Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, febrero 24, 2007

De las actrices y la vida

Actriz de reparto
El papel principal de la que fue mi película se lo dan a otra.
Otra que tiene los años que tenía yo entonces.
Que quizá quiera lo mismo que yo quise entonces.
Malditos remakes, piensas.
Y duele la vida que pasa y se borra.
Y duele imaginar a la nueva actriz principal preguntarle a Él al llegar a casa.
¿Cómo se lo ha tomado ella?
Y ella soy yo y no quiero.
Que es ella la que es ella y yo soy yo.
Que no es agradable saberse actriz de reparto.
Que lo que todas queremos es ser actriz protagonista, para siempre, y en una gran película.
Nada de series B.
Y oír te querré siempre y que sea verdad.
¿Y quién no?
Pese a saber que para siempre no existe, ó quizá precisamente por eso.

Actriz principal
Hay madrugadas inesperadas y marinas.
En las que una nariz se enfrenta a otra en una tangente invisible.
En las que unos ojos te abrazan en una mirada de Cíclope de tan cercana y tan calida.
En las que te hablan ser viernes y de ser septiembre y octubre.
Y en esas madrugadas robadas uno roza algo bello por lo efímero,
porque mientras es ya se está yendo,
porque no llegará a ser septiembre ni octubre.
Y es que hay tiempos en los que uno quiere cuentos, no novelas.
Tiempo de cortos, no de largometrajes.
Tiempos de mails que quieren gritar cosas, que las gritan disfrazadas con palabras.
Mails que hablan de cosas inevitables como el síndrome de Estocolmo.
Buenos tiempos en los que una juega a ser actriz principal en algunas madrugadas.
Y actúa en lo que la toca, en lo que es inevitable, en lo que la dejan.
Y en eso se nos va yendo la vida.

En somnolientas tardes de tos, cine, y manta en el salón con Ele minúscula.
En pasar un año más mi quiniela para la noche de los Oscars a las Hadas, a Zen, y al Turbulento.
En pasar una sobremesa contemplando unas bellísimas ilustraciones inquietantes y eróticas del Artista. Ilustraciones de coños, pistolas, y perros que envuelven modelos de mujeres obscuras que buscan placer. El Artista al que le ha crecido el pelo y el Arte, que el mito de Sansón parece ser cierto.
Pasar las noches de los jueves escuchando cuentos y hablando de las cosas que importan.
Pasar los días intentando despegarme esos prejuicios cobardes e idiotas que me inculcaron en la infancia.
Pasar demasiada vida en esa jaula de locos, soñando salir de ella.

Pasar la vida junto a Innombrable.
Pasar por la vida buscando un buen papel.
Un papel del que Ele minúscula se sienta orgullosa.

Y si no lo encuentro, ya me encargaré de escribirlo.

viernes, febrero 09, 2007

Ombligos pintados

Ele minúscula pinta su nombre en mi tripa con rotulador imborrable.
Como si fuera posible borrar su nombre de mi cuerpo aunque nunca lo pintase.
Y uno se siente protagonista de algo que no entiende muy bien, como si alguien hubiese olvidado poner subtítulos.
Y dan ganas de probar e ir pintando el nombre en otros ombligos.
Para ver que se es y que se tiene espacio.
Para quedar colgada de un sitio que no es mío.
Para saberse capaz de viajar lejos.

También este mes quedo pintada en el calle 20 de febrero.
En la página de al lado de Andres Neuman, en una “cercanía” que da vértigo.
Me pintan saliendo de mi boca “Nostalgia en Pé”, el título de un microrrelato que no está. Y dado que el cuento no aparece, las palabras me quedan desconcertadas y bailonas, como de loquita los peines.

Como no todo es pintar tengo que ir allá a la jaula.
Reunirme con jefazos anglosajones llamados Peter que monologan sobre cosas que no importan.
Cuando me llega el turno de participar me apetecería levantarme la camisa y enseñar el minúsculo nombre que baila inmenso sobre mi ombligo.
O escenificar una danza inventada tan tonta como su monólogo.
O buscar sinónimos de escapar.
O, sobre todo, hablar de cosas que si que importan: de soledades, de ficciones, de sexo salvaje, de sexo marino, de lugares hermosos, de música que pone la carne de gallina, de llorar en el cine.
En su lugar digo “variables discriminantes para el posicionamiento de las principales operadoras de telefonía móvil”.
Mientras, eso sí, deslizo la mano sobre mi ropa, hasta mi tripa, sobre mi ombligo.
Para no perder el norte y acordarme de las cosas que importan.

Y en mi boca se me pinta una calentura del tamaño de Australia con su gran cordillera, su barrera de arrecifes, sus koalas, y sus canguros saltimbanquis.
De los nervios, de ser verdad, y mentira, y madre, y amante, y amiga, y mala, y buena, y valiente, y cobarde, y atrapada, y tan libre, y práctica y tan inútil, y tan imposible, y posible, y acompañada, y tan sola.
De ser todo y ser nada.
De pura ficción, de puro sueño, de puro idiota.

Este jueves Madrid llovía con desesperación.
Y un enorme viento huracanado andaba despeinando los cuerpos.

Hoy, un minúsculo ombligo pintado con mi nombre, duerme en mi cama.
Un minúsculo ombligo que asciende y desciende al ritmo de una respiración que encierra la felicidad o algo que se le parece mucho.
Aunque también en la cama, con nosotras, la inevitable nostalgia del viento.