Ya no hay letras emes como las de antes, o las horas.
Desde que ele minúscula vive aquí, tengo que levantarme a las 6:55 de la mañana para poder llegar al trabajo a la hora. Para bajar al mundo a diario, ya no me basta con la bosanova. También necesito leer. Para leer tengo que madrugar más. En resumen: "leo novelas y escucho bosanova a las 6:40 de la mañana, antes de ir a trabajar".
Y esto no es normal. Sé que no existe la gente normal, que por la vida andamos todos disfrazados; pero me asusta la siguiente manía con la que intentaré seguir venciendo la asfixia de vivir.
He leído "las horas". Magia. No quiero ir al cine a ver la adaptación. ¿Cómo puede lograr transmitir de una forma tan aparentemente sencilla la inexpresable angustia de estar vivo? Aunque puede que me haya fascinado tanto al descubrir que soy la Sra. Brown.
Esta mañana, tras terminar el libro, me hallaba pensando en las palabras de Michael Cunnighan. "Vivimos nuestra vida, hacemos lo que hacemos y luego dormimos: es tan sencillo y vulgar como esto. Unos pocos se tiran por la ventana o mueren ahogados o toman pastillas; más personas mueren a causa de accidentes; y la mayoría de nosotros, la gran mayoría, somos devorados lentamente por alguna enfermedad o, si tenemos mucha suerte, por el tiempo mismo".
Y viene mi jefe y me dice: - Tengo dos noticias, una buena y una mala, ¿que quieres?
- Pues quiero que las escribas en un par de papelitos, los hagas pelotillas, te los introduzcas por los orificios nasales, y te marches de mi vista tatareando la sintonía de "Corrupción en Miami". Pienso.
Debería existir un día, en el que se pudiese decir lo que se piensa.
Sobre el paso del tiempo y los fenómenos inexplicables...
Conocía a siempre S cuando mis emes tenían tres montañitas, no como las de ahora. Hace 20 años.
Siempre S lleva 20 años escuchándome.
No es de mi familia.
No se trata de sexo.
No nos parecemos en nada.
Aún no me lo explico.
S de Simón Le Bon y de Sara Vaandasen.
