Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

domingo, agosto 21, 2005

Movimientos inmóviles

Abro el balcón y me tumbo boca abajo sobre la cama revuelta.
La calle trepa hasta mi habitación.
El semáforo con sus hombrecitos verdes y rojos que caminan o están quietos a ritmo del mecánico canto de los pájaros, como jugando al undostreselesconditeinglés.
Las motos, el autobús y la ambulancia.
La basílica de Atocha que campanea.
El banco, la anciana y el perro.
Los adolescentes en la boca del metro, que ríen, que charlan, que han quedado.
Las cortinas ligeras y chillonas vuelan y bailan como en un musical americano de los anos 50.
Empieza a hacer frío aquí arriba.
Tres pingüinos y una pareja de osos polares se aproximan.
Debería salir.
Pero se está tan bien tumbada sobre la nieve en Agosto.

La mujer de ojos tristes queyano, me llama para sacarme a la verbena en el fantasmal fin de semana de mediados de Agosto.
Hace ilusión.
Pero había extendido la toalla sobre el césped fresco y mullido y me había tumbado al sol con los brazos en cruz. Buscando con los dedos tréboles de cuatro hojas al tacto, sin mirar, sin ganas, sin creer. Como si buscara el amor ese que dicen que existe.
Me atacó la cobardía y me rajé.
Me quedé en casa y me atraqué de la serie Sex in the citty.
Se está tan bien aquí arriba en Nueva York en Agosto.

Salgo a cenar y de copas con Ol la digna que patalea suave porque finalmente no se puede subir al Kilimanjaro. Nos atienden camareros simpaticones que hacen bromas sobre la temperatura, de esas que no hacen gracia pero que río a rabiar, porque se me da fatal el disimulo, porque me conmueve su interés en hacernos reír.
En el cielo brilla una luna que apenas cabe en él.
En la terraza sopla un fuerte viento de noche de septiembre.
Se está bien en la plaza de un pueblo del norte hablando de la vida.

En Madrid, bajo la nieve, en Nueva York o en un pueblo perdido del norte.
Sobrevivo porque voy armada con un bolígrafo.
Si vienen los malos se lo clavo en los ojos.
Si viene el amor me pinto un corazón a ver si hay suerte.
Si viene mi jefe le dibujo un proyecto absurdo para que lo despedace.
Si vienen amigos me pinto bigote para que rían.
Si viene una mala racha me pinto un antifaz para esquivarla.
Y si viene Ele minúscula se lo regalo.
Mientras tanto se me pasa la existencia buscando una goma de pelo que llevo inadvertidamente en la muneca.

domingo, agosto 07, 2005

Arbustos andarines

Días de metro.
En la línea en que viajo las temperaturas oscilan en torno a los 40 grados.
Lo compruebo yo y lo reafirma la prensa.
Esperando en el andén se acerca un hombre de color, con grandes gafas y escaso atractivo que me pregunta la hora.
Las 22.15, le digo.
Siempre te veo por aquí, me responde.
Que va, me confundes con otra, le informo.
Nos quedamos juntos en el anden.
Decido ir escapando de lado, dando pasitos laterales cuando no mira. Como si fuera el arbusto andarín tras el que se esconde el oso yogui para robar meriendas.
Está claro que todo el anden me está viendo hacer el arbusto. No se porque lo hago. Tal vez efecto de los 40 grados de temperatura sobre el cerebro.

Madrugada de bisontes y neardentales con el mar en los ojos.
Regreso al club del papel pintado de casa de mi abuela.
A mi lado una pareja de famosos que encierran muchos personajes en su interior, beben cerveza.
Si les ves actuar sólo puedes decir olequebestias.
Bisonte se sacó de dentro a un poeta homosexual cubano, cuando todo el mundo sabe que los bisontes no saben leer, ni escribir y aún menos poesía.
Y todos le miramos y nos los creímos, hasta los norteamericanos, tan reacios a mirar fuera de casa.
Y me puse su foto en el salvapantallas, como si tuviese la mitad de edad y la mitad de cerebro.
Y cruce los dedos para que su nombre fuera tras el and the winner is.
Y me le pedí como amante una de tantas tardes inútiles de oficina.
Tú a quién te pides? Yo a Bisonte, tan macho machote.
Uy yo no, dijo Supersuper, que seguro me hace hacer cosas en la cama que yo no quiero.
Sorprendente contenido el de la cabeza de Supersuper.
Más tarde le abandoné cuando se convirtió en omnipresente.
Que me agobian las multitudes.
Bisonte y Neardental con el mar en los ojos conversan entre trago y trago.
Entre sus palabras escucho sujetador y rodaje, y juego a adivinar su frase: este sujetador necesita un rodaje, pise el acelerador cuando no haya peligro.
Luego acabo mi copa y vuelvo a casa charlando con Lalola bajo las estrellas.

Noches Literarias.
Acudo a un taller intensivo de iniciación al relato breve.
Tengo un profesor que está relleno de escritores, de novelas, de relatos y de palabras que nos lanza como si fuesen pelotas de baseball. Es divertido intentar atraparlas.
Los asistentes al taller somos una muestra de la gran variedad de especies que pueblan el planeta, tan diferentes entre sí que no sería de extra?ar la incursión de un Jeep en la clase para realizar un safari fotográfico.

Días de oficina.
Tengo companeras de trabajo a las que les gusta ir de lado, no de frente. Será producto de haber crecido viendo dibujos animados de arbustos andarines que atacan por sorpresa.
Así los días son más feos todavía y me deconstruyo.
Luego me queda la tarea de construirme de nuevo.
Subo a la planta 33 de la torre de Madrid. Aire.
Nado en la piscina. Agua.
Echo de menos a Ele minúscula. Amor.
Siempre escribo. Cordura.
Y así me olvido de los arbustos andarines.