Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

jueves, junio 26, 2003

¡Por Tutatis! El cielo se desploma sobre nuestras cabezas!

De la hija...
En la pared frente a mi cama colgué el mar. Se ha caido tantas veces, que Ele minúscula, cada vez que lo ve grita ¡e cae! Como sus asociaciones son muy libres, confunde mar y cielo, y cuando vamos por la calle, señala hacia arriba y grita ¡e cae!, como si fuera una habitante de la aldea Gala de Asterix, con la creencia de que el cielo puede desplomarse sobre su cabeza.

De la mediadora...
Comienzan los trámites de la separación. Tengo una especie de asesora que me recuerda a Pumuki. Dice una frase con la palabra desamor y se me caen un par de lágrimas. Si hubiese sustituido la palabra desamor por cualquier otra: tejemaneje, chipiriflaútico, chundachunda,... el resultado serí­a el mismo. Lloro porque ahorasiquesique.
Pumuki es fenomenal. Tu le preguntas cualquier aburrida cuestión legal que llevas dentro y te lo explica llena de dulzura y con una sencillez esquemática; como si se dirigiera a un par de enfermos terminales algo lerdos. Nos hace bonitos dibujos explicativos. Me agacho para ver si tiene naranjas y peras para ponernos ejemplos didácticos.
¿Qué buscas? Me pregunta. Nada. Respondo. No lo entendería.
Hay momentos en los que no parece tan descabellado que el cielo se desplome sobre mi cabeza.

De madres...
A mi mamá se le ha descolocado un hueso cercano al pulgar. Su mano me recuerda a una pata de pollo. Me conmueve. Envejeciendo con su pata de pollo.
La abrazo y la digo: ojalá pudiera llevarte a los 40 años.
Y por qué no a los 25, me responde. No quedarí­a bien una madre más joven que la hija, replico.
¿Hasta dónde llega la renuncia de una madre por su hija?. Siento tal vértigo y tal cariño infinitos, que creo que definitivamente el cielo se me ha derrumbado sobre la cabeza.

lunes, junio 23, 2003

Regreso a mi planeta, pero,... ¿en que año estamos?
(Lo mismito le paso a Charlton Heston en "El planeta de los simios")

Estas vacaciones han estado llenas de algos. Algo de road movie. Algo cortas. ¡No quiero volver a trabajar! Algo largas. ¡Quiero ver a Ele minúscula! Algo de Thelma y Louise en el cañón del Colorado. Algo de Pili y Mili van de compras...
Y llenas de muchos: mucho desierto, mucho viento, mucho sol, mucho viento, mucho polvo, y mucho viento.
Regreso con unas pocas fotos, con un trocito más grande de Shu, y sin color a puerro cocido.
Al atardecer, la luz era tan perfecta que te ponía los pelos de punta, te subía la risa nerviosa, y deseabas trepar al capó del coche a gritar con el alma. Tan diminuta y tan inmensa al mismo tiempo. No lo hice ¿Dónde andará esa yo imaginada que si se subió a gritar al capó del coche?
No puedo dejar de pensar en el Cabo de Gata en invierno. En soledad. Con el incesante sonido del viento que te puede transformar en el Jack Nicholson de El Resplandor...
Tengo el televisor de fondo mientras escribo.
Braulio, Micky, Los tres sudamericanos, Juan Bau, José María Iñigo, Luis Aguilé... Tanto revival me descoloca. Tengo miedo de mirar al sofá, por si me encuentro a mi misma con 7 años, en pijama, suplicando "mamaunratitomás", porque no quiero irme a la cama.
Voy a buscarme en el espejo, a acostarme, y a leer poesías que me espanten ese pijama floreado tan sintético de los almacenes Arias, que lleva la niña del sofá.
"Hay un cuerpo queriendo nacer bajo mi cuerpo,
el cuerpo inalcanzable, bello, enhiesto, de la joven que fuí,
que sigo siendo cuando cierro los ojos y rehuso mirarme en el espejo".
Dice Gioconda Belli.
Pues si que estamos bien.
Al menos del pijama no dice nada.

domingo, junio 15, 2003

Cerrado por vacaciones

Me voy. Sólo una semana. Al Cabo de Gata.
Una niña de tres años ha muerto porque en el reparto de allá arriba, le tocó ser hija de un presunto dirigente terrorista palestino.
Yo me agobio por el precio de los pisos. Me quejo por no poder ir a Formentera
Me siento mierda por mis preocupaciones de mierda.
De cualquier forma, me voy.
A escuchar el mar, a buscar el rayo verde en el horizonte, a construir nuevos sueños que sustituyan los que se me han caído, y a olvidar la soledad de este mundo sin Dios.
Esto de hacer las maletas me pone de un denso oscuro, que me tiene harta. O tal vez la culpa sea de la película de ayer: "Kamtchaka", con esa tristeza por la pérdida constante en la voz de un niño de 10 años. Cuando su padre se le "escapa" del encuadre de la foto, dejandole sólo el paisaje vacío. Cuando Cecilia Roth expresa lo peor, no volver a ver a sus hijos... Menos mal que no cogí "El pianista". En fin.
Hasta la vuelta.
PD.: Lo he vuelto a hacer. No se porque demonios me empeño en meter las zapatillas de deporte en la maleta "para hacer footing por la playa al atardecer", si jamás en mi vida "he hecho footing por la playa al atardecer", a pesar de meter las zapatillas de deporte en la maleta para "hacer footing por la playa al atardecer". Pero, ¿y si esta vez...?"

martes, junio 10, 2003

Separada, con hija, y sin cojera, busca casa.

