Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

lunes, mayo 31, 2004

Droga dura: Maratón Soprano

Viernes 16:45 Parking IKEA San Sebastián de los Reyes.
2 sillones, 1 palmera, 3 jardineras y 12 vasos.
Un Megane Berlina.
No puedo. No caben.

El domingo veo monstruos.
Mal. Horror.
Los Soprano los espantan.
Capítulo 11. Capítulo 12. Capítulo 13. Fin de la primera temporada.
Se acaban.
Vuelven los mostruos.
Tengo que salir a comprar más.
Los necesito.
No es que los necesite. Es que LOS NECESITO.
No puedo. No caben.
Salgo hacia Gran Vía. La FNAC está abierta.
En el metro los primeros síntomas.
Sudo. Me falta el aire. La carne me molesta. Necesito celuloide. Volver al Bada Bing.
Se me nubla la vista. Es mi parada. Las puertas están aún abiertas. Corro. Me asusto. Freno. Suena el silbido. Me rajo. Me daba tiempo. Me paso de parada. Otra oportunidad que se me esfuma.
Me siento peor.
No puedo. No caben.
Bajo en la siguiente. Cambio de dirección. Choco con una papelera. Se me escapa un perdón algo yonqui. La papelera no responde. Gracias a Dios.
No logro ver.
Descubro que soy capaz de llegar a la FNAC con los ojos cerrados. Quiza pueda ponerlo en el curriculum.
No puedo. No caben.
Llego. Busco. NO ESTÁN EN SU SITIO HABITUAL. Desespero. Empeoro. Quiero llorar. De hecho lloro sobre los packs de Ally McBeal, de CSI y los Serrano.
?Tooony, ven!
Tranquilidad. Tengo que pensar. Dependiente. Preguntar.
?La segunda temporada de los Soprano?
Junto a las cajas. Al lado de los packs de Tolkien.

Le quiero.
Ya te tengo Tony. Vamos a casa.
Llego. Entro. Enciendo la tele. El DVD. El ring del teléfono.
MIERDA.
Lo cojo sin pensar.
ERROR.
Comportarme como un humano.
Imposible. Soy de celuloide.
Un humano ADULTO, para mayor complicación.
Envidio a Ele minúscula que se le permite descolgar y realizar todos los ruidos incoherentes que se le ocurren.
No puedo. No caben.
Me resbalan gotas de sudor por la sien.
Creo que consigo parecer humano adulto.
Al fin Play.
De nuevo en Nueva Jersey. Hola Tony, Carmela, Meadow, Paulie, tío Junior... Los monstruos se alejan. Episodios 14 y 15.
Si puedo. Si caben.

Viernes 20:14 Parking IKEA San Sebastián de los Reyes.
Consigo meter 2 sillones, 1 palmera, 3 jardineras y 12 vasos en un Megane Berlina.
Pero me temo que la frase tú puedes conseguir lo que te propongas no se refiere a esto.

sábado, mayo 22, 2004

Hay mujeres...

Hay mujeres que no sue?an ser princesas que hoy bailan en brazos de un príncipe en palacio.
Hay mujeres que no sue?an ser princesas que miran perplejas, mientras la que tampoco so?ó serlo las saluda con la manita más perpleja aún.
Hay mujeres que si so?aron ser princesas, que lloraron con Sissi emperatriz y que se emocionan hoy, preguntándose porque a ellas en lugar de príncipe les tocó cerdo.
Hay mujeres que tuvieron un príncipe y lo perdieron.
Algunas tuvieron suerte y se marchó lejos.
Otras desgracia y andan soportando al monstruo que quedó en su lugar.
Porque los cuentos son cuentos y los príncipes no se transforman en rana sino en monstruos.
Hay mujeres que tras ver a veces al príncipe y a veces al monstruo, eligen andar solas.
Pueden ser mujeres con suerte y contar con letras minúsculas que las besan y dinero para gastarse en la FNAC.
Hay mujeres que se lamentan porque ellas y sus amigos andan corriendo de acá para allá como conejos de Alicia en el país de las maravillas. Llego tarde, no tengo tiempo, llego tarde, no tengo tiempo.
Hay mujeres tan cansadas que el cuerpo les hace ?Crac!
Y el Médico las tumba, y la camiseta por debajo del pecho, y los pantalones a mitad de la cadera, y las toca, y las pincha, y les da un sobao pasiego, y medio litro de agua con azúcar que está asquerosa, y si no vuelves habrá que llamar una ambulancia, y seguro que no quieres un masaje con alcohol, déjame que te dé un masaje, no llores mujer...
Y piden ayuda.
Y el que fue príncipe intenta volver a serlo, pero sin querer le sale monstruo.
Pero no importa porque siempre está mamá.
La mamá que cuida, que mima, que ama.
Que so?ó ser princesa.
Que lloró con Sissi.
Que se le transformó el príncipe en monstruo.
Yo no quiero príncipes que sue?en con tetas de las novias de sus amigos.
Yo sólo quiero que Mamá sea inmortal y que Ele minúscula no sue?e con príncipes.
Puede que las amazonas supiesen lo que se hacían.
Lo de las mantis religiosas quizás sea un pelín drástico.
Hay mujeres...

