¡Por Tutatis! El cielo se desploma sobre nuestras cabezas!
De la hija...
En la pared frente a mi cama colgué el mar. Se ha caido tantas veces, que Ele minúscula, cada vez que lo ve grita ¡e cae! Como sus asociaciones son muy libres, confunde mar y cielo, y cuando vamos por la calle, señala hacia arriba y grita ¡e cae!, como si fuera una habitante de la aldea Gala de Asterix, con la creencia de que el cielo puede desplomarse sobre su cabeza.
De la mediadora...
Comienzan los trámites de la separación. Tengo una especie de asesora que me recuerda a Pumuki. Dice una frase con la palabra desamor y se me caen un par de lágrimas. Si hubiese sustituido la palabra desamor por cualquier otra: tejemaneje, chipiriflaútico, chundachunda,... el resultado sería el mismo. Lloro porque ahorasiquesique.
Pumuki es fenomenal. Tu le preguntas cualquier aburrida cuestión legal que llevas dentro y te lo explica llena de dulzura y con una sencillez esquemática; como si se dirigiera a un par de enfermos terminales algo lerdos. Nos hace bonitos dibujos explicativos. Me agacho para ver si tiene naranjas y peras para ponernos ejemplos didácticos.
¿Qué buscas? Me pregunta. Nada. Respondo. No lo entendería.
Hay momentos en los que no parece tan descabellado que el cielo se desplome sobre mi cabeza.
De madres...
A mi mamá se le ha descolocado un hueso cercano al pulgar. Su mano me recuerda a una pata de pollo. Me conmueve. Envejeciendo con su pata de pollo.
La abrazo y la digo: ojalá pudiera llevarte a los 40 años.
Y por qué no a los 25, me responde. No quedaría bien una madre más joven que la hija, replico.
¿Hasta dónde llega la renuncia de una madre por su hija?. Siento tal vértigo y tal cariño infinitos, que creo que definitivamente el cielo se me ha derrumbado sobre la cabeza.
