Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, julio 26, 2003

Vigilancia en la trinchera

En el videoclub hacen la ola cuando entro. Soy la reina del Blockbuster. Creo que mi vida social hace aguas.
Yo me siento estupendamente, pero una parte de angustia me dice que debería salir. No sé muy bien porqué. Por vox populi, supongo, por lo mismo que se sabe que "el orden de los factores no altera el producto". Porque sí. Eso me digo mientras me atrinchero un fin de semana más.
En mi defensa, las palabras de un poema de Jenaro Talents:
Supongo que ser libre es estar solo,
aceptar la violencia con que la noche cae, sin otra compañía que la noche.
Son malos tiempos para la ternura.

La trinchera:
Montañas de lectura, con libros, revistas y prensa. Películas de dvd. Bosanova. Chorro de aire acondicionado en rostro, que me dan un aspecto de jaca que galopa. Una botella de Ribera del Duero. Un metro cúbico de palomitas. Y un mucho de hacerme la sorda frente al ring del teléfono.
Sola y feliz en mi trinchera. Bato palmas. Río. Me lanzo al sofá con carrerilla.
La omnipresente angustia me repite una vez más que debería salir. le digo que mañana para que calle. No importa un día más en la trinchera. Nadie me ve.
?Horror! Estoy equivocada. La tele me mira inquisidora, la mesa de centro me observa remolona. Y la pared con un ojo somnoliento. Y la lámpara de pie con mirada sorprendida. Y el teléfono interrogante, que al sonar cobra una intensidad que hace que me sienta de lo más incomoda... Pero lo peor de todo ha sido descubrir una sonrisa burlona en el cristal de la ventana, como si el gato de Chelsea de Alicia en el país de las maravillas acabara de desaparecer. A las miradas uno acaba acostumbrándose, pero las sonrisas despectivas... Esas si que duelen.
Sé que simplemente son las pegatinas de un libro de actividades de Ele minúscula, que trata de pegar partes de la cara en diferentes animales y personajes. Ele las ha pegado por toda la casa. Ojos, narices, bocas, orejas,... me rodean.
Ele minúscula, aunque no está, me vigila: me mira, me huele, me escucha.
Hace que me sienta culpable.
Tiene futuro en la CIA, o en las películas de Amenabar, como creadora de atmósferas inquietantes.
Escapo de la inquietante vigilancia. Salgo de casa.
Paseo por la plaza de España. Estoy tan cansada. Tras Él, hace siglos que no pienso en hombres. Me obligo a mirarlos. Algunos me siguen pareciendo atractivos. Continúo siendo heterosexual. Aunque mi visión tiene algo de taxidermista: lo único que me apetecería hacer con ellos es disecarlos y colocarles en una esquina del salón. Callados. Sin reproches. Sin malentendidos. Sin complicaciones. Ojos inmóviles que se unan a la vigilancia de Ele minúscula. Vuelvo a mi trinchera.
En la vida, todo es cuestión de acostumbrarse.

domingo, julio 20, 2003

La vida según Ma: "Si te aburres, limpia el polvo"

A O el turbulento le aburre la vida.
A él precisamente, que lee, viaja, vuela, se enamora, tiene dinero, sexo, juega al squash, tenis, baloncesto, esquía, asiste al teatro, al cine, a exposiciones, "guateques", tiene inteligencia, cultura, atractivo, un trozo de cielo para perderse en pleno centro de Madrid,... Se aburre.
Él, que en un mundo de juguete sería Ken Multiaventura. Él, que ha tenido, y tiene, tantas mujeres especiales en su vida.
Tuvo a M, con ese aspecto tan inteligente.
Y a Ale, con esa sobredosis de pasion por la vida.
Y a Son, un hada buena.
Y a Shu, un hada mala. Aunque está haciendo prácticas para hada buena. Como al fin y al cabo es hada, muchas asignaturas se las convalidan...
Y tuvo a Lu, capaz de escribir esos versos tan hermosos, que la convirtieron en una escritora famosa a nivel "mundo mundial" en la escala de Manolito Gafotas.
Y aquella que se parecía a la princesa de la Guerra de las Galaxias,...
Se aburre. ¿Por qué?
¿Le faltará Dios?
¿Le sobrará tiempo?
¿Le faltarán sueños?
¿Andará escaso de sentido del humor? Como le vaticinó aquel taxista en Barcelona
¿Se caería cuando era pequeño a la marmita de la angustia existencial? Como Obelix, pero en una pócima con peores efectos secundarios