sábado, mayo 15, 2004

Un americano en Madrid

El espíritu bailón de Gene Kelly se apodera de Ele minúscula camino de la guardería.
Será una cuestión de edad, será porque el ritmo corre por sus venas...
Ele minúscula sube andando al cole.
Aunque no exactamente andando.
Se encarama y salta desde escalones.
Se engancha y gira de las farolas.
Chapotea incansable sobre los charcos.
Y tamborilea con sus manitas en los cubos de basura al estilo Mayumaná.
Todo esto cada ma?ana. A eso de las 8 h.
Tardamos tres cuartos de hora en llegar.
Mucho tiempo para un recorrido de 10 minutos.
Poco tiempo para la representación de un musical.
Un termino medio. De modo que no está mal.
Yo la acompa?o soltando adulteces que la transformarán en adulto.
En un ser gris.
Suelta la farola, ?no ves que te mareas? Baja de ahí. Que bajes te digo. Sal del charco. Ya esta bien. Chap, chap, choff. No saltes más. CHAP, CHAP,CHOFF. NO-SAL-TES-EN-EL-CHAR-CO.
Pero cuando nadie me ve se me escapan unos pasos de claqué para acompa?ar que me llevan a un estado felicidad difícil de describir.
Luego voy a trabajar pensando en technicolor.
En cinemascope.
En cuanto tarda un ni?o en viajar desde Vicent Minelli a Ingmar Bergman.
Desde la luz de la Habana al invierno en Helsinki.
Desde el país de las hadas al lugar dónde habita Ana Botella.
Llego al trabajo.
Todo es gris, pero a veces escapo al servicio a bailar claqué.
Este fin de semana no tengo a Ele minúscula.
Duermo hasta el mediodía.
Practico el hula hop porque a ella le gusta y me concentro mejor si hago círculos.
Regreso a los textos para el libro de Artista. Pienso en Van Morrison y John Waters.
Hula hop. Van. Waters.
Van. Waters. Hula hop.
Waters. Hula hop. Van.
Cuando el sol se va la nostalgia me echa a la calle a buscar a Minelli.
Blockbuster.
Diurno.
Vuelvo a casa.
Abro un botella de vino.
Un americano baila en París y mi salón al mismo tiempo, y yo brindo por Ele.
Pd.: Record de hula hop hoy a las 23:30: 127 vueltas.
Si llamara un guardia civil a mi puerta y me hiciera el control antidoping: positivo.
Y si el guardia civil fuera guapo..., aunque preferiría que fuera repartidor de pizzas, o bombero, o actor en paro, o estudiante, o neurologo, o saxofonista,...
Y este chico no se cansa de bailar.

