Pulpo como animal de compañíahttp://www.youtube.com/watch?v=r61it17yzmE
Ocho brazos y tres corazones.
Tan cefalópodos, tan tentaculares y tan listos.
Que abren la tapa, te sacan del frasco y te hacen la cena.
Con precisión de cirujano.
Cortan y recortan, el hojaldre, la manzana, las vísceras.
El corazón, tu corazón y vas y mueres.
Y el pulpo con pico y pala va y te entierra.
Era de esperar.
Por aceptar pulpo como animal de compañía.
Es que es tan dulce y tan rosado cuando abraza,
que uno se olvida que lo suyo es pasearse por el mundo abriendo frascos.
Frascos que encierran violonchelistas, aviones, espadas laser, rubias de silicona, magos, ex novias, congresos, recetas de cocina, enfermeras, turcos con bigote, noruegas, nadadoras, hijas, escritoras, madres, publicistas, piscinas y pilates.
Exportadoras de objetos de la India.
De la india, un cabecero con escenas del Kamasutra.
De la india, un cuadro con dos amantes hindús.
Que si lo miras hace daño.
Tíralo a un contenedor, recomienda el Innombrable.
De la india Slumdog millionaire.
Ficción que todo lo cura.
Para bailar y cantar y gritarle a la pantalla.
¡Corre, Salim, corre!
Para olvidar que los pulpos tienen agendas repletas.
Que con el trajín de los frascos y sus prioridades.
Conceden unas horas de miércoles al mes, si andas con suerte.
Miércoles que si los tocas se transforman en domingos.
De tan esperados, tan estrechitos y tan breves.
Pero los pulpos siempre avisan.
Y quien avisa no es traidor.
Tan de verdad y tan buen negociante el pulpo.
Es lo que hay, como las lentejas.
Si quieres las tomas y si no las dejas.
Y no quieres tomarlas porque sabes que unas lentejas jamás te llevarán a Roma en primavera,
ni a Lisboa en Nochevieja.
Ni te buscaran en Saigón a mediodía.
Ni te felicitaran por tu cumpleaños.
Ni siquiera te llamarán para decir, holaquetal.
Y hoy otra vez domingo maldito,
lleno de esa angustia anticipada por el lunes de legaña y jaula.
Y esta semana ha sido dura, con dos domingos.
Menos mal que mañana quizá pueda comer fuera.
De primero, lentejas.
De segundo, pulpo.
Ni te buscaran en Saigón a mediodía.
Ni te felicitaran por tu cumpleaños.
Ni siquiera te llamarán para decir, holaquetal.
Y hoy otra vez domingo maldito,
lleno de esa angustia anticipada por el lunes de legaña y jaula.
Y esta semana ha sido dura, con dos domingos.
Menos mal que mañana quizá pueda comer fuera.
De primero, lentejas.
De segundo, pulpo.
Y en mi trastero, dos amantes hindús.

