DesequilibrioComo el equilibrio no existe, y no estoy a favor de dictaduras, no queda más remedio que uno ande negociando con las dos mitades en patético equilibrio.
Como aquel Varon Ashler del Mazinger Z de la infancia.
Como lo inesperado si que existe, uno piensa en salir a dar una vuelta y sin saber como llega a la luna.
Y se encuentra con uno de esos seres de allá arriba, uno de esos Selenitas locos, irreverentes, contradictorios e hipocondriacos, que resultan tener un poder absoluto y bello sobre las mareas.
Todo un espectáculo.
Y uno, al principio, mira al Selenita y se escandaliza.
Y después se da cuenta de que habla su idioma.
Y entonces le desea y le atrapa los viernes.
Y van pasando los días entre adivinanzas.
Y el selenita le descubre el secreto de las mareas que enganchan.
Y uno se emociona y se empeña en pedir una mañana de domingo.
Y el selenita viaja desde la luna a llevársela.
- Toma, una mañana de domingo con marea.
Y uno la agarra con miedo, porque esa marea es un abismo.
Que resulta que el mar tiene profundidades abisales dónde habitan los calamares gigantes y demás diós sabe qué desconocidos, a años luz del mundo exterior.
Y uno piensa en sirenas estúpidas que cambian todo por pisar tierra, en el mundo submarino de los comics de Flash Gordon, y en la leyenda de la Atlántida.
Pero nada se desborda, porque tras el domingo llega el lunes y las piezas se colocan en su sitio.
Y uno intenta no pensar, que sea lo que tenga que ser, y se dedica a pasar el trapo del polvo a esas medias vidas, para irse acostumbrando a ellas.
Y uno resuelve que su ocupación principal en esta vida está resultando ser el echar de menos.
Echar de menos todos los lugares en los que no te quedaste.
Y en los que te quedaste.
Echar de menos las decisiones que no tomaste.
Y las que tomaste.
Echar de menos las verdades que dijiste.
Y el no haber sabido guardar silencio.
Echar de menos a Ele minúscula cuando no está, sabiendo que mejor así, que esa mitad con Ele está más llena que el Amazonas, con tanto bicho y tanta agua.
Y echar de menos a Selenitas locos, sabiendo que no debería.
Echar de menos el mar.

