Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

domingo, octubre 30, 2005

Lectores de ...
La presentación del libro es un decorado de Sexo en Nueva York. Mucho mejor que Oz. Un lugar dónde quiero estar.
El Innombrable ha de abandonar la Torre.Ya ni Ele minúscula ni yo podremos subir a jugar a abarcar la Gran Vía con dos dedos de una mano.
Hada mala me lleva a sobrevolar un concierto de los Imposibles que es Liverpool en un documental sobre música antes de que yo naciera o la película Quadrophenia. Suenan los Beatles y el público mueve el flequillo, las gafas de pasta y la camiseta de rayas al son de la música.
Princesa lucha con los bárbaros.
En la jaula, pese a intentarlo, sigo sin poder comportarme como un humano estándar; continúo poseída por la portera de Mujeres al borde de un ataque de nervios, que que más quisiera ella que poder mentir.
O el Turbulento me imita en su blog y le sale fenomenal. Tiembla Julio Sabala.
Leo a Thomas Bernhard fascinada por su oscura visión del hombre y de la vida, que comparto. Fascinada por su ausencia de de sentido del humor, aunque sea negro, que no comparto en absoluto. Claro que yo no he pisado la mano de un ni?o muerto, pensando que se trataba la mano de un mu?eco en un primer momento.
Bernhard se acaba suicidando como mi lector de dvd.
Mi lector de dvd se anda suicidando desde hace tiempo.
Un día decidió que basta, que estaba harto, y se fue dejando ir.
Saltaba escenas, las paralizaba eternamente, las emitía entrecortadamente como si todos los protagonistas fueran C3po o se tratase de una competición de chistes de tartajas.
Yo le decía que no podía ser, que tenía que cambiar de actitud, que no me obligara a hacerlo. Y él se limitaba a escupirme el disco con chulería, incluso con desprecio.
A menudo metía un disco y él, con toda su caradura, me decía que No disc.
- Cómo que no disc? cómo que no disc? Lo acabo de meter y tú y yo lo sabemos. Le gritaba.
Como el noesloqueparece del infiel que sorprendido en la cama en compa?ía.
- Cómo que no es lo que parece? Cómo que No disc?
Si uno mete el disco en el dvd y este le dice que No disc, qué es lo próximo? Que me de miedo a entrar en la cocina, miedo a lo que pueda pasar, la tostadora se ha vuelto asesina, el lavaplatos no me puede ver. Se han rebelado todos a la vez, la Turmix la plancha y la Moulinex.
De modo que me planto y se acabo. Adiós.
Voy a un hipermercado, y como mi problemático dvd tenía un precio astronómico, pido un lector de dvd barato, muy barato.
Y me muestra uno tan barato que me da la risa. A la chica que me lo vende, como no sabe que hacer, le da la risa también. Y yo creo que de la caja del dvd se oían risas. Creo que me caerá bien, así que me lo llevo.
Llego a casa y lo conecto.
Introduzco discos cuyas extensiones tienen todas las combinaciones de letras posibles y todo lo lee. Pienso en meter folios escritos. Una galleta. Mis pensamientos.
Quizá lea el pensamiento.
Pienso en la invasión de los ultracuerpos. Miedo.
Lo desconecto con rapidez y me acuesto.
A leer a Bernhard.

sábado, octubre 15, 2005

Y sin tener porqué.

Mr Kazuo viene a mi casa, que ayer fue suya, a recoger unas cartas de la embajada de Japón.
Llega puntual.
Con rapidez y ceremonia se produce el intercambio.
Para ti, para Ele.
Para Yuki. Tus cartas.
Recoge mi ofrenda.
Y con pasitos breves, inclinaciones de cabeza y varios adiós-gracias adiós-gracias, vamos escenificando una ortopédica danza de despedida hasta que desparece tras la puerta.
No sé a que viene lo de los regalos.
Como si fuésemos un Jefe Sioux y un antropólogo americano.
Como si fuésemos un terrícola y un extraterrestre en son de paz, (me pido extraterrestre).
Mi regalo es una postal y un bolígrafo del Tokyo National Museum, con una ilustración de un tal Toshusai Sharaky.
Me parece lejano y gracioso. Especial.
Más hermoso aún por lo inesperado y el sin tener porqué.

