Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, agosto 30, 2008

Manolete

Manolete murió por herida de asta de toro en el vértice inferior del triángulo de Scarpa.

Y Scarpa le suena a uno a lugar perdido de Italia,
a viaje remoto y escondido,
a luz de día de verano largo.
De esos veranos que siempre son mentira.
En los que abrazamos una vida que no es nuestra.
Que más que ser verdad es de papel.
Y da tanto miedo ir metiendo los pies en septiembre poco a poco,
que dan ganas de tirarse de cabeza.
Coger el Ave y escapar a Barcelona.
En trayecto inverso a los que escapan de Barcelona a Madrid.
Que seguro que allá arriba es más Europa.
Jugar a ser nórdico, de sangre fría.
Estar hecho de gomaespuma, de corcho,
de la sustancia esa de la que están rellenos los cactus
Que aquí en Madrid uno va de noruego, pero le sale torero.
Como Manolete.
Y si no vales para que te metes.
Ridículo. Raro. Roto. Muerto.
Que son ganas de pasarlo mal siendo torero.

Herida 20 centímetros de longitud de abajo a arriba y de dentro a fuera... con rotura de la vena safena y contorneando el paquete muscular nervioso de la arteria femoral.

Mucho mejor ser sueca, rubia y cantar canciones de ABBA.
Gimme, gimme, gimme, Chiquitita, Fernando.
Que no me importe.
Ser un cactus simple rubio y claro.
Sin complejidades oscuras ni problemas.
Un cactus con peluca que pasea por las ramblas, esquivando mimos.
Un cactus que escucha un idioma que no entiende, mezclado con el mar.
Un cactus que se toma un café en la ladera de Tibidabo, contemplando un viejo cadillac abandonado.
Un cactus que va a los toros.
Y en la plaza se da cuenta que de catus nada,
que en realidad es el torero.

A las 5:07 horas del 29 de agosto de 1947, Manolete pronuncia sus últimas palabras:
"¡Qué disgusto le voy a dar a mi madre!"
Ese mismo año tenía pensado dejar el mundo del toreo.
Qué se le va a hacer
Quien nace torero, muere torero.
Es inevitable.
¿O no?

sábado, agosto 16, 2008

Pleno puente en pleno vuelo

En Madrid en pleno puente.
La luna gorda que no cabe en el cielo.
Y el viento que le vuela a uno las cortinas y las ideas.
Que te gira y gira y gira por los aires.
Aquí estoy, en Madrid en pleno vuelo.

Y sin darte cuenta eres Dorothy o su perro volando hacia Oz.
Y puedes caer en dios sabe donde.
Aplastar a la bruja del Este y al hombre de la luna.
Aterrizar en un sitio diferente.
Quizá incomprensible como las laderas del Moncayo.
Que la vida hace crac y te vuela en otra dirección.
Y canturreas como la cursi de Doris Day Qué será, será, lo que tenga que ser será.
Y cantas More than this con Bill Murray en un karaoke cuando sobrevuelas Tokio.
Y escribes sobre el amor, la muerte y las moscas en las madrugadas.
Y la cucarachillas cotillas de tu casa vieja te acompañan.
¿Que qué escribo? ¿A quién? Que no son horas.
No son horas de andar volando los aires.
No te tires, piensas tarde en pleno vuelo.
A saber donde caerás.
Te tenías que haber puesto la bata, piensas.
Bata del batacazo que te vas a pegar.
Bata, segunda ciudad de Guinea ecuatorial.
Bata, el hermano pequeño de Anubis.
Bata de médico eminente y Soprano.
Mejor sin bata que las batas son tristes.
Mejor batacazo que triste.
Y Jobim desafinando.
Y Ele hace escala en mí, camino de Galicia.
Me besa la tripa, me hace cosquillas y me chuperretea un brazo.
Nos disfrazamos de algo incomprensible y bailamos hasta marearnos.
Que bien, con los besos y los bailes y los vuelos.
Sino fuera por el maldito trabajo que no se va de la cabeza.
Que en la jaula no paran de llover marrones, sin Aleluyas.
Y este quiere y el otro necesita y el de más allá exige.
Qué cómo son los consumidores de refrescos, de rimel, de internet o de caca.
Moscas. Todo mierda. Todo moscas.
Analizar la apasionante vida de las moscas.
Y le pongo triple gana para compensar mi desgana.
Y trabajo y vuelo, trabajo y giro.

Pues eso.
En Madrid en pleno puente.
Y la luna gorda que no cabe en el cielo.
Y el viento que le vuela a uno las cortinas y las ideas.
Que te gira y gira y gira por los aires.
Aquí estoy en Madrid, en pleno vuelo.
Y analizando moscas como una imbécil.
Para vender mierda.

domingo, agosto 03, 2008

Hombres, hombres

Hay hombres brillantes del planeta Jamhadar.
Hay hombres chulos como montañas rusas que descarrilan.
Hay hombres que han muerto ahogados varias veces.

Regreso del fin de la tierra a mi Madrid y a mi jaula llena de monos.
Monos que te alegras de volver a ver.
Monos que quisieras dejar de ver.

Hay hombres ingeniosos en masías del Ampurdán.
Hay hombres tristes y tan solos que se irían con cualquiera.
Hay hombres terroríficos que vuelan sobre el nido del cuco.

Y mi mama me mima y mi papa me besa, porque aún sigue en este mundo.
Y quedo con princesa, pero sus crías gritan tan fuerte que no me escucha y nos perdemos.
Y el Innombrable me encuentra, me recoge y me salva, como siempre.

Hay hombres que lanzan cuchillos que son besos.
Hay hombres que lanzan besos que son cuchillos.
Hay hombres mentira y hombres verdad.

Y Hada Mala me cuida y Zen me salva varias veces.
Y si lloro, Ele minúscula se pinta a si misma con capa de superheroa sobre el mantel para salvarme en pleno vuelo.

Y Glen Ford le dice a Gilda que según las estadísticas hay más mujeres en el mundo que otra cosa, excepto insectos.
Y yo digo, que será por hombres

Hay hombres chinos pequeños con sombrero y gigolos con bigote.
Hay birmanos que navegan, cuentistas y amantes del claque.
Hay hombres ciclistas, malabaristas, bomberos y de Teruel.
Hombres que trepan al Kilimanjaro y que comen paella los domingos.
Hombres que se saben el nombre de todas las estrellas.
Hombres que cazaban babosas de niños.
Hombres con hijos, con gatos, con iguanas y con peces
Hombres que escriben historias de ciencia ficción.
Hombres bala, hombres rana, hombres Cromagnon.

Hay hombres ilusos que buscan cosas que no existen, como yo.
Y lo mejor de todo:
Ni rastro del hombre de la luna.