Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, enero 24, 2009

Besar un codo
http://www.youtube.com/watch?v=FkzRyHa9a6g

Despertar en medio de la noche y besar un codo.
Nadie puede besar su codo.
En la nevera solo queda una pera. No me gustan las peras.
Es la pera no poder besarse el codo.
La corva sí. Lo he probado.
Me duele el cuello de probar besarme la corva.
La nuca ni lo intento.
Nuca. Nuck.
Nuck se llamaba el silencioso gato del mudo.
En la posguerra España comía gato.
- Que sabe a liebre, dicen.
- Que no te den gato por liebre, también dicen.
- Liebre mejor que pera, digo.
Es la pera que uno no pueda besarse el codo.
En la jaula no paro de recibir codazos.
No entiendo nada.
Quizá hablen en koreano y por eso no me entero.
Desde el 94 hasta ahora que no entiendo.
Nadie parece haberlo notado.
Ni eso, ni que tengo un plan.
Un plan y una cucharilla.
Cuando nadie mira voy excavando un túnel.
Como no soy la pera, nadie mira, y yo excavo.
Avanzar no avanzo mucho, porque enseguida me entra el hambre.
Y sólo tengo una pera.
Tengo que trabajar para comprar más peras.
¿Dije ya que no me gustaban las peras?
Hay gente a la que sí. Que incluso se las piden a los olmos.
No entiendo la necesidad de pedirle peras al olmo.
Ya puestos, que le pidan codos o corvas o nucas.
Imposible. Pedir imposibles.
Y uno va y se frustra.
- He fracasado, le dice a su cucharilla excavadora.
Y tontamente descubre el secreto de la felicidad:
Pedir cosas posibles.
Nada de peras al olmo.
Al manzano, manzanas. Al “kiwitero”, kiwis.
Al feldespatero, patos. Al cancerbero, cáncer.
(Mejor a éste no pedirle nada, que en casa ya tenemos)
Al portero, puertas.
Para salir de la jaula, para entrar en casa a bailar con Ele.
Al Alabardero, alabardas.
Aunque uno no sepa luego que hacer con ellas.
Ya se verá.
Siempre podrá uno alardear de sus alabardas.
Y la teoría es buena, pero algo falla.
Que esto de la felicidad no me acaba de salir.
- Te equivocas, dice el Innombrable.
- Anda toma escucha esto.
Y escucho She & Him.
Y se me va la nostalgia de pensar en besos y codos y corvas y nucas.
Sólo pienso en despertar en mitad de la noche por el viento,
con el codo de Ele minúscula en la boca.
En besarle el codo y seguir durmiendo.
Protegidas de vándalos y vendavales.

sábado, enero 10, 2009

Chuva
http://es.youtube.com/watch?v=OzrUs08-SWs

En Lisboa llueve con desasosiego porque es la ciudad más triste del mundo.
Así andaba Pessoa. Serán los fados.
En la pared de una habitación de hotel lisboeta cuelga:
- ¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? –le preguntó.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
- Toda la vida –dijo.
Gabriel García Marquez.
“El amor en los tiempos del cólera”.
Desde el balcón de esa misma habitación, se ve Saigón.
A saber porqué.
Porque las cosas son así y no se sabe porqué.
Porque la realidad engaña.
Está en otro idioma, sin subtitular.
Y siempre a uno le faltan datos.
Dan las 12, suena la canción del olvido y cae la guillotina.
Como si fuera el malvado asesino Otto Poto con su Machete.
Porque uno se confunde.
Confunde Pol Pot con Otto Poto, Yemen con Camboya,
besos con patos y Bikkembergs con Birkenau.

Porque Lisboa es la ciudad más triste del mundo.
Anda llorando a mares, con lluvia insistente y monzónica.
En sus esquinas, yacen mendigas abrazadas a niñas de seis años.
Y desdentadas yonquis destartaladas piden dinero en los bares.
Y locos solitarios con bigote cantan flamenco y roban tabaco.
¿Dije que Lisboa es la ciudad más triste del mundo?

- No quiero pasar otra Nochevieja viendo series -pedí una madrugada de ginebra, baile y boda.
Y me regalaron un fin de año en Lisboa.
Con juegos y pistas, como quien concursa en el un, dos, tres.
Para que luego creamos que los Reyes Magos no existen.
O el Hada madrina.
O el Diablo.
Que hay que tener cuidado con las plegarias atendidas.
Pregúntale a Santa Teresa.
Y el día año nuevo en Lisboa, que es Saigón, es un día mudo, blanco, cero.
Lógico tras el hongo atómico que siguió a las 12 campanadas.
Y uno se asoma al 2009 y busca el botón de rewind.
Volver al Madrid vacío de agosto con sus días largos.
Sentarse en las escaleras de la ampliación del Prado.
A esperar que alguien que pase por allí, te suba en brazos
y te haga pensar en besos que no son.
Y en que la realidad es del algodón ese que no engaña.

Pero no hay rewind y si nieve y frío siberiano.
Los fados siguen siendo tristes,
y continúan faltando verdades, amor y datos.
Habrá que conformarse con ser una Iguana imbécil bajo la lluvia.
Suerte que tengo paraguas.