Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

viernes, diciembre 31, 2004

Nochevieja pensando en Fellini
Ya lo decía Julio Iglesias...
Paseo por la multitudinaria Gran Vía sorteando humanos.
Un chico guapo veinteanero de vaquero caído sobre un magnífico culo, me lanza una mano nuevecita que coge la mía y me la presiona suavemente, como contándome un secreto compartido y algo guarro; cuando se da cuenta que no soy ella, me regala una sonrisa perfecta.
Porque tiene de sobra, sonrisas, sexo y vida. Ella es una chica con suerte.
Siempre hay por que reír...
Más adelante me cruzo con un hombre gordo de labio leporino y baba de caracol que me lanza una mirada de psicópata mientras se toca el paquete.
Siempre hay por que llorar...
Algo después, mientras atravieso la Plaza de Espana, un chico de adolescencia recién estrenada me sigue imitando mis pasos con burla, lo que me hace imaginar que soy un personaje circense de Fellini recién llegado a la ciudad. Que guapo Fellini joven, que guapo Marcelo.
Siempre hay por que reír por que llorar...
Aquí estoy, esperando el 2005, esperando un minuto, como si fuera cierta la frase de Oscar Wilde "a veces podemos pasarnos anos sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante", y ese instante fuera la medianoche de hoy, nochevieja.
Esperando con mis uvas en lata, con los cohetes de la calle y el olor a cochinillo en la escalera.
Esperando las campanadas a ritmo de los pitidos que anuncian la llegada de sms sin misterio en los que se adivina de antemano el Feliz 2005.
Menos el innombrable que me manda una foto de un hombre de color sonriendo que creo que es Andre 3000, cantante de Outcast pero no estoy segura. No me gusta Outkast especialmente.
Hace unos veinte anos me mando por correo una postal de otro hombre negro, Eddy Murphy. Tampoco me gusta Eddy Murphy.
Todo tiene una explicación, aunque lo de Eddy Murphy no logro recordarlo.
No era Andre 3000 era Hendrix.
Fascinante el innombrable.
Mi vecino el de los cohetes se está creciendo a medida que se acerca la medianoche, tengo miedo, pienso en Bagdag.
Espero la llegada de los personajes de a dos metros bajo tierra, serie prestada por hada buena, a la que a su vez se la prestó el hombre turbulento.
Lo siento Tony Soprano, ahora los enterradores son mis mejores amigos no tú.
Nochevieja sin cuchufleta.
Y Sin Ele minúscula, pero con su voz al teléfono anunciándome que va a hacer una voltereta, lo que me hace pensar de nuevo en personajes circenses y en Fellini.
Una buena forma de empezar el 2005.
Pensamientos de Nochevieja 2004...
PD1. A Paloma Roja porqué su mamá se fué sin avisar.
PD2. Al subnormal de los cohetes bajo y le mato.
PD3. Lo de Ana Obregón y Ramón García no tiene nombre.

martes, diciembre 14, 2004

El bricolaje y las palabras.
Escribo por orden de Hada Buena.
A un hada es difícil decirle NO.
Lo difícil en la vida es decir SÍ.
Cuando no está Ele me cuesta quitarme el pijama,
cuando está Ele me obliga a quitármelo.
A veces se me va la cabeza a otra parte y cuando vuelvo estamos frente a la tele viendo Bricomanía, Ele minúscula con mucho interés.
Cuestión de andar sin prejuicios, cuestión de amor al bricolaje.
Están instalando una ducha, con sus latiguillos de agua fría, azul, y caliente, roja, y sus tacos del ocho, y sus brocas adecuadas, y la silicona, y cuando termina el presentador se pone un albornoz naranja y hace que se mete a la ducha.
Me hace pensar en cine porno.
Fascinante.
El mando de la tele funciona el 0,03% de las ocasiones.
Un mando de la tele insumiso.
Es mi forma de manifestarme contra la televisión.
Es mi cobarde rebeldía contra la mano que me da de comer.
Es uno de los porques Ele y yo vemos Bricomanía.
No escribo porque Lola, la que fue chica Almodóvar en su vida anterior al adosado, me presta libros y caigo en el mundo de la adicción.
Leo del tirón porque me cuentan que el tiempo transcurre lento como una babosa herida que se arrastra agonizante por una pista de aterrizaje. Porque dicen que cuando sue?o con tenerte te tengo. Porque me gusta leer y leer y leer hasta caer dormida y seguir leyendo cuando despierto.
No escribo porque Ele cumple a?os.
Felicidades. Un día. Felicidades. Otro día. Felicidades. Y otro día. Felicidades. Y no se vayan todavía porque aún hay más.
No me explico como subo al autobús sin cantarle el happy birthday al sr conductor.
Cumplea?os, navidades, Reyes, fiestas.
Compro, compro, compro.
Bicicletas, patines, pizarras.
Vecino gay sube, baja, entra y sale como un superhéroe.
Se desliza sin peso y con prisa.
Así nunca podremos ser como Will & Grace.
Oigo como le cantan el Cumplea?os feliz.
Hipocondria. Envejecer. Pensamientos de vigilia..
Me mareo en el ascensor de la oficina al bajar de la décima a la quinta planta.
Me asusta introducir un pie entre el vagón de metro y el andén.
Me resulta insoportable pasearme con la guerra en las pupilas tras el telediario matinal.
No escribo.
Y Hada buena, Tormenta y Evita Dinamita me preguntan que por qué, por qué, por qué.
Y como a las tres las acompa?a la fuerza, y a alguna de ellas incluso un caballero Jedi, pues acabo escribiendo.
Si la próxima vez tardo en hacerlo, tal vez me haya quedado dormida en un banco del paseo de Recoletos bajo las luces de decoración navide?a. Entre palabras?

De izqda a dcha: Hada buena, Tormenta y Evita dinamita, presionándome para que escriba.