Cuando era pequeña, en el tiempo en que aún pensaba que las madres todo lo pueden, y me aburría, me quejaba:
-¡Mamá, me aburro!
- Pues limpia el polvo,
contestaba.
No daba crédito a su estúpida oferta, ¡que limpase el polvo!
Esta respuesta me enseñó que las madres no sólo no lo podían todo, sino que tan siquiera tenían las respuestas. Me asomó a la soledad.
Hoy, trabajo 8 horas diarias, viajo en metro sin aire acondicionado, hago la compra en el hiper, pongo lavadoras, veo la tele, estoy acompañada cuando añoro soledad, y tan sóla cuando necesito a alguien,... en definitiva podría decir que me paso la vida limpiando el polvo.
Y es que parece que no hay más. Que la vida es esto.
Si eres cobarde, se te va limpiando el polvo; y si eres valiente, se te va mientras te aburres.
Y en cualquiera de los casos buscando puertas para escapar. Los realistas se suicidan, los que pueden se enamoran, la mayoría nos reproducimos, si eres mujer, te vas de compras,...

En definitiva, aunque las madres no lo pueden todo, ni tienen todas las respuestas, cuando me definió la esencia de la vida tenía razón: "Si te aburres, limpia el polvo".
Filosofa, mi madre.

sábado, julio 12, 2003

Robando sueños a desconocidos

Alguien que me lee, y a quien no conozco, cuenta que de vez en cuando sueña ser la chica del vestido amarillo de la película el Guateque de Peter Sellers. Y yo, ni corta ni perezosa le robo su sueño.
Y aunque no recuerdo la chica del vestido amarillo, de vez en cuando, me meto en su piel. Con su bonito vestido, en esa bonita casa, moviendo la cabeza a ritmo de hammond. Y como paralelamente voy en el metro sin aire, es el momento en que todo el mundo se anda tirando a la piscina con el elefante multicolor. Y yo, ando pensando si lanzarme o no, porque los cobardes lo somos también en los sueños.
Sé que robar esta mal, pero en una fiesta con tanta gente, no pasa nada porque haya dos chicas de vestido amarillo.
En casa de mis padres, cuando era pequeña, el día de Santa Lucía, al acercarse la Navidad, poníamos el Nacimiento. Cada año ibamos a la plaza Mayor a comprar un par de figuritas nuevas, que mi hermano y yo, llamabamos fichas.
- ¡Venga!. Vamos a por fichas. ¡Venga! Suplicábamos hasta vencer por aburrimiento.
Siempre íbamos. Siempre olvidábamos llevar una "ficha" de muestra. Así, al llegar a casa, nos encontrábamos con que habíamos comprado figuras mucho más grandes o mucho más pequeñas que las que teníamos, e incluíamos el pastor y la lavandera gigantes, o el centurión y el burro enanos. Un Nacimiento de lo más Gulliveriano. Pero a lo que iba, a veces, comprabamos figuras repetidas. Y ahí quedaban los pastores mellizos, incluso teníamos unos trillizos. Y no pasaba nada. ¿Qué importa que haya dos chicas vestidas de amarillo en un Guateque soñado?
En mi descargo copión, decir que ando MUY necesitada de Technicolor, a causa del exterminio nazi.
Leí "Si esto es un hombre", el primer libro de la trilogía autobiográfica de Primo Levi.
En algunos fragmentos, se percibe un terror tan abismal, que no consigo alejarme de ello...
Entraban en el campo los que el azar hacía bajar por un lado del convoy; los otros iban a las cámaras de gas. Así murió Emilia, que tenía tres años; ya que a los alemanes les parecía clara la necesidad histórica de mandar a la muerte a los niños de los judíos.
Emilia, hija del ingeniero Aldo Levi de Milán, que era una niña curiosa, ambiciosa, alegre e inteligente, a la cual, durante el viaje en el vagón atestado, su padre y su madre habían conseguido bañar en un cubo de zinc, en un agua tibia que el degenerado maquinista alemán había consentido en sacar de la locomotora que nos arrastraba a todos a la muerte.

