Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

miércoles, diciembre 28, 2005

Lo que tienen las cosas

Navidades
Hace un frío de Helsinki y los taxis en la Gran Vía son mentira.
Salgo, ceno y bebo con admiradores de Cortazar, de Quevedo, de Bukowski, que confunden mi nombre: Sara, me llaman, y yo contesto encantada de ser otra.
Las calles están llenas de todos esos que nos iremos y no volveremos más.
Que buscan la última, el búho, tu casa, la mía, un servicio, una pistola.
Sobre tacones, en coche, nadando en alcohol, en bicicleta.
Transformando la Gran Vía en el malecón de La Habana congelado.
Y sé que no, pero mientras el hombre que confunde mi nombre acompasa sus ruedas a nuestro paso, (al mío y al de una mujer de la que debe resultar fácil enamorarse), no puedo dejar de asomarme para intentar ver el mar.
Por eso cuando dice desde su bici que si os llevo que voy de camino, lo veo posible.
Posible como las bicicletas familiares de Cuba y como ver jirafas bailar mambo.
Posible como ser acróbata en el Circo Mundial y estar casada con el hombre tiburón.
Posible como que toque la Lotería de Navidad, como enamorarse, como el despido, como estar vivo, como estar muerto.
Porque el alcohol y la noche es lo que tienen, que hacen todo más posible.

La Nochebuena
Tan larga como el famoso día del desembarco de Normandía.
Ele minúscula patina en el Retiro. Come. Volamos aviones. Come. Vemos La gran Familia. Come. Canta Villancicos. Come. Baila con peluca verde de serpientes. Come. Juega a esconderse, a disfrazarse, al churromediamangamangaentera. Come, come y come.
Y en la madrugada, cuando los invitados se marchan a casa, les dice no os vayáis, quedaros a cenar. Perdido ya todo su frágil sentido del tiempo, asumiendo que la vida es una comida perpetua. La Navidad es lo que tiene.

Cumpleanos
Pido mil deseos que se contradicen. Soledad y muchedumbre. Vacaciones y trabajo. Silencio y voces y música. Dormir y bailar e ir de compras. Ver si me sale hacer el pino. Hacer el cíclope con Ele minúscula, mirándola de cerca cerca cerca. Que llueva, que haga sol y que salga el arco iris.
Cenar con amigos, con las hadas que traen suerte.
Para espantar la tristeza de ser más vieja.
Los cumpleanos es lo que tienen, que te van empujando a la viejita que serás ma?ana.

Y mientras

Un surfista estadounidense escapa de un tiburón, que le había mordido una pierna, dándole un punetazo. Como en aquellas películas en las que Tarzán luchaba con las fieras salvajes con los punitos y a doble velocidad.
Muere el ganster Vicent Gigante, que paseaba por Nueva York en pijama haciéndose el loco para burlar a la justicia. Como tío Junior en Los Soprano.
La vida es lo que tiene, que a veces es como el cine.

Y una mujer de mediana edad llora con disimulo en una parada de autobús.
Y a Di Stéfano el corazón le ha hecho plaf.
Y dos dependientas de H&M hablan de amor: para que luego vayan y te digan que no saben si te quieren. Comentan.
El amor es lo que tiene, que se larga en cuanto descuidas.

sábado, diciembre 10, 2005

En femenino.

En el metro.
Una madre y su hija de 5 anos van jugando.
Piedra papel o tijera. Saca lo que quieras.
La madre saca piedra, la hija tijera.
Al ver que ha perdido, hija dice moviendo sus dedos de tijera.
Es dinamita. Ves los cartuchos?
Y hace boom simulando volar la piedra puno de su madre, que se deja hacer porque las madres están para eso.
Para dejarse ganar y para comerse las cabezas del pescado.

En los probadores de una tienda outlet de un barrio más allá de la M30.
Una adolescente con tetas como globos terráqueos, ha logrado embutirse en un vestido tan minúsculo que me río yo de las haza?as del escalofriante concurso que apostamos.
Corretea a ensenárselo a su amiga-tía que está en otro probador.
Qué tal estoy, tía?
Te queda fenomenal, tía. Tienes que llevártelo. Te hace puta, puta, PUTA.
En otro probador hay dos gitanas bellas.
Pero mete tripa maaama, mete tripa.
Que no puedo Triana, déjame.
Me compro un abrigo que no necesito porque era barato.
Triste.
Antropológico.

En la cámara de tortura.
El doctor Vicio Susurros existe y es mi ginecólogo.
Pelo cano y corto.
Ojos azul plomo con mirada metálica.
Sonrisa ladeada de chulo infinito.
Rostro de cuadrado perfecto, como el retrato robot de un asesino en serie.
Y para rematar es Argentino.
Mientras trabaja susurra frases inquietantes acompanadas por mirada metálica y sonrisa ladeada.
Saldría corriendo si no fuera por la ausencia de ropa interior.
Doctor Vicio Susurros y enfermera me preguntan cosas habituales para el historial.
Pero a causa de los nervios les canto una petenera.
Se extranan.
Al intentar aclarar las cosas me salen dos rumbas.
Desisto. Me callo, me visto y me voy.
Me he dejado la chaqueta y vuelvo.
No está bien irse dejando la ropa por ahí, me susurra Vicio Susurros.
Emito sonidos incongruentes: graznido, murmullo y risa de loca.
Me vuelvo a ir.
Pido hora para la próxima tortura.

En la calle, hoy.
Hay mujeres que cada día pasan 8 horas dentro de sus jaulas.
Súmale un par de horas de camino.
A cambio de cacahuetes, digo de dinero.
Porque encierro es igual a dinero.
Porque dinero es igual a libertad.
Luego encierro es igual a libertad.
Paradójico.
Hay mujeres que además, deciden tener crías.
Y pasan noches sin dormir, y visten pulpos, y los alimentan, y los llevan a colegio, y al pediatra, y al logopeda, y al cumpleanos de otros pulpos, y a inglés, y a Judo, y al fútbol, y a los toros, y al circo Mundial a ver a miss Aurori, la reina del circo, y a los motoristas diabólicos, y al hombre Tiburón, para que vean lo que pasa si no estudias.
Alienante.
Y sobre todo, hay muchas mujeres que deciden combinar jaula y crías.
Obligadas a hacer juegos malabares para encajar horarios tan imposibles como la cópula entre un elefante y una hormiga.
Que ven documentales de mujeres vietnamitas recolectando arroz con su cría colgada del cuerpo. Pobres mujeres, piensan.
Ilusas.