Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

domingo, noviembre 27, 2005

Puertas

Puerta en la jaula.
Rumores racheados de despidos masivos soplan en la jaula. Marejadillas de cifras se susurran por los pasillos, ayer salieron 12 de la jaula 3, sólo han quedado 4, y 13 más de la jaula 2. Los teléfonos suenan más de lo habitual, como las películas en las que un asesino anda suelto por el campus, realizando llamadas que anuncian muerte. Si llega un sobre de correo interno, nos lo comemos para eliminar pruebas. Los no implicados lanzan frases tranquilizantes: que a ti no te van a echar. Igual que el no vas a morir dicho al moribundo. Y no me vale, pero finjo que sí.

Puerta teléfono.
Suena el móvil. Es Ele minúscula, que canta, ríe y cuenta planes. Ponemos el árbol, y el belén, y las luces. Salimos con las katiuscas a cazar charcos. Hace frío. Muchomucho frío. Y nieva, hacemos bolas y las lanzamos, y un muneco de nieve y una zanahoria. Una zanahoria?, pregunto. Para la nariz, y hace tantotantotanto frío que podemos dormir juntas, me dice. Y la cama con Ele es una nave espacial.

Puerta del Taxi.
Al volante un enorme cachalote con camiseta de ACDC y melena al viento, que mueve al ritmo del millón de decibelios de música heavy que inunda el taxi. Un coche de la secreta nos adelanta cruzando semáforos en rojo a velocidad hiperespacial. La escena, la BSO, un coágulo en el cerebro, quien sabe la causa que le hace arrancar al cachalote con un fortísimo acelerón. Juraría que quedamos suspendidos en sólo dos ruedas antes de alcanzar la velocidad de la luz. Se me escapa una risa de loca de nervios ante la muerte, que parece interpretar como un Siiiiiiiiii y le pisa más fuerte. Digo adiós a mi casa, a Ele, a la vida, a la maldita jaula, cuando con un trompo imposible en el carril taxi me deja frente al portal, abro la puerta y bajo a la realidad.

Puerta del pasado.
Mi bisabuelo Gaspar era manco, zapatero y tuvo 12 hijos. Nunca te fies de un zapatero manco.
Mi abuelo Chencho se paso a los nacionales con su amigo Munoz. Fue dado por muerto.
Después, en tiempos de la dictadura, mi abuelo Ramón cantaba la internacional en el salón de su casa, mientras mi abuela asustada le mandaba callar.

Puertas de amor.
Lo de la Sirenita no tiene nombre, renuncia a la INMORTALIDAD a cambio de subir a la tierra tras un hombre al que apenas ha visto una vez. Cenicienta al menos dejo de fregar suelos.
La novia de un concursante del concurso de Operación triunfo declara que piensa dejarse las entranas para que él consiga sus suenos. Sabrá lo que duele eso?

Puertas.

domingo, noviembre 13, 2005

Volando voy

En el metro.
El conductor es más rápido y sus maniobras son más secas de lo habitual, es como viajar en el gusano loco. De vez en cuando a algún viajero se le escapa un grito mudo o una risa nerviosa.
Un inmigrante negro, del tamano del Kilimanjaro y cara de asesino, se levanta para cederle el sitio a una anciana.
Un adolescente de pantalones caídos y piercings lee Madame Bovary.
Una ecuatoriana se sienta con un bebé sobre las rodillas, que tiene cara de mono titiritero y dispara besos de metralleta a discreción.
Un anciano castizo le cuenta un joven guiri mochilero que él nació en Lavapies.
Leo un sms de hada mala que cuenta que desde la ventana ve el Río de la Plata.
Benjamín Biolay me susurra palabras en francés al oído, que imagino de amor porque no se francés y me da la gana.
Al meter la mano en el bolso descubro a Chiquitín, un conejo-llavero de peluche, del que Ele minúscula afirma ser madre y al que a ratos le explica el mundo.
La chica del asiento de al lado me regala su País cuando se va.
El metro volar no vuela, pero a veces lo parece.

En el cine.
Coixet es capaz de hacer que uno se enamore de Tim Robins. A pesar de su cabeza reducida por los jíbaros, a pesar de ser un enfermo agonizante con todo el cuerpo quemado, a pesar de tener que ponerle una cu^na para que haga sus necesidades. Tiene magia retratando perdidos.
Tim Burton es capaz de hacer que uno desee ser la novia cadáver, con su ojo de bambi suelto, con su pelo azul, con el gusano de su conciencia y sus bonitos harapos nupciales.
Woody Allen es capaz de hacer películas perfectas.
Sólo es cuestión de una sesión sin mucha gente, sentarse en las primeras filas (dentro de la pantalla de momento no es posible), y echar a volar.

En la tele.
Artista ha hecho el spot promocional para la nueva cadena cuatro con sus personajes. Sus retratos tienen tanta personalidad que todo el mundo sabe que son suyos. Y como lo de salir en la tele impacta debido a joderqueestáaquíenmisalón, amigos y conocidos me llaman con emoción para decirme quehevistolosdibujosdetulibroenlatele. Incluso me dan la enhorabuena. Y una se siente mitad como la amiga del vecino del primo de Antonio Banderas, y mitad feliz al saber que Artista vuela.
Lógico, opinan Innombrable y Hada Mala, con Tormenta al lado cómo no va a volar.
El viernes quedo con ella a comer y procuro pegarme muchomuchomucho y no dejarla escapar tan fácilmente; por si acaso esto de volar es contagioso.

En la vida.
La infancia es un fraude en el que nos venden vidas imposibles: con tanto cuento de princesas y protagonistas, y que el amor existe y lo encuentras y triunfa y no para hasta que eres feliz y comes perdiz, y que los buenos siempre ganan y son diferentes de los malos y les ves venir con sus colmillos afilados.
Y luego resulta que no, que todo es mentira.
Pero a pesar de ese no, resulta que al final esto de ser un puto secundario no está mal, (sino lo crees basta elegir entre Peter Lorre o Norma Duval).
Y esto de volar merece la pena y no es difícil.
En el metro, con palabras, con dibujos o en el cine.
Aunque sea mentira, el caso es volar.