Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

martes, marzo 23, 2004

Angustia, ecosistemas y agonías sobre el césped.

Angustia.
Alguien a quien no conozco me habló de luciérnagas cuando más lo necesitaba.
No se si está bien tras el atentado.
Tenía césped y un par de letras minúsculas a las que hacer cosquillas sobre el césped. Y una Ella a la que besar con la torre Eiffel al fondo.
Si ya no está no quiero saberlo.
Quiero pensar que sigue sobre el césped lleno de besos y cosquillas.
No bajo el césped.
Sobre el césped.
Sobre el césped.
Ecosistemas.
A Faunia con Pa por el día del padre.
Largas colas bajo el sol para ver falsos ecosistemas que sin gente estarían bien.
Entre multitudes es una tortura.
En la jungla tropical hay humedad, calor, asfixia y lluvias torrenciales de mentira.
Avanzamos como un paso de procesión con la claustrofobia a cuestas.
Cantaría una saeta, pero los gritos salvajes de los niños y de los monos ardilla ahogarían mi voz.
Miro a Pa.
Demasiado rojo. Suda a chorros. Le falta la respiración.
Es un cruce entre Indiana Jones y un rehén de la contra nicaragüense o un prisionero en el Sáhara.
Gritaría viva el frente polisario, pero no creo que le hiciera gracia.
No ha sido una buena idea.
Muerte por asfixia no es exactamente el regalo que había pensado para el día del padre.
Si sobre el césped.
No bajo el césped.
Pingüinos, monos, tucanes...
Y Ele minúscula mira las hormigas.
Focas, linces, perros de la pradera,...
Y Ele minúscula mira las hormigas.
Serpientes, murciélagos, leones marinos realizando saltos mortales...
Y Ele minúscula mira las hormigas.
Serán sus genes proletarios.
La próxima vez la llevo al metrosur.
Seguro que la encanta.
Compraventa de vivienda Cap. 18.789: Agonizando.
Hola, me llamo Ge y soy agonías. Diría yo.
>¡Hola Ge! Contestaría a coro mi grupo de agonías anónimos.
En caso de existir. Ellos.
En caso de asistir. Yo.
Pero ni existen, ni asisto. De modo que agonizo conmigo misma.
Uno de los bancos me estima unos gastos de gestión de préstamo equivalentes a darles mi primogénita y un par de órganos vitales.
¿Qué hago?
Agonizo.
Y llamo a Viana directora agonizando.
Y llamo, y llamo, y llamo.
Pero los directores de banco son como los dirigente mundiales.
No consigo hablar con ella.
Reuniones, clientes, compromisos...
Aunque a la vista de su saludable tono dorado de actriz californiana mi agonía no puede evitar imaginársela limándose las uñas y pensando en tablas surf y crema bronceadora mientras suena mi interminable y pesado ring al fondo.
Y me quejo.
Estoy agotada.
Tengo mucho trabajo.
Ele tose.
Una no puede ni agonizar a gusto.
Agonizo. Luego existo.
No bajo el césped.
Sobre el césped.
Todo marcha bien.

miércoles, marzo 17, 2004

La inmortalidad de los móviles.

El 33,3333333…% de mis lectores, es decir 1, vota al PP, de modo que para no quedarme con tan sólo 2 lectores voy a abstenerme de opinar sobre el tema elecciones, manipulación informativa, etc.
Sobre la salvaje matanza del jueves en el cercanías hora punta no tengo palabras. Sólo lágrimas y una angustia tan insignificante e inmensa como el ser humano.
El terror no es oír ladrar un perro más allá del malecón, como decía Cortazar.
El verdadero terror es el sonido de un móvil llamando desesperadamente a alguien para quién todo acabó.
Alguien que ya no tiene besos, ni risas, ni palabras, ni después, y tal vez ni tan siquiera tenga sus extremidades enteras.
El jueves por la noche mi tele no puede con tanto horror y se rompe.
93 €.
No tiene precio escapar a las imágenes de estos días.
Mi barrio es un barrio de inmigrantes.
Voy en metro.
Sube un joven marroquí con una mochila.
El vagón tiene miedo.
El marroquí tiene miedo de nuestro miedo.
Sus ojos gritan que a él también le duele el alma.
Detienen a un presunto suicida en la frontera de Israel. Se trata de un niño de 10 años.
Lloro.
Me manifiesto.
Voto.
Me compro un piso.
A una pareja japonesa, Yumiko y Kazuo.
Aunque apenas le conozco, hombre Zen me acompaña a firmar.
Paz oriental.
La vida es agua que fluye.
Voy a trabajar.
Firmo mi separación frente al juez.
Y fluye…
Pongo lavadoras.
Voy al cine a ver Kill Bill. Tan estética. Tan salvaje. Tan violenta.
Y fluye…
Bailo con Ele.
Leo el último de Harry Potter.
Llamo al técnico de televisores.
Y todo sigue fluyendo hasta que deje de hacerlo.
Y más tarde el móvil deje de sonar.
Duermo y sueño con mi pequeña casa japonesa llena de ventanas colgada del cielo.
Y cruzo los dedos para que nos lleve lejos del miedo.
Para sobrevivir a mi móvil...

martes, marzo 09, 2004

De jefes y hormigas.