He tenido pesadillas por la noche. Me acordaba de Emilia durante el día.
Para mayor alegría, continúan las desagradables negociaciones de la separación. Con el mediador. Esta vez no nos toca Pumuki. En su lugar un hombre. Menos amoroso, menos eficiente.
Soy incapaz de expresarme. No, no me he quedado muda. Al revés. No paro de escupir estupideces. Desordenadas. Equivocadas. Me voy poniendo nerviosa por momentos. Intento explicarme mejor. No lo consigo. No hay Dios que me entienda. Insulto. La estoy cagando.
El Sr. Mediador, que ha vivido en USA, me habla muy despacio. Como si fuera subnormal. Él, que conoce mi don genético para expresarme como el culo, pinta en su cara sonrisitas paternalistas.
Si se me estuviera juzgando, me quitarían a Ele minúscula, y me declararían culpable de crímenes contra la humanidad: Yo, Hitler, Himmler, Goebbels, y Eichman.
Cierro los ojos, suena el hammond, bebo martini blanco con palito y aceituna, llevo un vestido amarillo, y bailo al lado de la piscina. Un par de tipos exactamente iguales y algo raros me preguntan por dónde se va al portal de Belén. Los pastores repetidos de mi infancia, se me han colado en el sueño. Abro los ojos. El mediador y mi ex siguen ahí. Mirándome.
Mientras no entre la SS vamos bien.

sábado, julio 05, 2003

Si Lorca levantara la cabeza en el Champion de mi barrio...

Con el vacío de Ele minúscula, y con el efecto colocón causado por el trifásico, (Couldina + Gripal + Redoxon), que me tomé para vencer la gripe, me dirijo al Champión del barrio a por zumo de naranja. Es sábado. Las 4h. p.m., 39 grados en la calle y en el cuerpo. Por el pasillo de los cogelados deambula una mujer mayor, de luto, seca, recia, fantasmal. Parece Bernarda Alba. ¡Si Lorca levantara la cabeza y la viera entre tanto embase multiculor y tanta oferta!. Tan anacrónica, tan de Almodovar. Se le acababa la poesía para siempre.
En la sección lácteos, un homosexual de setentaymuchos habla sólo. Bajito, pausadamente, como si recitase un monólogo teatral. Me acerco. Le escucho. Únicamente duda sobre que leche a elegir. Sólo, muy sólo. Parece culto. Como el colocón me ha dado literario, me viene a la cabeza Aschenvach, el protagonista de "Muerte en Venecia". Esta vez no voy a pensar en si Thomas Mann levantara la cabeza, que se me esta llenando el Champion de fantasmas.
Me apetece preguntarle si le gusta Venecia. No lo hago.
Me apetece coger de la mano a Bernarda, como hace Lucía conmigo, para que lleve de paseo mi soledad minúscula a la sombra de su soledad abismal. Tampoco lo hago.
Me marcho a buscar refugio en el Blockbuster.
Acaban de estrenar en vídeo y DVD "Dardevil". Solo queda una. La cojo. Ben Afleck vestido de apretado cuero rojo puede ser lo que necesito. Me lo pienso. Cuchicheos a mi espalda. Sigo pensando. CUCHICHEOS más altos a mi espalda. Movimientos inquietos. Tensión. Me doy la vuelta. Unos 5 adolescentes babean ante la última copia de Dardevil en mis manos. Me muevo. Ellos me siguen. Por si cambiara de opinión, por si sufriera un paro cardiaco, por si me intimidan o me apenan sus miradas asesinodeseosas, supongo. Ja! Intimidarme a mí, que vengo de asomarme a la negrura de Bernarda, y a la decadencia de Ashenbach. Ja! Me entran ganas de decirles: Miraditas a mí. ¡Si vengo del Champion! Pero por otra parte, es tan agradable que le persigan a una los adolescentes a estas edades. Creo que voy a tardar muuuuuchooooo en salir de aquí. Además, para un fantasma transitorio* como yo, está mucho mejor vagar por el Blockbuster que por el Champion, que hay mucho nivel, tan lleno de los clásicos.
Por si a alguién le interesa, no había zumo de naranja natural. Los otros no me gustan.
*Regresaré al mundo de los vivos cuando vuelva Ele minúscula, y se me pase el efecto del trifásico.

