Onetti, Monterroso, El País, y el catálogo de Toysrus. En pijama, y con coloretes de la calefacción en las mejillas. En casa.
Hoy, una grúa ha quitado un gigantesco nido de cigüeña de la torre de una iglesia porque amenazaba derrumbar el tejado. ¿Cómo ha llegado a pesar tanto? Seguro que tenía libros de Borges, Onetti, Monterroso, El País, y el catálogo de Toysrus. Si pudiera encontrarla me la llevaría a la fiesta. Al fin y al cabo, las dos andamos fuera de casa con nostalgia de nido y de cielo.
Dos cigüeñas desahuciadas.
Seguro que nos sentimos bien allá arriba.

En metro por la tierra.
El metro vuelve a ser mundano.
Una pareja de funcionarios ¿de correos? habla con pasión de sacas, candados, sedes, y llaves maestras. Si uno va a veinte sedes tendría que llevar veinte llaves, por eso tienen que ser maestras. Estos candados valen una pasta. Sí una pasta...
Una pareja guapísima y jovencísima de pijos hablan de amor y miembros amputados.
¿Saldrías conmigo si me faltara un dedo? Yo sí, ¿y tú? Yo no ¿Cómo que no? Me daría repelús.
Me quedo con el cruel que se cree sincero y que el mundo es perfecto.
Tengo ganas de llegar a casa. Me espera el nacimiento de los clics de famobil, y para mí, que fui niña de pepón y cocinita, los clics son un estupendo descubrimiento.

sábado, noviembre 22, 2003

En metro por las nubes

El vagón va lleno de gente en otra parte.
Un inmigrante escucha música árabe desde sus cascos con los ojos cerrados.
Un chico joven lee a Oscar Wilde.
Una mujer mira hipnotizada una guía de Turquía. Pergamo. Valle de Ronderes. Camellos con fardos de colores y cielo muy azul. Un puerto con barcos que te llevan lejos. Muy lejos.
Una quinceañera babea con la mirada perdida en su carpeta forrada con fotos de Bisbal.
Y yo de puro cotilla, con el retrato de Dorian Gray en la maleta, viajo de Marruecos a Turquía con Bisbal. Como este chico me pone de los nervios con tanto salto, me pongo a pensar en otra cosa. Recuerdo un testimonio de un oyente, que ha llamado esta mañana a la radio para informar a España que su madre se tiñe con una camiseta suya de Marilyn Manson. Estoy en un cuarto de baño pequeño. Alicatado hasta el techo. De azulejos rosas con cenefas pasadas de moda, y sanitarios color café con leche. Una mujer mayor, cansada, y con camiseta de Marilyn Manson, se tiñe. La ayudo a darse el tinte por detrás, por donde no se ve. Hablamos sobre lo fea que le parece la camiseta, que se la pone por aprovechar las cosas, y para que no se la ponga su hijo, que luego va hecho un entusiasmo. Y que ójala no se acabe el butano mientras se esté duchando. La digo que no se preocupe, que yo le cambio la bombona. Es entrañable.
Así están las cosas en el vagón cuando entran dos viajeros que pretenden leer El País.
Se sienten extraños, como si se hubieran confundido de lugar.
Uno de ellos se adapta. Ha metido la cabeza en la guía de Turquía. Se asoma al templo de Apolo en Didima.
El otro intenta seguir en la tierra y leer El País. No lo logra, y escapa a otro vagón en la siguiente parada. Así es la vida, te adaptas o te vas.
Porque hoy este vagón anda en las nubes.

viernes, noviembre 14, 2003

De la mano de Dios

Tengo un bolso mágico.
Me lo han traído las hadas de Río de Janeiro.
Tiene tres círculos con fotos del Cristo del Corcovado. A contraluz, frente a la puesta de sol.
Es un bolso de asa, de modo que literalmente ando paseando con Dios de la mano.
El bolso llevaba un panfleto publicitario en brasileño.
Atençao. Trábalhos com forzas espirituais de todos os orixás. Se vocé e uma pessoa descrente, sofrida, nada tem dado certo, sem saber o motivo? Busque a soluçao. Separaçao. Saúde. Queda na lavoura. Vicios. Amor mal correspondido. Afaste quem te perturba. Desmancha: Bruxairas, fetiçairas, vudus, macumbas,...
¿Es mágico o no es mágico el bolso?

Es raro.
El anuncio de Coca cola me provoca un efecto extraño. No me había pasado nunca antes.
"Está despedido.
Veo una vida nueeeeva, y TÚ no estás en ella. Una viiiiiidddaaaaa NUEVAAAAAAAAA."

Se me ha pegado la canción pero CON coreografía. No sólo me apetece cantar a gritos. También siento la necesidad de bailar.
Tener que reprimir las ganas de bailar y cantar mientras trabajo, en el metro, en el supermercado...
En casa no me reprimo. Tras tanto ensayo, pienso que no me sale nada mal, pero a Ele no le gusta. Tal vez se toma la letra como una cuestión personal.
Resulta divertido.
Es raro.
¿Será efecto del bolso?

Para borrar el disgusto de mis escenografías sobre Ele, monto la tienda de campaña en el salón. Nos metemos dentro y jugamos a que andamos viajando por el mundo, a veces, incluso por la galaxia. Ele minúscula, Coco, Vera, Triqui, un par de almohadas, una manta, un paquete de galletas, un matasuegras, la cantimplora, unas gafas de bucear, una linterna, la escobilla del baño, y yo.
Lo de la escobilla es cosa suya, lo de seguir cantando y bailando el spot de Coca cola es cosa mía.
Así es la convivencia.

viernes, noviembre 07, 2003

Lugares a los que no quieres ir.

Un funeral.
El Pa de hada buena se fué.
En estos casos me gustaría poder resucitar muertos, o hacerle cosquillas en los pies hasta que olvide que su Pa se fué. En lugar de eso, me pongo en una cola absurda y estúpida para realizar el ceremonial del pésame. Alguien diría en una cola de amebas.
Al fin llego, y mientras la achucho - zarandeo - beso farfullo bajito avergonzada: aaaaañoeeeeemiento.
Ni siquiera puedo rozarla el calcetín.
El hada está guapa. Acaba de regresar de Brasil, pero no es momento para hablar de samba, ni pedirla que escenifique el anuncio del Guaraná.
Hada mala, y hombre Zen también están ahí, por si hace falta. Nadie sabe faltaparaqué, pero ahí estamos.
Saludo al novio del hada. Han pasado 10 años. Me impacta recordar a un chico y que me salude un hombre.
Tiene una familia muy bonita.
Un padre con la vejez digna de Sean Connery o Norman Foster. Una madre de exóticos rasgos orientales. Una hermana sofisticada y atractiva, de aspecto parisino.
Me parecen tan perfectos, que me gustaría que existieran en muñecos pequeñitos para regalárselos a Ele por Navidad dentro de una casa de muñecas.

Cuando llegué a casa Ele minúscula ya dormía. Tampoco pude hacerle cosquillas.