Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, septiembre 17, 2005

De Aliens y luciérnagas.
Los seres humanos es lo que tienen, unas veces andan con la barriga llena de Aliens y demonios, y otras están repletos de luces y vuelos de luciérnagas.
Tormenta anda cansada de torear, de modo que al Artista no le queda más remedio que bajar al ruedo.
Resulta raro verle andar por la plaza tan perdido, aunque lo verdaderamente sorprendente es escuchar ese silencio de Tormenta que ensordece.
Deberíamos cantarle una canción para espantarle los Aliens, pero en medio del desconcierto nos dedicamos a masticar su silencio y hacer estúpidas pompas que la harán sentirse peor.

El libro de Artista, y un poquito mío, al fin ha salido, como la inesperada llegada de un deseado hijo adoptado. Que no es exactamente mío pero sí lo es.
Es bonito y cercano, como el dedo gordo del pie de Ele minúscula.
Me emociono. Me hincho. Flump. Llena de luz y luciérnagas.
- Mira mi foto, lo ha escrito Ma, la digo.
Se emociona porque me emociono. Se infla. Flump.
Y me vuelvo a emocionar por su emoción. Y me hincho aún más. Flump.
Se emociona, me emociono, se emociona. Flump, flump, flump.
Así hasta que estallamos dejándolo todo perdidito de vísceras, sangre y luciérnagas.
- Que no se haya manchado el libro, pienso.
Se vende en una bonita librería de Chueca, muy blanca y de techos altos, en la calle Hernán Cortés, de cuyo nombre quiero acordarme y escribirlo con mayúsculas, por si a alguien le interesa.
PANTA RHEI.
Ya la publicitaba Heráclito hace más de 25 siglos.
Más que una librería.
Además de ser un multiespacio cultural, con sala de exposición, también su nombre puede ser utilizado como mantra; Útil en atascos, en madrugones, en peleas familiares, en reuniones de vecinos, en vagones de metro abarrotados, o cuando tu novio te abandona.

Pensando en todo este fluir, me dan ganas de gritar que quiero tiempo.
Tiempo para entrar y salir de los cines. Para leer hasta quedar dormida. Para escribir. Para hacer cosquillas a Tormenta y a Princesa. Para recortar los dibujos del artista. Para escribir. Para explotar con Evita Dinamita. Para jugar con las Hadas. Para escribir. Para escuchar historias del Kilimanjaro. Para desayunar con SuperSuper. Para escribir. Para ganar a Zen y al Turbulento en la noche de los Oscars. Para tocarle la barriga a Carmencarmen. Para escribir. Para babear con Él. Para andar de la mano del Innombrable. Para escribir. Y sobre todo mucho, mucho, mucho tiempo para hablar con Ele minúscula de nuestras cosas.
Y mientras pienso en el tiempo que se me encoge, la llegada de la jornada partida se me echa encima como un gigantesco ALUD.
Dejándome a oscuras y en silencio en el gris de la oficina.
Envidiando a hadas malas voladoras que viajan por tierras gallegas a casas llenas de ventanas que contienen mares y cielos.
Para salir del ALUD leo la autobiografía de Navokow, que va y me dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas. Y ahí ya si que me mata.
No me queda más remedio que acostarme, como quien en la película Alien se marcha al rincón más oscuro de la nave a dejarse matar.

domingo, septiembre 04, 2005


A cámara lenta

A Nueva Orleans, tras el huracán Katrina, la ayuda humanitaria llega deemaasiiaadoo deespaaciioo.
Las cifras de refugiados desbordan las previsiones.
Reina el caos.
La desesperación de los supervivientes crea verdugos, víctimas, héroes, asesinos y ladrones.
Y nosotros, desde nuestras casitas con agüita, luz, cerrojo para los malos y nevera llena, andamos preocupados por el último estreno de Fernando León de Aranoa en el cine, nos echamos las manitas sobrealimentadas y consumistas a la cabeza y exclamamos comopuedesercomopuedeser un ratito, tan sólo mientras avanza deespaaciioo la cola del cine, a la espera de ver una hermosa y falsa historia de princesas que no lo son.

Mientras, los fascículos y las colecciones absurdas caen de los árboles anunciando otro otono, otro curso, otro ano.
Forro 70 euros de libros de texto, que maldita la falta que le hacen a un nino que aún no sabe leer.
Ele minúscula juega en bragas y katiuskas.
Leo a Chejov que hace juego con las botas y con los ciclos vitales. Nacer, crecer, amar o no, morir y ya.
Planes para ser más listos, más felices, aunque lo único seguro es que seremos más viejos.
Planes para todos.
Ele minúscula podría ir a natación, pienso.
Tienes que venir a las 6.30h a coger número.
De la tarde. Confirmo.
De la manana. Desconfirman con tonillo burlón.
Voy por curiosidad de ver a un funcionario trabajando a esas horas y porque los padres de hoy somos estúpidos.
En medio de una calle sin montar, antes del amanecer, formo parte de una cadeneta de padres sobreobsesionados por darles el mundo entero a sus hijos para que manana se lo coman. Mientras vamos siendo masticados por el tiempo. Sin darnos cuenta. Sin que importe. Porque cuando ellos crezcan se comerán el mundo y todo quedará en paz.
La cola se mueve taan deespaaciioo.
Horas más tarde esperamos en una sala la asignación de 40 plazas entre 160 números.
Creer en lo imposible. Como animar a Espana en los mundiales.
Una mujer entra con su número en una mano y cinco ninos escalonados cuán los hermanos Dalton en la otra.
Atraviesan la sala miradas llenas de cuchillos hacia esos ninos que amenazan las plazas del resto de las camadas.
Las vacantes se van acabando.
No queda para natación básica.
No queda para matronatación.
No queda para natación nivel 1.
No queda para psicomotricidad.
Nos informan.
Pues la apunto a Natación avanzada.
A salto de trampolín.
A submarinismo a pulmón bajo el hielo.
A iniciación a la taxidermia.
Pienso por aprovechar la absurda espera.

Hacia el mediodía abandono la inútil sala.
Salgo a una calle que es mi calle pero es otra.
Con jubilados que no dan a basto en supervisar tanta obra.
Con bebes y ninos de vacaciones.
Con amas de casa de las de antes y chicas de servicio.
Sólo el yonqui, el borracho y el parado son los mismos.
Una calle que se mueve mucho más deespaaciioo.
En una ciudad en la que ya estamos todos.
Los solitarios del Madrid de agosto, tristes por la invasión.
Los que regresan, tristes por volver.
Y todos respondiendo al quetaltusvacaciones por no llorar.
Madrugando y trabajando de nuevo pero aún con resaca.
Deespaaciioo, muuyy deespaaciioo.