Pescadillas que se muerden los codos.
Berlín es interesante con ese veryinteresting de las clases de inglés aplicable a todo pero que no encaja en nada. No encaja porque está hecho a medida para Berlín.
Berlín en febrero es frío como meter la cabeza en el congelador y tiene nieve que cuando la pisas suena zupp zupp zupp.
Es de cristal redondo y anda lleno de pintadas, de hombres guapos y de posos de guerra y muro que aún duelen cuando los descubres.
Sería un buen sitio para vivir.
Mejor que Paris que se lo tiene muy creído.
Mejor que Roma tan rimbombante.
Mejor que Londres con su sordera.
En Berlín hablas, te escuchan y te responden.
En alemán, en inglés, con mímica, dibujos, onomatopeyas... Por ejemplo, si buscas un muneco nadador dentro de un huevo de plástico y lo pides en inglés arapahoe, te responden:
A swimmer tikitikitiki moviendo los brazotes, que son los brazos de los alemanes.
Berlín es un very interesting lugar en el mundo.
Aunque su cielo no tenga ángeles.
Aunque la alfombra roja de la Berlinale pierda su glamour si la pisas vestida de cazadora de osos siberiana.
Regreso a un Madrid que nieva para recibirme.
Quiero dormir en la cama de Ma, pide Ele minúscula en ocasiones.
Cuando nieve, respondo pensando en ranas con tupé.
Y nieva.
De modo que nos acostamos Ele y yo en mi cama de 1 metro 80. Y no cabemos.
Ele, vete a tu sitio.
Este es mi sitio.
No es tu sitio, tengo un codo en la boca.
No.
Le muerdo el codo.
Se muere de risa.
Le tengo que morder el codo cuatrocientas veces más.
Después nos dormimos.
Sueno que soy minúscula y que siempre hay alguien esperándome a la salida.
Está bien.
Tan bien como tener un lugar al que regresar con codos para morder.
Traigo palabras alemanas con imán. Para hada mala, hada buena, el innombrable...
Yo me quedo con himmel aunque no tenga ángeles. De alguna forma tengo el cielo.
El cielo, tan importante como el vino, escribir, perder en la quiniela de los Oscars, el sashimi de atún, enamorarse, el zupp de la nieve, escuchar a Le Mans, olvidar a los malos, pensar en Ele minúscula cogiendo carrerilla en círculo cuán pescadilla, pensar en volver a Berlín para regresar a Madrid. Viajar para pensar en regresar para pensar en viajar para pensar en regresar para pensar en viajar para pensar en regresar para pensar en viajar para pensar en regresar...
Pescadillas que se muerden los codos.
Aquí yo al fin en Berlín tras el vuelo.

Berlín es interesante con ese veryinteresting de las clases de inglés aplicable a todo pero que no encaja en nada. No encaja porque está hecho a medida para Berlín.
Berlín en febrero es frío como meter la cabeza en el congelador y tiene nieve que cuando la pisas suena zupp zupp zupp.
Es de cristal redondo y anda lleno de pintadas, de hombres guapos y de posos de guerra y muro que aún duelen cuando los descubres.
Sería un buen sitio para vivir.
Mejor que Paris que se lo tiene muy creído.
Mejor que Roma tan rimbombante.
Mejor que Londres con su sordera.
En Berlín hablas, te escuchan y te responden.
En alemán, en inglés, con mímica, dibujos, onomatopeyas... Por ejemplo, si buscas un muneco nadador dentro de un huevo de plástico y lo pides en inglés arapahoe, te responden:
A swimmer tikitikitiki moviendo los brazotes, que son los brazos de los alemanes.
Berlín es un very interesting lugar en el mundo.
Aunque su cielo no tenga ángeles.
Aunque la alfombra roja de la Berlinale pierda su glamour si la pisas vestida de cazadora de osos siberiana.
Regreso a un Madrid que nieva para recibirme.
Quiero dormir en la cama de Ma, pide Ele minúscula en ocasiones.
Cuando nieve, respondo pensando en ranas con tupé.
Y nieva.
De modo que nos acostamos Ele y yo en mi cama de 1 metro 80. Y no cabemos.
Ele, vete a tu sitio.
Este es mi sitio.
No es tu sitio, tengo un codo en la boca.
No.
Le muerdo el codo.
Se muere de risa.
Le tengo que morder el codo cuatrocientas veces más.
Después nos dormimos.
Sueno que soy minúscula y que siempre hay alguien esperándome a la salida.
Está bien.
Tan bien como tener un lugar al que regresar con codos para morder.
Traigo palabras alemanas con imán. Para hada mala, hada buena, el innombrable...
Yo me quedo con himmel aunque no tenga ángeles. De alguna forma tengo el cielo.
El cielo, tan importante como el vino, escribir, perder en la quiniela de los Oscars, el sashimi de atún, enamorarse, el zupp de la nieve, escuchar a Le Mans, olvidar a los malos, pensar en Ele minúscula cogiendo carrerilla en círculo cuán pescadilla, pensar en volver a Berlín para regresar a Madrid. Viajar para pensar en regresar para pensar en viajar para pensar en regresar para pensar en viajar para pensar en regresar para pensar en viajar para pensar en regresar...
Pescadillas que se muerden los codos.
Aquí yo al fin en Berlín tras el vuelo.


