Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

viernes, agosto 29, 2003

Vacaciones: Viajando en el tiempo.

El lunes de madrugada me voy de vacaciones. Al igual que Juan José Millás*, además de en la distancia, viajo en el tiempo: 20 años atrás.
Hace 20 años que no voy a las playas de Levante, a pasar casi un mes, al estilo familia Trapisonda. Padres, sobrino, Ele minúscula, y yo.
Tengo miedo.
A las 6 de la mañana cogeré a Ele minúscula en brazos, calentita, dormida, y en pijama. La montaré en el coche, y la llevaré a ver el mar.
Cargar en brazos con alguién dormido y en pijama, a quien quieres más que a nada en el mundo:
La prueba de que eres mayor.
Ser llevado en brazos dormido y en pijama, por alguien que te quiere más que a nada en el mundo:
Lo mejor de ser pequeño.
Un verano de plastidecor, cubo, y pala.
De sombrilla, aletas, y colchoneta.
Y mi madre con la olla.
Y Rafa Tequila jugando a que es espía. Con prismáticos, linterna, y pistola de agua.
Mucho sol. Y sal. Y arena en las orejas.
Y chancletas. Y piscina.
Y "Alicia en el país de las maravillas" antes de dormir.
Y risa, mucha risa. Porque los niños se ríen una media de 400 veces al día.
Y ruido, mucho ruido.
Bájate de ahí. No toques eso. ¿Qué estás comiendo? Escupe eso. Escúpelo. Sácate la aceituna de la nariz. No pintes en la pared. Que lo escupas. No chupes la silla. Duermete. Cómete el bocadillo. Quítate el escurreverduras de la cabeza y deja la escobilla en su sitio. ¿Quieres escupir eso de una vez?
Y los días serán largos y repes como cromos. Y tenderán a infinito.
Y los días nublados se llenará la casa de jopes, por no poder ir a la playa.
En Javea. En Septiembre. Viajando en el tiempo...

(*)Artículo de Juan Jose Millás en el que habla de la tendencia de los espa?oles a equipar la 2ª vivienda con lo que se va pasando de moda. "Viajar a Alicante es viajar 30 años atrás".

sábado, agosto 23, 2003

¡Mi casco! En las dos caras del mundo.

En la cara buena del mundo.
Publicidad: -¡Mi casco! Voz en off: ?Cómo sabía el mundo que Julio Cesar era Julio Cesar? - Por el casco, se responde a si misma la voz que sale de mi televisor con inquietudes tan peregrinas. Colecciona los cascos de los personajes más relevantes de la historia. Fieles reproducciones de metal en miniatura y un fascículo.
No me lo puedo creer. ¿A quién le interesará semejante colección? ¿Podría enamorarme de alguien que llegara a casa entusiasmado con el casco y el fascículo?, ¿o que le gustara escuchar canciones de la tuna?, ?o llevar ri?onera?, ¿o los chistes de chiquito de la calzada?, ¿o veranear en campings de playa?, ¿o ir al wc con "El Marca"?, ¿o que me regalase un peluche? Estoy llena de prejuicios.
Ridículo.

África
"El País" ha publicado unos sobrecogedores artículos sobre África. Entre ellos una trilogía sobre el genocidio de Ruanda. En uno de ellos habla sobre Leopold, parte de la banda de hutus que en 1994 asesinó a 3.000 personas en una iglesia. Hombres, mujeres, y NI?OS. Despedazándolos a machetazos. Porque eran Tutsies. Se abalanzaron sobre los cuerpos amontonados en el suelo de la iglesia. Los abrieron y devoraron sus corazones.