miércoles, julio 02, 2003

Miss Universo Obraman

Me gusta. Pasar delante de una obra y comprobar que hay tradiciones que no desaparecen. No importa que tengas 16 o 96 años, que uses una 36 o una 48, que seas morena, rubia, o calva, que seas Jamaicana o de Teruel, que seas diputada o limpies WC. No importa. Aunque la licra ayuda. Las voces se alzan a la vista de una presunta forma femenina. Discriminación sexual indiscriminada. Me gusta. Sin exigencias. Sin motivos. Sin análisis. Sin pensar. Gritos que descubren que estás viva.
El vigía da la voz de alarma desde un mar de ladrillos, la tripulación dispersa le secunda. No muevo ni un músculo. Continúo mi camino. Cara de poker. Sé que existo.
Saboreo los "piropos". Todos. los clásicos, los cursis, los sorprendentes, los originales, los porno, los bastos, los cinematográficos... Una vez me gritaron ¡Chocho loco, siempre nos quedará París! Estupendo ejemplo bastosorprendentecinematográfico.
Sé que también se puede encontrar algo parecido con los militares. Para mí no es lo mismo. Siempre preferí, palillo y carajillo, a botas y fusil.
Últimamente, las obras se han llenado de inmigrantes, aportando una dimensión internacional de lo más cosmopolita. Voces nigerianas, rumanas, ecuatorianas, polacas, de Alcorcón, argelinas, peruanas, marroquíes, argentinas, ah! supiro, argentinas,... Las escucho. Me disfrazo de esfinge. Acelero el paso. Estoy viva. Existo. Soy Miss Universo Obraman.

Cuando era pequeña me obsesioné durante mucho tiempo por la casificación de mi belleza. ¿Soy guapa mamá?, ¿abuela, soy guapa? Preguntaba. Del montón, respondían. Sí ya, pero ¿de que montón? Insistía. Pues de que montón va a ser, se impacientaban, del de el medio, ni guapa, ni fea. Llegado a este punto, detectaba el bofetón a las puertas y callaba. Pero por dentro me hacía ilusión pensar que "el de los montones", había puesto en el medio el montón de las guapas, asi que, aunque nadie más lo sabía, yo era guapa, que es lo que por aquel entonces me importaba.
Años más tarde, pasaría frente a una obra y alguien gritaría ¡Guapísima!
Reafirmo mi teoría de los montones.
Poco más tarde de los años más tarde comprobaría que había guapísima para todas: mi madre, mi abuela, un cura de los de antes, por la confusión por las faldas de la sotana, seguro que habría un guapísima para Jordi Pujol con peluca.
Cae mi teoría de los montones.
De cualquier modo le tengo cariño a esta discriminación sexual indiscriminada. Nadie es perfecto, aunque si pasas por delante de una obra...

Recomendación: vease la película documental "En construcción".