Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

lunes, febrero 28, 2005

Pescadillas que se muerden los codos.
Berlín es interesante con ese veryinteresting de las clases de inglés aplicable a todo pero que no encaja en nada. No encaja porque está hecho a medida para Berlín.
Berlín en febrero es frío como meter la cabeza en el congelador y tiene nieve que cuando la pisas suena zupp zupp zupp.
Es de cristal redondo y anda lleno de pintadas, de hombres guapos y de posos de guerra y muro que aún duelen cuando los descubres.
Sería un buen sitio para vivir.
Mejor que Paris que se lo tiene muy creído.
Mejor que Roma tan rimbombante.
Mejor que Londres con su sordera.
En Berlín hablas, te escuchan y te responden.
En alemán, en inglés, con mímica, dibujos, onomatopeyas... Por ejemplo, si buscas un muneco nadador dentro de un huevo de plástico y lo pides en inglés arapahoe, te responden:
A swimmer tikitikitiki moviendo los brazotes, que son los brazos de los alemanes.
Berlín es un very interesting lugar en el mundo.
Aunque su cielo no tenga ángeles.
Aunque la alfombra roja de la Berlinale pierda su glamour si la pisas vestida de cazadora de osos siberiana.
Regreso a un Madrid que nieva para recibirme.
Quiero dormir en la cama de Ma, pide Ele minúscula en ocasiones.
Cuando nieve, respondo pensando en ranas con tupé.
Y nieva.
De modo que nos acostamos Ele y yo en mi cama de 1 metro 80. Y no cabemos.
Ele, vete a tu sitio.
Este es mi sitio.
No es tu sitio, tengo un codo en la boca.
No.
Le muerdo el codo.
Se muere de risa.
Le tengo que morder el codo cuatrocientas veces más.
Después nos dormimos.
Sueno que soy minúscula y que siempre hay alguien esperándome a la salida.
Está bien.
Tan bien como tener un lugar al que regresar con codos para morder.
Traigo palabras alemanas con imán. Para hada mala, hada buena, el innombrable...
Yo me quedo con himmel aunque no tenga ángeles. De alguna forma tengo el cielo.
El cielo, tan importante como el vino, escribir, perder en la quiniela de los Oscars, el sashimi de atún, enamorarse, el zupp de la nieve, escuchar a Le Mans, olvidar a los malos, pensar en Ele minúscula cogiendo carrerilla en círculo cuán pescadilla, pensar en volver a Berlín para regresar a Madrid. Viajar para pensar en regresar para pensar en viajar para pensar en regresar para pensar en viajar para pensar en regresar para pensar en viajar para pensar en regresar...
Pescadillas que se muerden los codos.

Aquí yo al fin en Berlín tras el vuelo.

jueves, febrero 10, 2005

De nosequés, nosequienes y viceversas.
El director general de nosequé, quiere que vayan a presentarle nosequé, nosecuando.
Ves tú.
Yo?
Presentar, odio presentar, no se presentar, me aterra presentar, me atrofia presentar, tiemblo al presentar, enfermo al presentar.
A mi me sale bien escribir palabras inquietantes, como la sangrienta borbotones o la enredosa viceversa, las ensaladas de brie y pasas, leer el dominical en la cama, imitar a Gene Kelly, perder el tiempo, imaginar cosas imposibles, hacer porra en los Premios Goya y sentirme ridícula.
Presentar no.
Llegar con portátil y tarjeta fingiendo que soy jefa de nosequé.
Como llegar con placa de policía, estrella de sherif, mascarilla y bata de cirujano, neopreno y bombonas de oxígeno, traje de luces y capote.
Y las cuencas de mis ojos tienen revés porque duelen.
Revés o viceversa.
Caigo enferma.
Me tomo un trifásico, invento de Pedernal, consistente en un cóctel explosivo de tres medicamentos que no desvelo por si hay menores leyendo este texto.
La Espana negra, que deja unas manchas que no le acaban de salir a uno del cuerpo.
Una que anda respondiendo un mail internacional pregunta como se dice sala de reuniones en inglés.
Braveheart, dice Pedernal.
Y será por el trifásico, por la fiebre o la desesperación de la jaula, pero me parece una respuesta fantástica.
Y me río demasiado alto, demasiado rato, o no, con lo que el reverso de mis cuencas oculares vuelven a doler viceversicamente.
Viajo a Berlín y no quiero que duela, quiero un Berlín con el frío justo que me permita trotar por las calles como si tuvese la edad de Ele minúscula, sin la luz triste londinense, con rostros lleno de esa prisa cotidiana que esta vez a mi me queda tan lejos. Sin tengoque ni quenosemeolvide. Con alfombra roja y estrellas de Berlinale.
En Madrid escribo sobre Berlín.
A Berlín a escribir sobre Madrid.
Esto si que es una viceversa estupenda.
Berlín con Ol, escribiendo durante sus siestas de oso, para que se repita la suerte de aquel viaje al mar un final de verano de hace tantísimo.
Ganar más concursos, más premios que me permitan escribir. Sobre lo que sea. Sobre Madrid, el ADN, el kukux clan, los agujeros negros, el lince ibérico, la alcachofa, el almirez, las palanganas, los lunes, las axilas, los asilos, el cocherito leré, la constitución europea, el amor, el sexo, la pera, el deseo, el Bayern de Munich, la depresión del Ebro, la fiebre. Es igual.
Dejar al fin de fingir que soy jefe de nosequé ante nosequién.
Y que se vaya la fiebre.

Aquí sala de reuniones en inglés,
según Pedernal.