En la cara buena del mundo
Voy a la FNAC a lidiar con el desconocido mundo de la tecnología digital en fotografía. Introduzco la tarjeta de la cámara en la máquina. Trocitos de mi vida en imágenes van apareciendo lentamente. Gente se va apelotonando a mi espalda esperando su turno. La espera, el aburrimiento, les hace pegarse cada vez más a mí y comenzar a mirar las fotos. Ele minuscula y yo en serie moflete con moflete y caras de pez, (ya que me hago las fotos yo misma estirando los brazos, y como no soy baloncestista profesional, sin distancia suficiente). Un trozo de Shu en bikini. Otro. Un pie sobre rocas y olas. Un par de lugare?os con un melón. Yo de nuevo con cara de foto... Comienzan a cuchichear bajito. Es un atentado a mi intimidad. Sube el volumen de los cuchicheos. Me muero de vergüenza. Un biombo. Que se callen. Que no miren. Que se vayan. Intento anular la selección de fotos. Sólo quiero cerrar la ventana y que esta gente deje de asomarse a mi vida. La máquina huele mi miedo. Estoy segura. No responde. Está bloqueada. Se hace el silencio a mis espaldas. Resulta más inquietante que sus cuchicheos. Saco la tarjeta a la fuerza y salgo corriendo, abandonando mi intimidad en la pantalla.
Ridículo 2.

África
Otra de las historias de horror, es la de un hutu que se vió obligado a matar a su mujer, tutsie, madre de sus tres hijos.
La única bendición fué que los ni?os no tuvieran que ver con sus propios ojos lo que ocurría, ni ser asesinados. En Ruanda existe la idea de que la identidad étnica se transmite por vía paterna. Unos hombres hutus llegaron a su casa. Dejaron salir a los ni?os. La madre pudo despedirse de ellos. Ellos sabían lo que iba a pasar. Los hombres hutus dijeron al marido que si no mataba a su mujer, asesinarían a sus hijos, destruirían su casa, y le matarían. Su mujer le miró desesperada y le dijo, ¡mátame!, ¡mátame ya, por favor!

En la cara buena del mundo
Subo corriendo las escaleras de la FNAC. Cojo 3 libros de literatura basura. Frívolos. Sin mensaje. No están bien escritos. Los necesito trás la trilogía de Primo Levi, tras Sefarad, tras los artículos de John Carlin en "El País" sobre África. Salen a pasear mis prejuicios y me chillan que soy culturalmente incorrecta. La cajera, un ser al que no conozco de nada, va a pensar que soy subnormal, que no tengo cerebro. Debería comprarme el primer fascículo de la colección de cascos de la historia, para que no le quedara ninguna duda. Me muero de vergüenza. Busco una caja vacía. Pago y escondo rápidamente los libros en la bolsa. Rezando para no encontrarme con nadie conocido que me pregunte ?Qué has comprado?
Ridículo 3.

El somojurjo es un ave pescador que hace unos a?os estaba al borde de la extinción. Los ecologistas han conseguido salvarlo.
Hoy he dormido 18 horas, como si pudiera acumularlas para cuando vuelva Ele minúscula.
Desde que no está, he comenzado a reciclar los envases, el papel-cartón, y los vidrios. Para que cuando vuelva, crezca con conciencia ecológica y pueda salvar a los nietecitos del somojurjo.
He cogido una película de miedo en el blockbuster. "Utopía", por el protagonista. Estoy sentada en el sillón. Frente al DVD. No me atrevo a verla yo sola. Y lo que es peor, mientras me decido están echando en la tele "Juez Dredd" de Stallone y me la estoy tragando. Es malísima, pero no me disgusta del todo. Me hace gracia.
Ridículo 3.

África
En África hay 3 millones de niños que padecen SIDA, en su gran mayoría huérfanos que no suelen vivir más de 5 a?os. Nyumbani, en las afueras de Nairobi, es un orfanato de ni?os seropositivos, dónde viven los más afortunados de los desafortunados. Cuentan con atención médica, fármacos antiretrovirales, fuentes, jardines, juguetes, columpios,...aunque no deja de ser la antesala de la muerte. Al frente, un keniata llamado Protus Lumiti, de 34 a?os, mi edad. Ya ha enterrado a un centanar de ni?os. Sigue cuidando a 91.
Protus Lumiti. Con ese nombre, tal vez le gustaría tener la reproducción en miniatura del casco de Julio Cesar, y el fascículo.
?Y que mierda importaría eso?

sábado, agosto 16, 2003

Un mantón de la China na China na China na...

Un mantón de la China na te voy a regalar. Por ser las fiestas de Paloma.

Madrid bajo el sol del 15 de Agosto.

