Noches en el limboEl limbo existe y se llama hospital.
Un mundo paralelo en modo pausa.
Donde no dejas de pensar ni un minuto en la terrible fragilidad humana y en la estupidez con la andamos perdiendo el tiempo ahí fuera, como si fuesemos a vivir siempre.
Donde hombres que creíste indomables se transforman en desmadejados peleles de paja pintados por Goya.
Donde mujeres de blanco arrastran carros metálicos que hacen un ruido del infierno.
Un mundo paralelo en modo pausa.
Donde no dejas de pensar ni un minuto en la terrible fragilidad humana y en la estupidez con la andamos perdiendo el tiempo ahí fuera, como si fuesemos a vivir siempre.
Donde hombres que creíste indomables se transforman en desmadejados peleles de paja pintados por Goya.
Donde mujeres de blanco arrastran carros metálicos que hacen un ruido del infierno.
Enfermeras llenas de palabras dulces que hablan blandito a los enfermos, como si además del cuerpo roto se les hubiera roto el cerebro.
Y los enfermos las aman para que les den agua, calmantes y toallas.
Donde por la mañana los pasillos se llenan de zombis en pijama que pasean perchas metálicas con ruedas como abetos navideños.
Y los enfermos las aman para que les den agua, calmantes y toallas.
Donde por la mañana los pasillos se llenan de zombis en pijama que pasean perchas metálicas con ruedas como abetos navideños.
Árboles de los que cuelgan bolsas de orines, de sangre, de excrementos, en lugar de bolas, estrellas y luces de colores.
Donde la noche es una silla incómoda larga y cruda con vistas a mi padre que yace deslabazado en una camita con rejas.
Donde la noche es una silla incómoda larga y cruda con vistas a mi padre que yace deslabazado en una camita con rejas.
Porque antes se creyó spiderman y saltó, conectado a cables como telarañas, gritando a mí que me incineren.
Y en la cama de al lado, un gay insomne y valiente, tremendamente vivo por fuera aunque ya muerto por dentro, llena las horas de la madrugada contándome historias de Chueca.
De su patio con plantas y su negro dulce.
De lo borde que es la cajera del Día.
Y en la cama de al lado, un gay insomne y valiente, tremendamente vivo por fuera aunque ya muerto por dentro, llena las horas de la madrugada contándome historias de Chueca.
De su patio con plantas y su negro dulce.
De lo borde que es la cajera del Día.
De su pasado con hijas, mujer y cena familiar en la que rompió con la farsa.
De su hermano malo que le dijo vete y no te acerques a mis hijos.
De su hermano bueno que replico que el otro no era quien para echar a nadie y que se fuera él si quería.
De sus hermanas boquiabiertas.
De su hermano malo que le dijo vete y no te acerques a mis hijos.
De su hermano bueno que replico que el otro no era quien para echar a nadie y que se fuera él si quería.
De sus hermanas boquiabiertas.
Y la madre que acepta lo inaceptable porque al fin y al cabo tan sólo desea hijos felices.
Cuenta historias de su vecina la Eulalia que tiene noventa y tres años, catorce hijos y tres pelos que se tiñe de negro con coquetería.
Cuenta historias de su vecina la Eulalia que tiene noventa y tres años, catorce hijos y tres pelos que se tiñe de negro con coquetería.
Y no veas tú que bien está.
La Eulalia, con la que comparte patio y se cuela en su casa para enseñarles la ropa loca y los zapatos raros que se compra en el rastro.
Un picardías rojo nos trae el otro día, el negro y yo no podíamos parar de reír.
Que cuando sale a tirar la basura llama guapetón al de club de enfrente, para que la deje entrar en el garito algún día, dice.
Eulalia, ¿para que quieres tú entrar en el garito si sólo hay gays y lesbianas?
¿Y no paso yo por lesbiana?
Que hace lo que quiere y rosquillas de anís que regala a los vecinos porque se aburre.
- Maricón cómetelas, que te estás quedando en los huesos –también dice.
Y las historias de la Eulalia, tan viva, nos saca del limbo un momento.
Y el fresco de la noche, la plaza de Cristo Rey iluminada y las risas de los trasnochadores se cuelan por el ventanal resucitándonos.
Y le mando un mensaje a un príncipe para gritarle que deje de cabalgar en zigzag.
- No puedo evitarlo – contesta.
Y vuelvo a mirar el deslabazado cuerpo de mi padre en la camita, y con la claridad de la nocturnidad y lo que no depende de uno, pienso que estúpidez anteponer las cosas que no importan.
- Maricón cómetelas, que te estás quedando en los huesos –también dice.
Y las historias de la Eulalia, tan viva, nos saca del limbo un momento.
Y el fresco de la noche, la plaza de Cristo Rey iluminada y las risas de los trasnochadores se cuelan por el ventanal resucitándonos.
Y le mando un mensaje a un príncipe para gritarle que deje de cabalgar en zigzag.
- No puedo evitarlo – contesta.
Y vuelvo a mirar el deslabazado cuerpo de mi padre en la camita, y con la claridad de la nocturnidad y lo que no depende de uno, pienso que estúpidez anteponer las cosas que no importan.
Que suerte saber que están ahí las hadas.
Que bien tener un príncipe que abrace.
A continuación pongo una postura churrigueresca e imposible, con los pies en alto para tratar de no mojarme en esa tristeza infinita que inunda la habitación, y me tapo con una sábana muy blanca y muy fría.
Y, por supuesto, no me duermo.
A continuación pongo una postura churrigueresca e imposible, con los pies en alto para tratar de no mojarme en esa tristeza infinita que inunda la habitación, y me tapo con una sábana muy blanca y muy fría.
Y, por supuesto, no me duermo.