lunes, mayo 10, 2004

Un guante de boxeo

Como un guante de boxeo tras el combate.
Los G8 me salen 5.
Los 7 pecados capitales 4, y contando la ictericia.
No soy capaz de ubicar Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Lituania ni Letonia.
No se si Mastrich tiene playa.
Una ni?a dibuja una luna estrecha como una serpiente.
Viajo en el metro acompa?ada de un hermafrodita, Cal Stephanides, que me cuenta su vida desde mucho antes de ser. Lo cuenta bonito. Con magia. Y me sigue contando en la cama hasta que caigo dormida.
Artista y Tormenta aparecen y comemos en Chueca.
Es un día triste.
El planeta parece a punto de sacudirse para quitarse a todos los humanos de encima.
Me preocupa que llueva porque Tormenta y Artista son dos dibujos y puede que se deshagan.
Les recomendaría que se plastificaran, pero no se como se lo tomarían.
No saben que son dos dibujos. Uno mismo siempre es el último en enterarse.
Alrededor hay modernos que parecen de cartón piedra.
Juanma Bajo Ulloa a punto de gritar insumisión come en la mesa de al lado. Con una guapa mulata con tacones. Incómoda. Lo dice el cruce imposible de sus piernas.
Artista abre su libro de dibujos y la Tierra decide no sacudirse por esta vez.
Sus Soprano son magníficos.
Regreso al exterior.
Una pareja de enamorados han encontrado su lugar en el mundo abrazados en un sofá del Stars.
Piensan en lo bien que les va el nombre del local porque se sienten en las estrellas como dos estrellas.
Pensamiento totalmente estúpido.
Quien se enamora no lo nota pero se vuelve idiota.
Un gallego jovencísimo anda nervioso porque está lejos de casa y Madrid se le hace grande.
- Sólo llevo dos semanas aquí, nos cuenta deslabazado.
Y deseas que sea feliz.
El domingo el Innombrable (tampoco le gustó Mr Pink) y la hermana que pude ser yo miden mi vieja casa nueva con la familia japonesa dentro.
Como siempre están ahí a veces pienso que van incluidos en el precio. Que son míos.
Como Nicole Kidman y sus ni?os en la casa de "Los otros".
Al saludar beso a Kazúo, el hombre japonés, porque me hago un burru?o y no sé si darle la mano, bailar una jota aragonesa o hacerme el Ikebana.
Mientras miden hablo de más. Más alto. Y con reverencias.
Le regalan a Ele minúscula unos cuentos en una bolsa de Disney Tokio.
De Tokio.
Guau.
Yuki, la ni?a japonesa me dice, te has te?ido el pelo, y me ense?a sus Bratz.
Ele minúscula persigue a Pipo, el perro, con intenciones nada claras.
Yumiko, la mujer japonesa, me cuenta dónde se esconde el contador del gas como quién descubre el tesoro de Tutankamon.
- Aha, digo.
Después me descubre el contador del agua.
- Vaya, exclamo.
Cuando le toca el turno al cuadro de la electricidad ya no se que decirla.
De pronto pienso que mis japoneses se irán, que Ele minúscula a veces no estará.
Y veo la tristeza de un solo guante de boxeo tras el combate en el suelo del salón.

sábado, mayo 01, 2004

Viajar en ascensor.

Las palabras en los ascensores pesan más.
Y eso asusta.
De ahí la sinsustancia de las conversaciones.
Qué calor hace. Sí, pero va a empeorar para el fin de semana. Pues vaya. ¿Qué tal las vacaciones? Cortas. ¿Y tu niña? ¿O era un niño? Era una iguana y esta fenomenal. Aha. Hola. Hasta luego. Buenos días...
Me gustaría que en lugar de repetirse las mismas fórmulas de siempre se dejara espacio para las novedades.
Sería divertido sustituirlas por refranes.
Quién con verde se atreve por guapa se tiene.
O por buenaventuras, como si viajaras dentro de una galleta china de la suerte.
“Una mujer morena traerá dinero y pasión a tu vida”.
O simplemente palabras que nos gusten.
Batiscafo. Saltimbanqui. Cincinatti. Tiramisú. Rascamoños...
Si alguna vez alguien me vuelve a decir tequiero, desearía que fuese en un ascensor. En uno del Reina Sofía que tienen cielo. Un tequiero en argentino y que no espere un yotambién como respuesta.
Mientras tanto soy feliz porque tengo un collar de macarrones pintados envuelto en papel de celofán amarillo. Para el día de la madre.
Camino de mi trabajo me encuentro con una marquesina con publicidad de ropa interior femenina Lejaby.
El texto: Remember me... Lejaby. La imagen: el primer plano de un rostro masculino que se parece a Ralph Fiennes, mirando soñadoramente al infinito con sus ojirris, mientras parece olfatear unas bragas que agarra junto a su nariz y a su boca, como a punto de componer un pornopoema.
Durante el día no puedo dejar de pensar en la pobre chica que se ha olvidado las bragas en casa de semejante sobado pasiego melancólico, supongo que por las prisas de escapar.
La deseo que la vaya bonito. Y que la den tequieros en ascensores o collares de macarrones.