Ví hace siglos una película, en la que un individuo sobrevivía a un holocausto nuclear, y se enfrentaba a una nada desértica, sofocante, y sobreexpuesta de luz. Así es Madrid hoy.
Vuelvo al tanatorio. Esto se está convirtiendo en una tétrica costumbre de mis días de fiesta. Así nunca se me va a quitar la cara de querer estar en otra parte.
Sin saber muy bien porqué, me encuentro paseando por la calle. En medio de esta soledad nuclear. Bajo el sol. A unos 40º. Sudo por todos los dobleces de mi cuerpo. Hasta los párpados. Podría presentarme al concurso Miss Camiseta Mojada en el asfalto.
Pego la nariz a una verja de una urbanización con jardín. Huele a verde y a piscina. Quiero estar ahí dentro. Ser de clase media alta. Un estudiante, aunque sea de derecho, que se prepara para los examenes de septiembre. Papá y mamá le han dejado sólo en Madrid. Piscina, siesta, porros, móvil, porno, pajas, y toda la vida por delante.
Reanudo mi paseo bajo el sol, sacudiéndome la nostalgia de ser de otro.
La soledad nuclear de Madrid bajo el sol me atrae y me asusta, como el paisaje desértico del Cabo de Gata en invierno.

Madrid bajo la luna del 15 de Agosto.

Hay miles de supervivientes al holocausto nuclear. Estamos todos en las fiestas de la Paloma.
Antonio Vega toca en las vistillas como un espectro del pasado.
En la calle de la Paloma bebo mojitos en un antro felliniano llamado el Rincón de Cuba. Una bruja echadora de cartas, un enano, putas tristes, fracasados, perdedores. Sobrevivir es un trabajo duro. Para unos más que otros. Sólo cuestión de suerte.
Al final de la calle de la Paloma la gente ha enloquecido bajo el ritmo atronador de los éxitos de la música española de los últimos 20 años.
La gente suda, grita, baila, salta, canta, desea, besa, ríe, trepa a los contenedores, se desnuda,...
Algo del infierno de Dante.
Algo de túdequieneres, el anuncio de Kas.
Algo de Brasil en carnaval.
Algo del bar lleno de monstruos de Abierto hasta el amanecer.
Es divertido ver las fantáticas performances de un hada mala.
Es bonito ver a O el turbulento sin turbulencias (aparentemente), cantando y bailando con desgarro teatral.
Desahoga oirme cantar a gritos y bailar en medio de la calle. Aunque no me sacudo del todo la sensación de estar encerrada en una caja invisible, y no lograr hablar el mismo lenguaje que los demás.
Lástima que el hombre Zen haya desertado, y no pueda poner un poco de paz en toda esta locura.
Vuelvo en taxi a casa. Hace una noche estupenda. La luna está tan bonita, que parece un decorado. Suena una versión lenta y susurrante del "Dime que me quieres" de Tequila. Siento que es para mí. Deseo oirla más alta.
El taxista sube el volumen.
No hay duda. Es sólo para mí.
Las luces del nuevo puente de la M30 me trasladan a mi propio Brooklyn. El aire me despeja. Salgo del encierro de la caja invisible. Mi yo me deja de "apretar".
Deseo que la canción no acabe nunca, pero me temo que esto no me lo va a poder solucionar el taxista.
Ni nadie.

lunes, agosto 11, 2003

El agua de mi cuerpo flota en mis contradicciones

El ser humano es un 65% agua.
Yo diría que mis contradicciones ocupan aún más.
Al año bebemos unos 8.000 litros de agua.
¿De dónde demonios surgen las contradicciones?
A lo largo de la vida eliminamos unos 25.000 litros a través de la orina.
Desearía saber como eliminar tanta contradicción.

A Ele minúscula sigo echándola de menos, de más, de menos, de más, de menos, de más, de menos, de más,...
Me siento buena madre, mala madre, buena madre, mala madre, buena madre, mala madre, buena madre, mala madre,...
Para sacudirme de encima el sentimiento de culpabilidad me propongo escribirle mil cuentos a Ele minúscula. Para ella. ¿Para ella?
Escribir para ella. Me viene a la cabeza una historieta de los comics de Mafalda en la que Felipe pensaba regalarle a su madre la colección de tebeos de "El llanero Solitario". En realidad para mí. Para ella. Para mí. Para ella. Para mí. Para ella. Para mí...
Cobarde y valiente. Paciente e impaciente. Egoista y altruista. Diligente y perezosa...¡Basta!

