Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, diciembre 27, 2003

Cumpleaños de blandiblú, herejía galáctica, christma hortera, y un adiós.

Es mi cumpleaños.
Escalofríos, fiebre, cuerpo de espantapájaros dolorido. Antibiótico y todo se vuelve blando. El teléfono suena con un ring de lana y me trae felicitaciones a punto de doblarse que agradezco como puedo. Mal. No me importa demasiado. Me extraña. A mí siempre me gusto celebrar mi cumpleaños bailando la conga en lo más alto de la Torre Eiffel.
Él me ha comprado un regalo. Lo ha escondido en el armario, y le ha encargado a Ele minúscula que me lo dé. Es la quinta vez que saca la caja de la manta eléctrica del armario y me la dá. Ha habido algún fallo en el aprendizaje de las instrucciones.
Toda una sorpresa. No recordaba que tuviéramos una manta eléctrica.
Herejía Galáctica.
En Navidad jugamos al Monopoly de la guerra de las galaxias. Pa, Ma, Ra hermano, Ra pequeño, y yo. Las casillas tienen textos largos e imposibles: Planeta Totooine – Habitación de Anakin, Planeta Coruscant – Consejo Jedi, Podracer de diossabeque... Las fichas son personajes metálicos difíciles de identificar. Pa juega con un androide pequeño. Ra pequeño se pide el androide grande. ¿Dónde está el bajito?, pregunta mi padre cada vez que le toca. Ma elige a la reina Amídala. ¿Dónde está mi reina? Exclama Ma en sus turnos. Y todos guardamos silencio, invadidos por aires galácticos de lo más solemnes.
Alguien propone jugar con las figuras del nacimiento para aclararnos.
- Si hombre, el niño Jesús por la Galaxia. No seas judión. Se queja Ma.
Y yo pienso en Religión, en el universo, y en los judiones de la granja.
- No hace falta coger al niño, podemos jugar con un pastor, una lavandera, una oveja, el pozo,...
- Si hombre, las pobres figuras por la Galaxia. Insiste Ma.
Y no se muy bien porqué pero algo me hace estar de acuerdo con ella.
Y pienso en mi abuela regañándome por haber colocado el pan del revés en la mesa, y dándole un beso mientras lo pone del derecho.
Qué fácil es seguir la corriente del absurdo.
Algo estúpido
Con fotos de Ele minúscula con alas de hada fabrico unos christmas.
Estúpido.
Uno no manda fotos de su cara por Navidad. Por muy guapísimo que sea su amante, tampoco manda fotos de este como felicitación. ¿Por qué nos empeñaremos en mandar fotos de nuestras crías por Navidad?
Algo tan estúpido como inevitable.
Qué fácil es seguir la corriente del absurdo.
Adiós.
Un personaje en color de mi trabajo ya no viene más. Es triste, porque en mi oficina andamos sobrados de blanco y negro.
Me entristece que no vuelva a entrar por la puerta como un dibujo de South Park. No volver a escuchar el sonido de gallina desquiciada de su móvil.
No era guapo, ni alto. No se si sería divertido o estúpido. No le conocía. Pero ahora la oficina se ha quedado un poco más gris.

sábado, diciembre 20, 2003

Mundo Bionicle. Como la vida misma.

En la isla de Mata Nui todo era un mágico mundo de colores, de colores, de colores. Donde la vida era una tómbola, tom tom tómbola, de luz y de color, de luz y de color... Pero llego Makuta, el Amo de la sombra, más malo que mil demonios, y sumió la isla en la más profunda oscuridad, asco, desesperación. Estado similar a trabajar de jefe de investigación en Universal McCann.
Menos mal que aparecen los seis guerreros Toa para luchar contra el mal. Con el poder de los elementos: fuego, aire, tierra, roca, hielo, y agua. El toa de agua se llama Gali, y es la única “chica” entre los Toa. Entre los poderosos, la única. Como la vida misma.
Makuta cuenta con seis malvados secuaces, los Rahkshi, para luchar contra los Toa. Malos, malotes. Con diferentes poderes. Y los de más éxito entre los niños. Los malos. Los preferidos.Como la vida misma.
Pero las estrategias de marketing no tienen fin, y el número siete siempre ha tenido mucho tirón: los siete jinetes del Apocalipsis, Blancanieves y los sietes enanitos, los siete pecados capitales, el séptimo de caballería, el seven up, las siete plagas de Egipto, las siete novias para los siete hermanos,... De modo que aparece el séptimo guerrero toa, Takanuva y su máscara de la luz. ¿Por qué lo de la máscara? Él sabrá.
Y También están los Borogh, unos seres destructores, dominados por las hermana Baragh, que habitan en el subsuelo y tienen grandes poderes telepáticos. El Sr. Lego, dice que son hermanas, pero más que parecerse a Pili y Mili, se dan un aire a una viela de automóvil, aunque yo jamás he visto una. ¿Quién puede vencerlas? Exo Toa, al arma más poderosa de los Toa, una armadura escondida en las profundidades de la tierra al servicio del bien, que puede luchar incluso sin ser dirigida por un toa. Poderosa, poderosa. Como Telefónica. Como la vida misma.
Lo dicho: aquí, pensando en los regalos de los Reyes Magos.
Aquí. Hablando con Ra pequeño, que cumple nueve años.
Aquí. Preguntándome porque es tan divertido hablar con él y tan aburrido con los adultos.

