De las actrices y la vidaActriz de reparto
El papel principal de la que fue mi película se lo dan a otra.
Otra que tiene los años que tenía yo entonces.
Que quizá quiera lo mismo que yo quise entonces.
Malditos remakes, piensas.
Y duele la vida que pasa y se borra.
Y duele imaginar a la nueva actriz principal preguntarle a Él al llegar a casa.
¿Cómo se lo ha tomado ella?
Y ella soy yo y no quiero.
Que es ella la que es ella y yo soy yo.
Que no es agradable saberse actriz de reparto.
Que lo que todas queremos es ser actriz protagonista, para siempre, y en una gran película.
Nada de series B.
Y oír te querré siempre y que sea verdad.
¿Y quién no?
Pese a saber que para siempre no existe, ó quizá precisamente por eso.
Actriz principal
Hay madrugadas inesperadas y marinas.
En las que una nariz se enfrenta a otra en una tangente invisible.
En las que unos ojos te abrazan en una mirada de Cíclope de tan cercana y tan calida.
En las que te hablan ser viernes y de ser septiembre y octubre.
Y en esas madrugadas robadas uno roza algo bello por lo efímero,
porque mientras es ya se está yendo,
porque no llegará a ser septiembre ni octubre.
Y es que hay tiempos en los que uno quiere cuentos, no novelas.
Tiempo de cortos, no de largometrajes.
Tiempos de mails que quieren gritar cosas, que las gritan disfrazadas con palabras.
Mails que hablan de cosas inevitables como el síndrome de Estocolmo.
Buenos tiempos en los que una juega a ser actriz principal en algunas madrugadas.
Y actúa en lo que la toca, en lo que es inevitable, en lo que la dejan.
Y en eso se nos va yendo la vida.
En somnolientas tardes de tos, cine, y manta en el salón con Ele minúscula.
En pasar un año más mi quiniela para la noche de los Oscars a las Hadas, a Zen, y al Turbulento.
En pasar una sobremesa contemplando unas bellísimas ilustraciones inquietantes y eróticas del Artista. Ilustraciones de coños, pistolas, y perros que envuelven modelos de mujeres obscuras que buscan placer. El Artista al que le ha crecido el pelo y el Arte, que el mito de Sansón parece ser cierto.
Pasar las noches de los jueves escuchando cuentos y hablando de las cosas que importan.
Pasar los días intentando despegarme esos prejuicios cobardes e idiotas que me inculcaron en la infancia.
Pasar demasiada vida en esa jaula de locos, soñando salir de ella.
Pasar la vida junto a Innombrable.
Pasar por la vida buscando un buen papel.
Un papel del que Ele minúscula se sienta orgullosa.
Y si no lo encuentro, ya me encargaré de escribirlo.
Y oír te querré siempre y que sea verdad.
¿Y quién no?
Pese a saber que para siempre no existe, ó quizá precisamente por eso.
Actriz principal
Hay madrugadas inesperadas y marinas.
En las que una nariz se enfrenta a otra en una tangente invisible.
En las que unos ojos te abrazan en una mirada de Cíclope de tan cercana y tan calida.
En las que te hablan ser viernes y de ser septiembre y octubre.
Y en esas madrugadas robadas uno roza algo bello por lo efímero,
porque mientras es ya se está yendo,
porque no llegará a ser septiembre ni octubre.
Y es que hay tiempos en los que uno quiere cuentos, no novelas.
Tiempo de cortos, no de largometrajes.
Tiempos de mails que quieren gritar cosas, que las gritan disfrazadas con palabras.
Mails que hablan de cosas inevitables como el síndrome de Estocolmo.
Buenos tiempos en los que una juega a ser actriz principal en algunas madrugadas.
Y actúa en lo que la toca, en lo que es inevitable, en lo que la dejan.
Y en eso se nos va yendo la vida.
En somnolientas tardes de tos, cine, y manta en el salón con Ele minúscula.
En pasar un año más mi quiniela para la noche de los Oscars a las Hadas, a Zen, y al Turbulento.
En pasar una sobremesa contemplando unas bellísimas ilustraciones inquietantes y eróticas del Artista. Ilustraciones de coños, pistolas, y perros que envuelven modelos de mujeres obscuras que buscan placer. El Artista al que le ha crecido el pelo y el Arte, que el mito de Sansón parece ser cierto.
Pasar las noches de los jueves escuchando cuentos y hablando de las cosas que importan.
Pasar los días intentando despegarme esos prejuicios cobardes e idiotas que me inculcaron en la infancia.
Pasar demasiada vida en esa jaula de locos, soñando salir de ella.
Pasar la vida junto a Innombrable.
Pasar por la vida buscando un buen papel.
Un papel del que Ele minúscula se sienta orgullosa.
Y si no lo encuentro, ya me encargaré de escribirlo.