Unos amigos han vendido su piso. Y tal vez por aquello de que "las casas se quedan con un trocito del alma de sus habitantes", o por que el ser humano es un absurdo cotilla, o porque cada vez me cuesta más encontrar algo que decir, pregunté:
¿Y quién os la ha comprado?
Una mujer separada, con una hija, y algo coja, me respondieron.
Me decepcionó la respuesta. No sé que esperaba. "Un violonchelista polaco y su Iguana Federica", "una levantadora de piedras vasca y su novia poeta", "Pipi Calzaslargas y su caballo a lunares", "Esperanza Aguirre para utilizarlo como nido de amor en sus encuentros secretos con el cantante de Extremoduro"...
Yo ando buscando casa. Cuando la compre, alguien preguntará al propietario, ¿quién la ha comprado?
Una separada con hija y sin cojera, será su respuesta. Decepción. Ni siquiera coja, pensará.

De madrugada, para no pillar atasco, Siempre S y yo salimos a cazar piso.
En la Gran Vía de San Francisco apuntamos un teléfono de Se Vende. Llamo. Por la astronómica cifra, pienso si el teléfonó estaba en la vidriera de San Francisco el Grande, o en la pared de la Catedral de la Almudena, o tal vez en un balcón del Palacio Real,...
No me desanimo. Visito pisos que, prescindiendo de algún órgano que no utilice mucho, tal vez podría pagar. Una tortura. No puedes escapar. Tienes que masticar el Diosmíoquehorror, y disimular con cara de poquer enumerando interiormente lugares en los que vivirías antes que ahí: la prisión del "Expreso de la medianoche", el hospital psiquiatrico de "Alguien voló sobre el nido del cuco",...mientras te informan que el mural que te recuerda a una ataud gigantesco, tamaño Titanic, con sus figuritas de lladró, va incluído en el precio. La abuela, desde un sillón junto a la ventana grita, ¡¡¡NO, NO, NOOOO!!!
No quiere irse de aquí. Es que son muchos años. ¿verdad, abuela? Me informan.
¡¡¡NO, NO, NOOOOOOOO!!!!! Grita aún más alto.
Claro, digo, por no gritar socorro. Quedaría raro.
Después de esto sigues al agente inmobiliario sin rechistar. Presento un comportamiento masoquista enfermizo, sin personalidad. En vista del horror anterior, la calle es maravillosa. Luce el sol, los niños juegan, los pájarillos cantan,... pero al doblar la esquina, aparece un callejón gris, con un edificio oscuro, sucio, terrorífico. Transilvania, año 1900. Lanzo una mirada suplicante quenoseaquíquenoseaaquíquenoseaquí. Él me mira y asiente. No hacen falta palabras. Es aquí.
No puedes explicar el porqué, pero sabes que no puedes evitar seguir adelante. Si al menos hubiera metido los ajos y un crucifijo en el bolso...

miércoles, junio 04, 2003

La realidad del moro Muza

"Estamos hartos de realidad, queremos promesas", dicen que dice una pintada Bonaerense.
Mis padres están pasando un par de días en casa porque están de obras. Esto si que es una sobredosis de realidad.
Son las 2:45 de la madrugada. Ele minúscula tose a cada momento. Se despierta. Se queja.
MA sale en camisón para coger, consolar, mimar, a Ele minúscula.
Yo intento detenerla para que Ele minúscula no se subleve. No dejarla alcanzar la cuna.
Mientras defiendo el frente se me cuela la canción del moro Muza en la cabeza:
El moro Muza sale de la tumba, va por los pasillos, en calzoncillos, sale al balcón, se pone el camisón.
La cantaba con mi hermano cuando era pequeña.
PA aprovecha la coyuntura para vivir un momento sindicalista:
-Y mañana tendrás que ir a trabajar. Sin haber dormido. Todo el día. Y Aznar te dá 120 Euros al mes como si resolviera algo con eso. ¡Con esa miseria!
Las 3 de la mañana. Ahora se me cuela Aznar en camisón, el del moro Muza, que se ha debido de volver a meter en casa a deambular por los pasillos
Estoy por llamar a mi hermano y cantarle la canción.
Ele minúscula, animada por el ambiente lúdicofestivo se arranca con un pupurrí de todos los cánticos que han pasado por sus orejas, completando el cuadro flamenco familiar.
Las 3:45. Decido no llamar a mi hermano. Pienso que mejor llamar al moro Muza para decirle que se large de mi cabeza. ¿Tiene alguien el teléfono del moro Muza?, ¿y de Aznar?.