Angustia, ecosistemas y agonías sobre el césped.
Angustia.
Alguien a quien no conozco me habló de luciérnagas cuando más lo necesitaba.
No se si está bien tras el atentado.
Tenía césped y un par de letras minúsculas a las que hacer cosquillas sobre el césped. Y una Ella a la que besar con la torre Eiffel al fondo.
Si ya no está no quiero saberlo.
Quiero pensar que sigue sobre el césped lleno de besos y cosquillas.
No bajo el césped.
Sobre el césped.
Sobre el césped.
Ecosistemas.
A Faunia con Pa por el día del padre.
Largas colas bajo el sol para ver falsos ecosistemas que sin gente estarían bien.
Entre multitudes es una tortura.
En la jungla tropical hay humedad, calor, asfixia y lluvias torrenciales de mentira.
Avanzamos como un paso de procesión con la claustrofobia a cuestas.
Cantaría una saeta, pero los gritos salvajes de los niños y de los monos ardilla ahogarían mi voz.
Miro a Pa.
Demasiado rojo. Suda a chorros. Le falta la respiración.
Es un cruce entre Indiana Jones y un rehén de la contra nicaragüense o un prisionero en el Sáhara.
Gritaría viva el frente polisario, pero no creo que le hiciera gracia.
No ha sido una buena idea.
Muerte por asfixia no es exactamente el regalo que había pensado para el día del padre.
Si sobre el césped.
No bajo el césped.
Pingüinos, monos, tucanes...
Y Ele minúscula mira las hormigas.
Focas, linces, perros de la pradera,...
Y Ele minúscula mira las hormigas.
Serpientes, murciélagos, leones marinos realizando saltos mortales...
Y Ele minúscula mira las hormigas.
Serán sus genes proletarios.
La próxima vez la llevo al metrosur.
Seguro que la encanta.
Compraventa de vivienda Cap. 18.789: Agonizando.
Hola, me llamo Ge y soy agonías. Diría yo.
>¡Hola Ge! Contestaría a coro mi grupo de agonías anónimos.
En caso de existir. Ellos.
En caso de asistir. Yo.
Pero ni existen, ni asisto. De modo que agonizo conmigo misma.
Uno de los bancos me estima unos gastos de gestión de préstamo equivalentes a darles mi primogénita y un par de órganos vitales.
¿Qué hago?
Agonizo.
Y llamo a Viana directora agonizando.
Y llamo, y llamo, y llamo.
Pero los directores de banco son como los dirigente mundiales.
No consigo hablar con ella.
Reuniones, clientes, compromisos...
Aunque a la vista de su saludable tono dorado de actriz californiana mi agonía no puede evitar imaginársela limándose las uñas y pensando en tablas surf y crema bronceadora mientras suena mi interminable y pesado ring al fondo.
Y me quejo.
Estoy agotada.
Tengo mucho trabajo.
Ele tose.
Una no puede ni agonizar a gusto.
Agonizo. Luego existo.
No bajo el césped.
Sobre el césped.
Todo marcha bien.
