Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

miércoles, junio 23, 2004

Nódulos lunares llamando a Tierra

Un nódulo en este y otro más peque?o en el otro.
Y no tiene nada que ver pero pienso en el espacio exterior.
Nódulo lunar llamando a base. Nódulo lunar llamando a base.
Puede ser malo o no, dice una mujer con bata blanca poniendo carita maternal.
Y me habla de posibles cosas feas y de esperas.
Y como ando en la luna no lloro.
Más tarde, delante de otra bata blanca, lloraré y la propietaria de la bata me cogerá la mano, pero no me dará caramelos de limón ni se sentará a mi lado en lugar de enfrente.
No me explico como la vida tan corta anda llena de esperas tan largas.
Ser mayor, aprobar la selectividad, que alguien te desabroche el sujetador, conocer a Ele minúscula...
Y en la espera la muerte se pone las gafas de ver de cerca.
Entonces uno piensa en viajar a Isla Graciosa a tumbarse en la playa de las Conchas a fumar cannabis.
No piensa en acuchillar el parqué.
Uno piensa en mirar a un mar que tiende a infinito.
No piensa en planes de pensiones.
Uno piensa en asomarse a la ventana a ver pasar globos de colores que se escapan de las manos de los ni?os.
No piensa en desarrollar proyectos de investigación para Motorola.
Piensa en Mi vida sin mí y en Y tu mamá también, en la imposible posibilidad de que aparezca un Gael García Bernal con el que tener sexo.
No piensa en hacer horas extra.
Piensa en el collar de macarrones regalo de Ele minúscula, en llevarlo puesto si me voy.
Primero uno piensa en maldecir la posible mala suerte.
Luego uno piensa en la buena suerte de no ser un traductor surcoreano destinado en Irak.
El ser humano es lo que tiene, siempre a vueltas con el vaso de agua.
Acostumbrándose a todo.
Incluso a vivir lejos de la Tierra, en un nódulo lunar.

miércoles, junio 09, 2004

El Macho Ibérico en Primavera

A una mujer Sola le hace crac el coche atravesando una concurrida avenida.
Mil pitidos de claxon. Mil gritos.
La Sola baja del coche, quita el freno de mano y aparta el coche a lo Herman Monster: moviendo el volante con una mano y empujando el pesado vehículo con la espinilla.
Mientras, el macho ibérico primaveral va ganando confianza.
Un millón de pitidos de claxon. Un millón de gritos.
Es bueno para la celulitis.
Empuja, empuja. Mueve ese culo!
Así, así, así gana el Madrid.

Y se animan más.
Chocho!
Y más.
Que te la meto y te la meto.
También escucha un par de ofertas de ayuda, pero ante la posibilidad que la ayuda proceda del de chocho o del quetelametotelameto decide hacerse la sorda y seguir destrozándose la espinilla.
La Sola se alegra de no ser una tía buena, en ese caso ni se imagina de que hubiera sido capaz tanto mandril.
A los cardenales de la espinilla se le unen los de haber vuelto a Ikea a ejercer de I?aki Perurena y cargar y descargar un par de muebles del tama?o de la península del Yucatán.
Él le dice que tenía que haberle avisado para acompa?arla a Ikea. Ella le mira y recuerda la vez que se derrumbó en la zona textil, o la pájara que le entró llegando a las cajas (esa vez casi lo logra), o como enloqueció de desesperación en la zona de menaje de cocina, tan cerca de los cuchillos? Mejor no haberle avisado.
Por otra parte Hacienda multa a la Sola. El cerrajero le hace copias de llaves que no abren puertas. El desinstalador de la cocina corta tuberías que no son. Una máquina absurda de aire acondicionado no la deja ver el cielo? Se aburre a sí misma.
Se imagina que es una famosa violonchelista que está de gira mundial y vive en hoteles.
Esta noche toca en el Auditorio Nacional de Tokio y anda pensando en salir a dar una vuelta por la ciudad, así puede aprovechar para practicar su japonés.
Se está bien lejos del macho ibérico en primavera.