Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, octubre 21, 2006

De cabeza
Es un hecho comprobado que después de amar y perder, a uno se le baja el corazón a los pies y se lo anda pisando todo el tiempo.
Por otra parte, la cabeza queda rígida, fría, e inamovible. Como si hubiese sido atornillada sobre los hombros con tal fuerza que se hubiera pasado de rosca, y eso ya no hay dios que lo arregle.
Esa cabeza inconmovible duplica su volumen y pesa mucho más.
Y es más fea porque nadie le dice que es bonita, y aunque lo digan, no lo cree; porque para creer está el corazón, y ya he dicho que anda demasiado ocupado esquivando pisotones por los suelos.
Y allá llega uno con la cabeza en su sitio a la maldita jaula a trabajar cada mañana.
A una jaula cada vez más vacía, y tan sucia que dan ganas de romperse y gritar basta.
Pero como uno anda con la cabeza tan anclada, y con Ele minúscula sobre los hombros, pues allá que se mantiene en patético equilibrio.
Junto a esa cigarra a veces tan dañina, que habita en ese mundo tan egoísta y extraño.
Junto a esa hormiga tan inteligente, tan gruñona, y tan fuerte.
Junto al rey del hormiguero que trabaja con admirable pasión entre las ruinas.
Allá que uno va cada mañana con su cabeza de cabezudo de fiesta de pueblo castellano.
A intentar que todo salga, a tratar de hacerlo bien, a que el resto de las hormigas no carguen con sus piedras tan marrones.
Mucho cuidado con lo que hacéis.
A garbancito no piséis.
Que garbancito es así, capaz de salir nadando de la gigantesca cagada de una vaca.
Y al padre de uno se le va la cabeza en el peor de los sentidos.
Y de la tristeza y la impotencia, a uno se le encaja aún más la cabeza entre los hombros.
Aunque para evitarlo esté Ele, e Innombrable, y Hada mala.
Y las Palabras, y los comics de Sfar, y Tony Soprano.
Y los cuentos de Rodari, de Cheever, de Palma.
Y la música de Jobim que te hace pasear por el cielo.
Pero son tantas las horas en la jaula y tan puta la vida…
Que uno quisiera perder la cabeza.
Pero sabe que sólo la perdería si alguien le cazase un mamut un 29 de febrero antes del atardecer.
O si Spiderman entrara por la ventana con esos leotardos de lycra brillante tan ridículos.
Uno perdería la cabeza sólo por alguien capaz de perder la cabeza por uno.

Aquí andamos, con dolor de cuello por los tornillos.

lunes, octubre 09, 2006

Nostalgia en pé

Ele minúscula hoy navega en una isla verde, que es mi falda, sobre el suelo del salón.
Y en lugar de saberme feliz en la isla, adivino que tras la ele viene la eme y la ene y la pé y se irá.
Y me pienso Paquiderma panoli sin príncipe que me aplauda, en pantalones de pana, peinándome los pelos y las penas.
Que desperdicio de felicidad, ese no poder dejarse de llevar de los que andamos con la cabeza tan llena de esa nostalgia que amontona el tiempo. El pasado que crece, el futuro que se encoge, y un presente que apenas lo distingues y ya no es.
Menos mal que existen palabras, páginas y párrafos para sobrevolar como un pájaro tanta parálisis. Que desde arriba todo pierde peso. Todo son pamplinas, patochadas y paparruchas. Pampiroladas.

Y en la jaula corren tiempos pavorosos dónde los compañeros van desapareciendo en patíbulos improcedentes. Prisiones, paredes y penales. Palizas, palmatorias y palos. Más carga, más sola y más miedo, transportando piedras pesadas como plomo.

Pan con parrochas y párrocos, escribo en un papel.

Y regreso a clase, que es un buen lugar al que regresar, con un profesor que me descubre a Bernhard y a Palma, y con eso ya basta y sobra y aplaudo., aunque él sigue empeñado en sacar cosas y más cosas de su capirote.

Pantuflas con paperas, me gustaría pintar con un palo en la arena.

Y paseo por Santiago de Compostela con un hada y chicos guapos. Llueve y bebo a ritmo de las campanas de la Catedral. Me guardo paisajes y rostros que son fotos en los bolsillos. Y ceno en Casa Marcelo cosas tan deliciosas que deben de tratarse de los manjares exquisitos esos a los que hacen referencia los cuentos.
Aunque me llame Paco, como el del lúcido chiste de Forges. Hola me llamo Paco y tengo una hipoteca a cuarenta años. Hola Paco. No estás sólo Paco. Porque el hada invita.

Y dibujo paraíso y este paréntesis -que es la vida-, con el dedo sobre el mantel.

Después vuelvo a casa, que se está bien en Madrid en otoño.
A pesar de tanto tráfico, tanto trabajo y tanta zanja maldita por las obras.
Aunque Innombrable viene a cenar y me hace ver cine del malo porque salen actores guapos, mientras coso y me quejo a su lado como esa perfecta esposa que nunca fui.
Que la luz es bonita.
Y los proyectos y la Gran Vía y las faldas verdes que son islas.
Feliz sin serlo por la nostalgia.
Esa nostalgia pánfila, palurda y pazguata.
Esa nostalgia con pé que me acompaña.

Pd. Y con pe también “Palíndromo”, de Todd Solonz, sobrecogedora y con un curioso homenaje a “Freaks” de Browning.