Supersuper me comenta frente a un café:
Tienes que ver el telediario, no sabes lo bueno que está el líder de los rebeldes haitianos, con el uniforme de combate…
Y yo no se si reír o llorar.
Supersuper es mi jefa.
En una generación de mujeres autosuficientes y fuertes que buscan ser Trinity de Matrix, ella sueña con ser princesa de las de antes.
De dos dimensiones a lo Blancanieves.
De las que viven felices y comen perdices.
De protocolo y reverencia a lo Leticia Ortiz.
Supersuper es rubia y tiene los ojos de color imposible.
Supersuper gana tanta dinero que si lo piensas te entra la risa nerviosa.
Supersuper se acuesta cada noche con un príncipe jordano que la lleva a París por sorpresa, y al que admira cuando se quita la chaqueta del pijama.
Pero Supersuper sabe demasiado del cáncer y de enfermedades degenerativas.
Es una superviviente. Como esas hierbas que crecen en el asfalto no se sabe como.
Supersuper es reina y a la vez hormiga.

Joe Soprano sueña que vuela.
Pero vuela bajo.
A ras del suelo.
Tan bajo, que a veces se araña su compacta barriga de mafioso con el asfalto.
Cuando llega a casa, pequeños duendes femeninos le dan besos de curasana y de culoderana en la tripa.
Besos sanadores que aprendieron de la Mamma que todolosabe y no tiene miedo.
No cualquiera puede ser la mujer de un mafioso.
Después, Joe nada en la piscina.
Se tumba boca abajo sobre el césped y observa las hormigas de cerca con distancia.
Considera despedir al jardinero.
O quizá subirle el sueldo.
La Mamma se acerca con el ruido de alguien que no quiere hacer ruido y le tapa con una toalla llena de besos voladores.
Joe Soprano y Saravan vienen a ayudarme en mis asuntos inmobiliarios en calidad de arquitectos.
Me intimida.
¿Quién se sentiría cómodo si Marlon Brando le acompañara al mercado a comprar choped?
Tras el recado tomamos algo.
Mido palabras, gestos, voces, parpadeos.
Me sorprendo aguantando la respiración.
Cuenta algo divertido.
JAJAJA. ¡Maldita sea! Se me escapa la risa.
¿Alta? ¿A destiempo?
Tiemblo.
Tal vez levante una ceja. Un gesto con el brazo.
E invisibles secuaces a su servicio se encargaran de partirme las piernas.
Joe Soprano es jefe de Saravan.
Pero en sueños vuela bajo.
A ras del suelo.
Joe Soprano es rey y a la vez hormiga.

PD: Gente a la que no le intimida que El Padrino le acompañe a comprar choped: Supersuper, Leticia Ortiz, Be Superstar y George Bush.

martes, marzo 02, 2004

Semana más, semana menos.

Un capitán de fútbol se reafirma en su estupidez.
Rajoy lee el Marca.
Regateo con un pintor japonés para comprar su casa. A Ele minúscula le gusta la habitación de su hija Yuki y su perro Pipo.
Anda un poco colgada del cielo. La habitación.
El viernes duermo 18 horas seguidas.
Veo 21 gramos y me aprieta un poco por dentro.
Amo a Benicio atormentado.
Amelie Nothomb dice que tras la pubertad tan sólo queda un epílogo.
Tomo valium.
Insulto a un agente inmobiliario de cráneo pequeño.
Pinto con un boli verde.
Olvido el cumpleaños de Princesa.
Soy muymuymuy feliz tres minutos esta semana. Con esa felicidad del tipo quesepareeltiempo.
¿El resto?
Cansancio, gruñidos, internet, metro y estornudos.
Tormenta se asoma.
Me alegro de verla.

Resumen Oscars 2004.

Hombre Zen pone fin a una leyenda y gana en los Oscars.
O el turbulento chincha y rabia. No ha vuelto a ser el mismo desde el Goya a Fernando Tejero como actor revelación. Me gustaría que le diesen un Goya a Ana García Obregón. Sólo para ver que hace. O el turbulento.
Hada mala se baja del podium.
Yo sigo creyendo en las hadas. No creo que haya perdido el trono, simplemente se lo ha cedido a su amante.
Yo quedo segunda.
Le dan un Oscar a Sean Penn.
Me emociona porque habla de montañas rusas y de su princesa prometida y porque nació un día estúpidamente curioso…