Ayer fui a la fiesta de Navidad de la empresa. Era temática años 50. Con actuaciones, playbacks, disfraces, concurso de rock... Pese al despliegue, nadie parecía acordarse de sus nueve años. La quinta vez que escuché el ramalamadingdong quería encerrarme en el servicio a jugar con Turak, un bionicle de los malos. Pero olvidé meterle en el bolso, de modo que volví a casa, miré a Ele minúscula dormida en su cuna, olvidé que pertenezco al estúpido mundo de los adultos, y dormí feliz.

viernes, diciembre 12, 2003

Mambrú se fue a la guerra. Hadas y toboganes.

Qué dolor, qué dolor, qué pena.
Las noches sin dormir a ritmo de tos de Ele Minúscula.
Qué dolor.
El leguaje gutural y diplomático de Él.
Qué dolor.
Mi estúpido y absorbente trabajo.
Qué pena.

Genís, cantante de Astrud, se ríe de si mismo. Volaba con un amigo a Canarias, y soy tan inculto que cuando me dice que estamos a punto de cruzar el Ecuador me lo creo; y tan cobarde que me asusto.
Juan José Millás, que se autodefine como persona mayor que cruza por los pasos de cebra, en el concierto de Mala Rodríguez, por no decir que no, se descubrió avergonzado a sí mismo entrando y saliendo varias veces a colar a los amigos de la Mala, como diría Maxwell Smart, "con el viejo truco de los pases de prensa".
Elvira Lindo habla de la "exquisita" cultura musical de su infancia, en la que el primer y único disco durante años fue "El tamborilero" de Raphael, hasta que les regalaron otro en una promoción de las chapas de Mirinda.
Compro a Ele cosas imprescindibles: bragas y unas alas de hada.
Adios a Mambrú: Gente que no se toma en serio a sí misma, y comprar, ¿quién puede seguir triste?

Voy al concierto de Zuco 103 como suplente. Hada buena piensa en mí para cubrir una baja. ¿Es buena o no es buena este hada? Voy a sustituir a su novio, de modo que no sé dónde besarla a la salida.
Hada mala lanza dardos inteligentes, irónicos, y envenenados, a discreción. ¿Es mala o no es mala este hada? O el turbulento, más delgado, más moderno, y más catalán, responde en el mismo idioma. Yo cruzo los dedos debajo de la mesa para no tropezar.
La cantante de Zuco es brasileña y mágica como mi bolso. En silencio e inmóvil es un mojón de carretera. Pero cuando baila y canta, se desliza por mil toboganes arrastrándote con ella.
Si sonríe, eres feliz.
Tiene una sonrisa tan bonita...
Hada mala me da una bolsa para que Ele sea más feliz de lo que es, y después me lleva envasada al vacío a casa. Hada mala manda postales de cumpleaños a los niños con patitos y música de psicosis. Si estoy triste y suena el teléfono, es ella. ¿Es hada o no es hada?
Y si no llama, me voy en busca de gente capaz de reirse de si misma, o de compras...

PD. Alguien me habla de un amigo que se hizo el nacimiento con cabezas de gambas. No tengo palabras.

domingo, diciembre 07, 2003

Angustia. Deserción. Y de Safari.

Angustia.
Me hago un regalo. Una edición especial del dvd Cielo sobre Berlín, dentro de una caja de latón, con un reloj, y una camiseta.
Cuando Ele minúscula duerme, abro la caja con ilusión. No me sorprendo. Es lo que tiene hacerse regalos uno mismo.
Dieciseis años después vuelvo a ver la película.
Entonces me gustó.
Hoy se me hace un nudo en el estómago por esa realidad tan irreal en la que se mueven sus personajes, y en la que descubro que yo también me muevo.
Porque llueve a cántaros, sino podríais verme en la cornisa de la planta 32 de la Torre de Madrid mirando la vida pasar. Con Saravan al fondo. Como siempre.
Deserción.
Carmencarmen, que anda sobrada de fiestas modernas, me invita a otra.
Esta vez no voy. Demasiado difícil. Demasiado cobarde. Me quedo en casa con ángeles, Berlín, y palomitas.
Y de Safari.
Ele minúscula está enferma. No salimos de casa.
Instalo de nuevo la tienda de campaña en el salón, y nos vamos de Safari.
Anochece en Kenia. Desde dentro de la tienda escuchamos los gritos de los monos. Que por cierto, me salen fenomenal.
Ele se pone tensa. Lejos del desánimo sigo.
- Menos mal que hemos dejado la hoguera encendida fuera para espantar los leones. ¿Los oyes?
¡Gruuuuuuaaaugggghhhh!Imito al león.
Ele se pone más tensa.
¡Oh, no! ¡El fuego se está apagando!
Ele se pone a llorar desesperadamente. El Safari se suspende.
Mi Ma me dice que estoy idiota, y que le voy a crear un trauma a Ele con tanta historia.
A mí me sigue pareciendo más traumática la realidad.