Poder o no poder, esa es la cuestión.No creo en Dios, ni en hombres que dicen que me aman, ni en frigoríficos no frost.
Se puede ganar un premio literario al escribir sobre un niño gay que madruga para jugar con las muñecas de su hermana sin que nadie le vea.
No se puede evitar que haya víboras que lancen veneno a los que son diferentes.
Se pueden alquilar casas junto al mar para viajar a ellas junto a Ele minúscula.
No se puede uno sacudir la nostalgia de los veranos pasados.
Se puede enviar mensajes al espacio al módico precio de 690.000 euros.
No se puede decir lo que piensas si andas fuera de una película de Julio Medem.
Quisiera creer en Dios.
Se puede bailar y nadar y correr como si te persiguiera Satanás.
Pero siempre hay que parar y regresar a las madrugadas en vagones de metro.
Se pueden escribir cartas de amor y lanzarlas al océano dentro de una botella.
No se puede lograr que alguien te ame con un amor chiflado y tan grande como Australia.
Podemos viajar a Teruel y encontrarnos con la araña más antigüa del mundo y con los amantes más tontos.
No se puede encontrar la felicidad siempre que la necesitas.
Quisiera que me dijeran que me aman.
Se pueden plantar árboles y reciclar el vidrio y las pilas.
No se puede evitar que los asesinos se dejen de burlar de los familiares de sus víctimas en los juicios.
Se puede reír y bailar el hulahop y ganar al parchís, al monopoly y al churro.
No puedes dejar de ver soldados en carros de combate en el telediario.
Se puede soñar con las cosas más bellas del mundo.
No se puede evitar que se acaben rompiendo los cántaros de leche.
Y la escarcha sigue apareciendo en mi nevera.
Aunque hoy es un buen día.
Un buen momento para creer en vacaciones.
En playas vacías dónde tumbarme a leer todas las historias del mundo, mientras Ele minúscula da vueltas a mí alrededor volando la falda de su vestido.
Y escuchar su risa despeinada.
Y verla aterrizar en la arena de puro mareo.
Y el sol se pone en el horizonte dibujando postales que atrapan de puro cursi.


