Volando voy, volando vengoVolando voy el lunes a hablar con el Dr. Muerte y no quiero.
Me pondría el traje de Spiderman de Ele minúscula.
Para vencerle, para reírme de mi misma.
Pero no me entra.
Volando voy a entrevistar a una mujer para un trabajo,
que me pide más dinero y se carcajea de mi vida rara,
que me pilla desarmada y no puedo dispararla.
Volando voy a la jaula a bailar al son de la flauta,
que no les bastan diez horas diarias, ni el trabajo que realice,
que lo que quieren es que salte cuando ellos digan.
Volando voy en la nave con el hombre de la luna,
que me regala un buen título para un libro de cuentos,
que no deja de soltar ideas de bombero Neardental.
Volando voy a llevar a Ele al colegio.
Como quien viaja a Dinamarca a meterse en una construcción de Lego.
Un mundo sencillo y ordenado donde todo encaja y la vida es justa.
Y dan ganas de aferrarse a la puerta, al árbol, al banco, a la farola.
Para no tener que entrevistarme con el Dr. Muerte.
Para no escuchar imbéciles llenos de prejuicios.
Para no ir a la jaula.
Para no oir ideas de bombero Neardental.
Volando vengo, vengo dice el hombre de la luna.
Dice, dice y viene, pero no.
Ves estoy aquí, dice, y es cierto que le estoy viendo.
Pero en realidad no está.
Que oigo tubos de escape de motos y no se qué habla sobre tickets de aparcamiento.
Que aunque la otra ya no esté, las relaciones largas como vidas de tortuga no acaban tan fácilmente.
Que uno va y viene. Deja y coge. Echa de menos y de más.
Y se entra en la fase volando voy, volando vengo.
Y una vez que se empieza a mentir ya no se para.
Y no se diferencia la mentira de la verdad.
El mismo no sabe y echa la culpa a un pendiente de Ele que se ha clavado en un pie.
Y puede que sea verdad, pero uno desconfía.
Tan triste que dan ganas de cortarse el pelo y guardarlo en los cajones.
Y mientras tanto, Ele minuscula anda tratando de entender el origen de la humanidad.
Que le han dicho que todos descendemos del mono.
Si tú no eres el mono, ni la abuela tampoco, ¿quién ha sido el mono en nuestra familia?, indaga.
Anda tratando de encontrar la verdad en lo que le resulta extraño.
Pero dime –interpela muy seria- ¿el ratoncito Pérez existe?
Y yo le miento, por costumbre, para que le dure la magia.
Sí que existe, le respondo.
Como después me entere que es mentira te enteras, me amenaza.
Que el mundo anda lleno de mentiras.
Que la vida es un gigantesco malentendido.
Que Camarón era un genio.
Pero dime –interpela muy seria- ¿el ratoncito Pérez existe?
Y yo le miento, por costumbre, para que le dure la magia.
Sí que existe, le respondo.
Como después me entere que es mentira te enteras, me amenaza.
Que el mundo anda lleno de mentiras.
Que la vida es un gigantesco malentendido.
Que Camarón era un genio.