Otro fenómeno inexplicable es el de la memoria últimamente.
Como decía Ray Loriga en Tokyo ya no nos quiere, la memoria es como un perro, le lanzas un palo y te puede traer cualquier cosa.
Y a mí venga a traerme recuerdos bonitos.
Que si paseo por una ciudad del otro hemisferio terrestre con amor y con mocos. Que si juego a las luchas de Bruce Lee con mi hermano. Que si alguien me despierta y me lleva en brazos hasta la ventana para mostrarme un paisaje nevado instalado mientras dormía.
Y yo ni siquiera peso.
Mucho mejor que en la realidad.
Preocupante si uno que es más bien dado a refocilarse en su angustia.
Encuentro esta felicidad de lo más sospechoso.
De modo que aquí ando preguntándome que me traeré entre manos, y asustada ante la posibilidad de tener que tirar toda una vida de oscuridad y pesimismo por la borda.
Tan féliz. Y sin tener porqué.

La presentación del libro Retratos se acerca, y a uno le entran ganas de correr como si le persiguiera Satanás o de tener un clon para que lanzarle a él a que se desenvuelva con los humanos.
Menos mal que existe Tormenta con sus superpoderes.
Te mira a los ojos y te dice que el oscar a mejor interpretación femenina es tuyo.
Y tú vas y te los crees. Es mío, susurras bajito.
Ni siquiera te mosquea el hecho de que no eres actriz y jamás has actuado en ninguna película.
Tú la crees y flotas sobre tu cabeza agarrada a una estatuilla.
Juro que es así. Un superpoder. Y sin tener porqué.

PD. Ahora el libro de Retratos se vende en Panta Rhei (Hernán Cortés,7) y en Isolee (Infantas, 19). Cosas de Tormenta que si quisiera lo podría colocar en el Tokio Nacional Museum, en un tenderete en la capilla Sixtina del Vaticano o en la estación espacial internacional.

domingo, octubre 02, 2005

De sombreros mexicanos.

Recibo un mail de un individuo mexicano o no, con internet nadie sabe, invitándome a escribir algo sobre veletas y cielos.
Es estupendo su mail porque me lleva a querer ser un actor mexicano para decir te quiero con ese acento tan claro, y para poder llevar uno de esos sombreros tan raros, como canta La buena vida, Ele minúscula y yo.

Tal vez no sea mexicano. Puede ser una colegiala de Carabanchel alto aficionada al tequila y a las telenovelas. Un exfuncionario de prisiones retirado. Un guía de la Patagonia harto de fotografiar glaciares y escuchar el viento. Un conductor de autobús chileno con alopecia interesado en literatura y admirador de Dolly Parton. Una ama de casa de Cincinnati matriculada en un curso de castellano para principiantes que se aburre. Un científico cansado de jugar con células madre que navega para relajarse.

Hay noches que en la cama escucho al vecino gris que al contarle un cuento a sus hijos brilla, y aunque lo ignora, lleva puesto un sombrero mexicano. Es entonces cuando uno piensa en paz que no hay nada más.
Hay noches en las que Ele minúscula tose hasta el infinito y más allá, levantándose al día siguiente con pelos de loca y humor de perros. Y frío y sueno y cansancio. Es entonces cuando uno se pregunta desesperado si no hay nada más.
Y piensa en sombreros mexicanos.

Trabajar no deja apenas tiempo, uno se acostumbra como se acostumbraría si perdiera alguna extremidad. Como se acostumbra a la idea de la muerte sin gritar desesperado todo el tiempo. Como nos acostumbramos a vivir bajo una dictadura, yo y la generación de predemocráticos a la que pertenezco. Quizá por eso a mi madre y a la Espana de entonces les gustaba Jorge Negrete.

Escribo esto mientras Ele minúscula a mis pies dibuja incansable ángulos con un porta ángulos amarillo hasta el desmayo. Con la inexplicable e inabarcable pasión con la que los minúsculos de su especie emprenden cada tarea por estúpida que sea, cuanto más absurda mejor. Como la vida. Y sin necesidad de recurrir a sombreros mexicanos.

En las antípodas el Turbulento compra camiones de sombreros mexicanos en forma de entradas al festival de otono, áticos bohemios con trozo de cielo, hadas, mujeres hermosas, o viajes a lugares imposibles, que no le sirven para nada. Por eso cuando se encuentra con Ele minúscula, se miran inquietos como si estuvieran estableciendo un incierto contacto con un extraterrestre, tan distinto que ignoran de que demonios está hecho.

Y es que a uno le dan ganas de arrancarles su secreto a los minúsculos, si tuviese una remota idea de dónde lo pueden guardar.
Y luego dicen que el eclipse de manana es raro.