Crónica de un fin de semana de Agosto
Al fin acabo "Sefarad" de Antonio Muñoz Molina. Tiene magia y una tristeza que se te hace bola y no te deja tragar.
El viernes noche ceno con Shu y el hombre Zen. Hacía mucho tiempo que no se me quitaba la ansiedad de querer estar en otra parte. Fueron ellos. O la conversación. O el vino. O el viento de Plaza de España. O todo.
El sábado noche voy a un lugar que no debería de existir: el tanatorio. Deberíamos de desparecer simplemente. Había una luna preciosa. Al salir del tanatorio me dieron ganas de no volver a casa. Alejarme de Madrid. De la contaminación y las luces para poder ver las estrellas con la misma intensidad que podía ver la luna.
Me acobardo y vuelvo a casa. No recuerdo haberlo decidido, pero estoy de nuevo en el Blockbuster. Elijo "Beautiful people". Tiene su gracia el yonqui dormido en un contenedor de ayuda humanitaria que es lanzado en medio de Bosnia en guerra. Y en ese horror parece encontrar un sitio en el mundo. Como yo el viernes. Unos en Bosnia y otros en Plaza España.
En "Sefarad" cita varias veces a Pascal, los hombres casi nunca viven en el presente, sino en el recuerdo del pasado o en el deseo o el miedo del porvenir. Todas las desgracias le sobrevienen al hombre por no saber quedarse solo en su habitación.

domingo, agosto 03, 2003

Mi vida sin Ele minúscula

LA ECHO DE MENOS CON MAYÚSCULAS.

Puedo dormir cuando tengo sueño, quedarme leyendo hasta la madrugada, ir al baño sola.

Echo de menos su voz, tanto, que me parece seguir oyéndola.

Puedo visitar las exposiciones de La casa encendida, asistir a los conciertos del patio del Conde Duque, salir a cenar a Calle 54.

Echo de menos saber que hace, si estará bien, si me echa de menos.

No tropiezo con sus juguetes, no encuentro trozos de galleta mohosos en mi bolso, no me agacho un millón de veces al día, no cargo con sus 11 kilos de acá para allá.

Echo de menos sus conmovedores bailes sin ritmo, sin gracia, pero con tantas ganas...

Visto ropa limpia, no me descubro manchas de pure o mocos. Dejo de ver la misma película inafantil una, y otra, y otra, y otra, y otra máldita vez.

Echo de menos que me abrace con toda su pequeña fuerza, y se pegue a mí encajando su minúscula cabeza en el hueco de mi cuello. Descubro el sentido de esta parte de mi cuerpo. Compadezco a Audrey Herpburn por no tener mi cuello.

Puedo vivir sin horarios. Siestas desde las 7 de la tarde a las 9 de la noche. Pasar horas en la ba?era. Cenar a medianoche. Leer hasta quedarme dormida. Escribir.

Echo de menos sus besos de ametralladora. Su manita apretando la mía con fuerza. Lista para descubrir el mundo. Conmigo.

Lejos de sus rabietas, sus toses, sus pa?ales sucios, sus madrugones, sus horarios fijos. Movernos mmuuuyyyy deeessppaaaccciiiooo, como si estuvieramos en gravedad cero.

Echo de menos el vértigo de asomarme al mundo a través de sus ojos, a toda la vida por delante, sin desgastar. A esa emoción sin muro de contención que le producen las cosas más simples: los columpios, la canción de Don Gato, dar sustos, esconderse cerrando los ojos.

Poder echar a Mr Potato del salón. Sacar a los Payasos de la tele del equipo de música. Salir a pasear de noche con las manos en los bolsillos. Decidir que hacer en el último momento. No hacer nada. Pensar.

La echo tanto de menos.
Y de más...
Me falta tanto.
Y me sobra...

Que me viene a la cabeza el relato corto de Hernan Migoya "Amor a distancia", en el que descubre que quería a aquella mujer de lejos: los planos de detalle le sentaban fatal (...) Una historia de amor unidireccional, que sólo funciona en la distancia adecuada.

Sin Ele minúscula, leer a Primo Levi es aún más doloroso. El horror es aún más negro. "Sefarad" de Antonio Muñoz Molina, también duele.
Duele tanto que estoy por ponerme el Cd de los payasos y bailar sin ritmo con Mr Potato...