Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

domingo, marzo 22, 2009

Vampiresa con ladrillo
http://www.youtube.com/watch?v=KAEVyO94wtw

Desentierran una “vampiresa” en una antigua fosa de Venecia,
enterrada con un ladrillo metido entre sus mandíbulas

Y es que si uno se expone puede acabar con un ladrillo encajado en las mandíbulas.
Seguro que la pobre imbécil se metió en Facebook o en Twenti (no tengo clara su edad) y puso lo primero que se le pasó por la cabeza.
Lo mismo hasta colgó fotos o se reconoció fan del pollo al chilindrón.
¡Que desastre!
Ignorar que el ser humano es un cotilla malvado aficionado al ladrillo.
Seguro que la “vampiresa” era de esas que se enamoran de gente inconveniente.
Acostumbrada a recibir proposiciones que de puro miserable darían risa.
Proposiciones que acababa aceptando, aunque sabía de sobra que no debía.
No era en absoluto imbécil.
Pero desde que el mundo es mundo,
al extranjero se le trata como si fuese sordo:
- ¡AL THYSSEN TODO RECTO A LA DERECHA!
Y al que se enamora se le trata como si fuese imbécil:
- Soy un espíritu libre, pero te dejo que reptes en mi portal.
- Me fue totalmente imposible avisarte, ¿cuántos días esperaste?.
- Soy apicultor y me debo a mis abejas .

Porque los vampiros no existen. ¿O sí?
Si existen seguro que son los que clavan el ladrillo,
no los que mueren a golpe de ladrillo.
Que nada es lo que parece.
Que Josef Fritz dice que lo siente mucho.
Y Charles Manson tiene ojos tristes.

Y el mundo se divide en dos,
En los que se exponen y los del ladrillo
Y si eres de los que se exponen,
más te vale tener un desfibrilador a mano
y andar con las mandíbulas apretadas.

Yo, por mi parte, me conformo con sobrevivir al domingo.
Y como la vida sólo es el sueño de lo que podría ser, pues sueño.
Sueño que compro el ático que Se Vende sobre mi cabeza.
Sueño ser sorda para no escuchar ofertas miserables.
Pero en realidad no soy sorda, sino canadiense.
Y me paso las noches de verano mirando al cielo,
escuchando a Facto delafé y las flores azules.
Que cantan el cuento de un niño que cruzó el universo,
montado en un burro con alas de plata,
buscando una estrella llamada Renata.
Y si me llegan proposiciones con ladrillo, digo despacio y en voz baja:
Des-fi-bri-la-dor
Pero no se me entiende muy bien,
porque ando con las mandíbulas apretadas.

domingo, marzo 08, 2009


Nadie entiende porque las ballenas deciden varar hasta la muerte en Tasmania.
Dicen que siguen a las sirenas de los grandes buques, que las dejan sordas y desorientadas vagando a la deriva.
Tozudas y suicidas, las ballenas.

Tengo una amiga que se inventó una reunión inexistente, tomo un avión y fingió que pasaba cerca de un hombre que de sobra sabe que no conviene. Él apenas se dejo ver unos minutos. Un café rápido. Estoy muy cansado, le dijo.

Tengo una amiga que pasa de líos, que le basta con la ficción, que Rusell “Stringer” Bell, es su mejor amigo. Un tipo equivocado, pero indoloro.

Tengo una amiga que espera cenar con su amante el sábado noche. Ella compra flores, vino y un vestido nuevo. Él anula la cita. Ella deja la mesa puesta toda la semana para recordarse que tiene que dejar de esperar cosas que no existen.
De momento no ha funcionado. Le sigue esperando.

Tengo una amiga que se tiró de un tren en marcha por amor.
Parecía que él la quería. La divirtió y la mimó mucho durante un tiempo.
Resultó que no.
Lo he intentado, pero no estoy enamorado de ti, le dijo.
Caray, pensó ella.

Tengo una amiga que por no volver a meterse en otra historia se queda con un hombre que de sobra sabe que no la quiere.
Así no hay sorpresas, dice.

Tengo una amiga que dejó a su novio porque él no tenía tiempo para ella. Le veía apenas una vez al mes. Consiguió dejarle un mes.
Él no se dio cuenta que le había dejado.

Tengo una amiga que es verdaderamente feliz con un hombre más joven que ella y no quiere tener niños.
Tengo otra amiga que va a tener un niño y parece que esté esperando el Mesías.

Tengo una amiga que en su cumpleaños se volvió a tirar de cabeza contra el mismo hombre, porque París es frío y la vida inhóspita.

Tengo una amiga que a los treinta y nueve se queda embarazada y dice que ha sido un accidente. “No sé cómo pasó, fueron los besos, las caricias, la champaña”, recuerdo que decía la ingenuota protagonista de aquella telenovela venozolana.

Tengo una amiga que tiene dos amantes. Ellos viven lejos. Cuando pasan por la ciudad, están con ella. Le va bien así. “No tengo mucho tiempo y visto lo visto”, suele decir.

Tengo dos amigas bellas e inteligentes que no encuentran un hombre que merezca la pena.
Quizá sea porque el amor es como las siete y media, piden demasiadas cartas y siempre se pasan.

Tengo más de un par de amigas que se agarraron al primero que pasaba por ahí para no estar solas, que se aburren como ostras y parlotean sobre las demás, la Termomix, el tiempo, o los mocos de sus hijos.
Quizá sea porque el amor es como la siete y media y se plantaron demasiado pronto.

Tengo una amiga que de pequeña tenía unas bragas con los días de la semana en inglés, y se ponía muy nerviosa porque nunca llevaba el día que era.
El mundo gritando que es domingo y ella por dentro en Wednesday.

Así de desconcertadas andan las ballenas.
Y muchas de mis amigas.
Y yo.